Adentro de Metro 2039: tres horas entre túneles, máscaras rajadas y un protagonista sin nombre
4A Games mostró en acción la próxima entrega de la saga postapocalíptica, que deja atrás a Artyom y propone un sobreviviente anónimo en un Moscú subterráneo donde el aire, las balas y hasta la luz se cuentan.

Lo confieso: entré a la sesión de juego de Metro 2039 con la expectativa de un fan de la primera hora, de esos que todavía se acuerdan del andén de inicio en Metro 2033, y salí tres horas después con la sensación de haberme mudado, sin permiso, a otro submundo. Antes de que la pantalla me devolviera a la superficie, lo que más me quedó resonando fue una frase que dijo, mientras se acomodaba los auriculares, un señor grande que estaba sentado dos filas más adelante: «yo vine por los monstruos y me terminé enganchando con el ruido de la máscara». Esa imagen me parece la mejor postal de lo que se viene.
Un protagonista sin biografía, a propósito
Por primera vez en la saga, el jugador no encarna a Artyom. La propuesta de 4A Games es meterse en la piel de un sobreviviente anónimo, conocido por ahora como «El Desconocido», que se mueve entre facciones enfrentadas en una red de túneles donde el aire respirable es tan escaso como la confianza. Una señal misteriosa que llega desde el exterior lo empuja a alternar entre las profundidades del subsuelo y la superficie congelada, y esa oscilación entre lo claustrofóbico y lo inhóspito es, a mi entender, la apuesta más interesante del título.
- Máscara de gas artesanal: los filtros se fabrican con materiales recuperados de cadáveres y contenedores; cuando se acaban, el tiempo de vida se mide en segundos.
- Visor que se empaña y se rompe: la condensación se acumula y las grietas aparecen con los golpes, obligando a limpiar manualmente en los momentos de mayor tensión.
- Sigilo o fuego: se puede avanzar en silencio con eliminaciones cuerpo a cuerpo y cuchillos arrojadizos, o enfrentar a los enemigos si el cargador lo permite.
- Balas que son moneda: cada disparo gasta un proyectil que también sirve para negociar, así que la economía interna castiga la balas sueltas.
- Arsenal personalizable: se recolectan planos y piezas para modificar armas según el estilo de cada jugador.
- Luz con letra chica: la lámpara se recarga a mano y hay un visor conmutable entre visión nocturna y modo normal, con un grano visual que suma a la sensación de encierro.
La atmósfera sigue siendo el verdadero protagonista. El respirador, el crujido del metal y las sombras que se estiran con la linterna construyen una angustia sostenida, sin necesidad de sustos gratuitos. Las anomalías y la radiación generan alucinaciones que deforman los pasillos, y las criaturas mutantes reaccionan de forma directa a la luz y al movimiento, lo que obliga a pensar dos veces antes de encender nada.
Para dimensionar el salto técnico: la prueba que presencié corrió en 4K a 60 cuadros estables, con iluminación dinámica y trazado de rayos en tiempo real. Los requisitos definitivos para PC todavía no fueron publicados, pero la consola suena y se mueve como piden los tiempos que corren.
La cita que se lleva la despedida
Mientras cruzaba el centro rumbo a la salida, pasé por la esquina de la avenida donde está aquella escultura ecuestre que tantas veces me sirvió de punto de referencia para no perderme en Buenos Aires. Ahí, un chico joven le decía a su amigo, todavía con los auriculares colgando del cuello: «el juego no te cuenta una historia, te obliga a sobrevivirla». No se me ocurre una mejor manera de cerrar esta nota: Metro 2039 no llega para explicar nada, sino para que uno se banque el frío, se acuerde de recargar la máscara y aprenda, otra vez, a tenerle miedo a la oscuridad. El lanzamiento está confirmado para febrero de 2027 en PlayStation 5, Xbox Series X/S y PC.
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