Almendras antes de dormir: lo que dice un estudio y lo que todavía falta probar
Un ensayo clínico con adultos indios evaluó durante cinco meses si incorporar unas 50 almendras diarias mejora el descanso nocturno. Los participantes percibieron cambios, aunque las mediciones objetivas fueron más prudentes. La investigación tuvo financiamiento de la industria del fruto seco.

Soy Teresa Leiva y arranco esta nota con la historia de Mariana, una administrativa de 43 años que atendía público en una oficina del centro porteño. Hacía años que se dormía tarde, se despertaba varias veces y empezaba la mañana con la sensación de no haber descansado. Cuando le contaron que un estudio clínico había probado algo tan simple como comer almendras por la noche, se interesó, pero no quiso reemplazar la consulta con su médica. Esa prudencia, justamente, es la que recomiendan los especialistas cuando se cruza una investigación con nuestras propias noches.
El punto de partida del ensayo fue un dato conocido por los expertos en sueño: entre los adultos de mediana edad, las dificultades para dormir son una queja frecuente y un factor de riesgo para problemas cardiovasculares, metabólicos y de ánimo. La Organización Mundial de la Salud estima que los trastornos del sueño afectan a una proporción significativa de la población adulta mundial y subraya la necesidad de intervenir sobre la higiene del descanso y los factores alimentarios, entre otros.
Cómo se hizo el estudio y qué midió
El trabajo reclutó a 175 adultos indios de entre 21 y 55 años con una calidad de sueño deficiente al inicio, descartando a quienes tenían apnea, narcolepsia o insomnio crónico. Durante cinco meses, un grupo incorporó aproximadamente 50 almendras diarias y otro recibió una colación con calorías equivalentes. Se combinaron cuestionarios subjetivos con registros objetivos: polisomnografía para evaluar las fases del descanso, actigrafía para medir los movimientos y análisis de sangre para dosar melatonina y otros marcadores.
- 175 participantes adultos, de 21 a 55 años, todos con descanso catalogado como deficiente al inicio.
- Dos grupos comparables: almendras versus colación equivalente en calorías.
- Cinco meses de seguimiento, con mediciones subjetivas y objetivas.
- Los resultados subjetivos fueron más marcados que los cambios en los registros técnicos.
Qué cambió con las almendras y qué no
Al cierre del estudio, quienes comieron almendras reportaron menos despertares nocturnos y mayor facilidad para quedarse dormidos. Los cuestionarios de autopercepción mostraron una mejora más nítida que en el grupo control, y los niveles de melatonina en sangre tendieron a ser algo más altos. En cambio, cuando se analizaron los registros eléctricos del sueño y los dispositivos que miden movimiento, las diferencias fueron más modestas. El ensayo, publicado en Frontiers in Nutrition, fue explícito en separar lo que la gente sintió del cambio real que pudo captarse con instrumentos.
Por qué podrían ayudar las almendras
Los autores y comentaristas del trabajo apuntaron a dos nutrientes para explicar el efecto. El magnesio, que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos describen como un mineral necesario para la actividad muscular y nerviosa, y el triptófano, un aminoácido que el cuerpo convierte en serotonina y melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. La suma entre fibra, proteínas y grasas insaturadas del fruto seco, según los investigadores, puede ayudar a una digestión más lenta y a mantener niveles de glucosa estables a lo largo de la noche, lo que distintos especialistas asocian con menos interrupciones.
En diálogo con colegas que siguen de cerca la literatura sobre sueño, el consenso básico fue que la observación es razonable y biológicamente plausible, pero todavía preliminar. A eso se suma un dato clave: el ensayo fue financiado por el Almond Board of California, entidad que representa a productores y comercializadores del fruto seco. El financiamiento no invalida los hallazgos, aunque sí obliga a esperar réplicas independientes, con poblaciones distintas y protocolos que midan además si la mejora subjetiva se traduce en menos somnolencia diurna, mejor desempeño cognitivo y cambios de ánimo.
A dónde acudir y en qué horario
Antes de cambiar la cena por un puñado de almendras, conviene recordar que ningún alimento reemplaza la evaluación médica cuando el descanso se vuelve un problema. La Organización Mundial de la Salud advierte que el insomnio sostenido, la somnolencia diurna marcada y las pausas respiratorias nocturnas requieren consulta profesional. En la Ciudad de Buenos Aires, el Hospital de Clínicas atiende consultorios de medicina del sueño de lunes a viernes de 8 a 14 con turno previo en mostrador o por la central de turnos; los hospitales públicos con servicios de neurología y psiquiatría también reciben derivaciones para estudio del sueño. En el resto del país, las obras sociales y los hospitales de referencia suelen disponer de laboratorios polisomnográficos. Si lo que se busca es probar una estrategia alimentaria complementaria, una porción de unas 50 unidades diarias puede ser razonable en una dieta variada, pero siempre conviene conversarlo con quien conoce la historia clínica.
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