Burnout: cuando el cuerpo deja de responder y empieza a pedir cuentas
La nutricionista naturópata Jessica Shand explica cómo el estrés sostenido altera el cortisol y qué cinco hábitos pueden ayudar a recuperar el equilibrio, sin reemplazar la consulta médica.

A Mariana le empezó a pasar de a poco, casi sin que se diera cuenta. Primero fueron las noches en las que daba vueltas en la cama sin poder dormir aunque estaba agotada. Después vinieron los despertares a las cuatro de la mañana con la sensación de que el día ya la había vencido antes de empezar. Y más tarde, ese cansancio espeso que no se iba ni con un fin de semana entero en la cama. Mariana tiene 47 años, trabaja en relación de dependencia desde los veintitrés y nunca había sentido que su cuerpo le pasara la factura de esa manera. Como ella, miles de personas adultas llegan a la consulta médica describiendo un cuadro que no encaja del todo con un diagnóstico clásico pero que tiene nombre y consecuencias: burnout, o agotamiento laboral.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el síndrome de burnout fue reconocido en 2019 como un fenómeno ocupacional y se estima que afecta a una proporción significativa de la población trabajadora a nivel global, con mayor prevalencia en profesiones asistenciales, educativas y de atención al público. En la Argentina, distintas encuestas de salud laboral vienen registrando un aumento sostenido de los síntomas asociados, sobre todo después de la pandemia.
Lo que ocurre adentro cuando el afuera aprieta
La nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, lo explica con una frase que suele repetir en sus consultas: el agotamiento no es solo cansancio, es un desajuste hormonal. Cuando una persona vive bajo estrés sostenido, el cuerpo activa de forma permanente la producción de cortisol, la hormona que prepara al organismo para enfrentar amenazas. El problema es que ese estado de alerta no se apaga al llegar a casa ni el fin de semana, y cuando se cronifica empieza a desordenar procesos básicos: la digestión se vuelve irregular, el sueño pierde profundidad, el ánimo se torna irritable y la concentración se fragmenta. La consecuencia más visible, dice Shand, es esa sensación de no recuperarse nunca, ni después de un descanso prolongado.
Cinco hábitos que propone Shand para empezar a salir
- Sostener una alimentación regular con proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos, para evitar las caídas bruscas de glucosa que profundizan la irritabilidad y la falta de foco.
- Cuidar la calidad del sueño con una rutina previa al acostarse, por ejemplo un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura, y mantener horarios regulares para dormir y despertar.
- Incorporar plantas relajantes como manzanilla, lavanda, toronjil o pasiflora a la rutina nocturna, siempre que no sustituyan la consulta médica.
- Evaluar junto con un profesional el uso de adaptógenos como la albahaca sagrada o la ashwagandha, especialmente si hay embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos en curso.
- Aprender a leer los propios ciclos de energía a lo largo del mes y del día, para identificar cuándo el cuerpo rinde más y cuándo necesita pausas reales, y organizar las tareas en consecuencia.
Yo lo repito cada vez que alguien me pregunta por estos temas: ninguna infusión, suplemento ni hábito de sueño reemplaza una consulta clínica cuando los síntomas se sostienen en el tiempo. Si el cansancio no se va con el descanso, si el ánimo está apagado de manera persistente o si aparecen palpitaciones, problemas digestivos recurrentes o cambios de peso sin causa clara, el primer paso siempre es hablarlo con un médico o con un equipo de salud mental. La información ayuda, pero el acompañamiento profesional es lo que marca el rumbo.
En la Argentina, quienes necesiten orientación pueden acercarse a los centros de salud y hospitales públicos, donde suele haber servicios de clínica médica, salud mental y nutrición. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, el SAME Psiquiátrico atiende las 24 horas al 107, y la línea 147 de salud mental funciona todos los días de 8 a 24. En la provincia de Buenos Aires, el SAME 107 y los centros de atención primaria de cada municipio son la puerta de entrada. También se puede llamar al 0800-444-4000, la línea gratuita del Ministerio de Salud de la Nación, que orienta sobre dónde concurrir según el lugar de residencia. Pedir ayuda no es un signo de debilidad: es, muchas veces, el primer hábito saludable que se puede incorporar.
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