Adiós a Peppino Mazzullo: la voz que dio vida a Topo Gigio durante cuatro décadas
El actor italiano murió a los 100 años en su casa de Sicilia. Su interpretación del célebre ratón acompañó la infancia de varias generaciones y cruzó fronteras.

Yo todavía lo recuerdo a mi viejo silbando bajito la tonada de Topo Gigio mientras acomodaba la mesa un domingo al mediodía. Por eso me pegó en el pecho la noticia: esta semana se fue Peppino Mazzullo, el hombre que durante más de cuarenta años fue la voz original de aquel ratoncito que se metía en la tele de casa y se quedaba en la memoria de la familia entera. Tenía cien años y murió el miércoles 30 de septiembre en su casa de Sicilia, en Italia, según contaron los medios italianos que despidieron al actor.
Mazzullo no era una cara conocida para el gran público, y sin embargo su trabajo llegó a millones de espectadores en distintos países. Durante más de cuatro décadas prestó su voz a Topo Gigio, el personaje creado a fines de los años cincuenta que se convirtió en un clásico de la televisión y en un compañero de la infancia de varias generaciones. Esa continuidad tan larga es, en sí misma, una rareza: muy pocos actores pueden decir que fueron la voz de un mismo personaje durante cuarenta años seguidos.
La frase que se volvió himno
Si hay algo que se le grabó a la gente, además de la vocecita aguda del ratón, fue una expresión que Mazzullo decía como Topo Gigio y que después repitieron los chicos durante décadas: ¡Pero qué me dices, ma!, que en italiano sonaba como Ma cosa mi dici mai?. Esa interjección se coló en el lenguaje cotidiano de varias familias y todavía hoy aparece en recuerdos de abuelos, padres y nietos cuando alguien quiere hacerse el pícaro o hacerse el sorprendido con tonada de ratón.
- Cien años de vida, una longevidad que muy pocos alcanzan.
- Más de cuatro décadas ininterrumpidas como voz de Topo Gigio.
- Un personaje que cruzó las fronteras italianas y llegó a públicos de distintos países.
- Una frase -¡Pero qué me dices, ma!- que se volvió parte del habla cotidiana.
- Un fallecimiento en su casa de Sicilia, la isla que lo vio nacer y lo vio despedirse.
Su historia resume dos cosas que rara vez van juntas: la longevidad personal y la continuidad profesional. Llegó a los cien años y, a lo largo de ese camino, dejó asociada su voz a la de un personaje que, para muchos, fue casi un miembro más de la familia. Como me dijo una señora cerca de la fuente de la plaza, mientras se acomodaba el bolso y miraba la vereda como quien espera el colectivo, hoy se va una parte de la infancia de todos nosotros. Y uno, que suele ser duro para estas cosas, le da la razón sin chistar.
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