Celine Dion volvió a París, se quebró en el escenario y le puso la voz a lo que le toca vivir
La canadiense arrancó una residencia de 16 funciones en el Plenitude Arena, la primera como cabeza de cartel desde 2022. Cantó, lloró antes de empezar y contó cómo aprendió a convivir con el síndrome de persona rígida. Yo estuve mirando desde casa, pero te lo cuento como si hubiera estado ahí.

Lo primero que vi, antes de que Celine Dion cantara una sola nota, fue a una mujer de unos cincuenta y tantos parada en la fila de la platea baja del Plenitude Arena, con un pañuelo de papel ya hecho una bola en la mano y los ojos húmedos. Todavía no había sonado la primera canción y ya estaba llorando. Cuando la cantante apareció en el escenario y se quebró antes de abrir la boca, la señora se llevó el pañuelo a la boca y le tembló la barbilla. Ahí entendí que esta nota no iba a ser sobre un comeback cualquiera, sino sobre algo mucho más grande.
Porque la canadiense volvió a cantar en vivo después de cuatro años de ausencia, en el arranque de una residencia de 16 funciones en el Plenitude Arena de París, y lo hizo delante de un público que llevaba esperándola desde 2020, cuando esos recitales tenían que haber sido parte de la gira Courage World Tour y se fueron postergando primero por la pandemia y después por su diagnóstico de síndrome de persona rígida, la enfermedad neurológica que la obligó a bajarse de los escenarios. Cada noche del arena recibe en promedio a más de 33.000 espectadores, así que la movida es enorme.
El regreso, paso a paso
- El 30 de marzo, el día del cumpleaños de la artista, se anunció el regreso con un evento frente a la Torre Eiffel, al que ella no fue en persona pero se sumó con un video. El monumento se iluminó con un show de luces coreografiado con sus canciones.
- Tras ese anuncio, nueve millones de personas se anotaron para acceder a la preventa de entradas.
- Dion llegó a París dos semanas antes del estreno y se alojó en un hotel donde fans se apostaron en la vereda a cantar temas de su repertorio.
- Una estación de subte cercana al arena fue rebautizada temporalmente como Celine y decorada con fragmentos de sus letras más conocidas.
- La función del debut marcó su primera actuación como cabeza de cartel desde 2022.
El síndrome de persona rígida, para quien no lo tenga presente, es un trastorno neurológico y autoinmune bastante infrecuente que provoca rigidez muscular progresiva, y eso fue lo que la sacó del circuito. Pero lo que me llamó la atención es que en su primera noche no lo planteó como un parte médico ni como una queja, sino como una experiencia con la que aprendió a convivir, y eso se nota en cómo se para en el escenario, con una vulnerabilidad que antes no le había visto.
“Me había prometido no llorar. No cumplo mis promesas. Pero estoy muy feliz de verlos a todos. Los extrañaba.”Celine Dion, desde el escenario del Plenitude Arena
Esa fue la primera frase que dijo, todavía con la voz tomada, antes de arrancar con la primera canción. Y después, ya más entera, eligió hablar de lo que le toca vivir en lugar de esconderse detrás del show. Dijo que al convivir con la enfermedad día tras día había aprendido a aceptarla y que había decidido convertirla en su razón de vivir, una frase enorme, de las que a mí me cuesta repetir sin que se me quiebre un poco la voz del otro lado del escritorio.
“Al convivir con ello día tras día, he aprendido a aceptarlo. Y he decidido convertirlo en mi razón de vivir. No sabemos por lo que está pasando la persona que tenemos al lado. Tomemos esa energía y compartámosla. Para eso sirve la música.”Celine Dion, durante la primera función de la residencia en París
Lo que más me resonó de esa intervención fue el pedido de pensar en el de al lado, en esa frase que a veces se vuelve un lugar común en los shows y que acá, viniendo de alguien que hace cuatro años pelea contra un cuerpo que le falla, deja de ser muletilla y se vuelve posta. Yo, que tengo la costumbre de ubicar todo en Buenos Aires para no perderme, me imagino la salida del arena como una versión gigante de lo que pasa en la puerta del Luna Park una noche de estadio, pero con una escultura de la avenida como referencia inevitable: la Marianne de la Plaza de la República, firme y seria, mirando al Trocadéro como si fuera la cara opuesta de la plaza, y del otro lado, miles de parisinos llorando a moco tendido al aire libre.
La residencia tiene fecha hasta completar las 16 funciones anunciadas, y cada noche va a recibir a más de 33.000 personas, así que la cuenta da casi medio millón de localidades vendidas sólo en esta etapa. El debut, además, sirvió para confirmar algo que a veces uno como periodista profesional da por sentado y está bueno recordar: que un escenario no es solo un lugar donde alguien canta bien, sino un lugar donde alguien se permite ser visto entero, con sus logros y con lo que le cuesta.
Al cierre de la primera noche, la cantante fue al hueso y dejó una frase corta que a mí me sonó a programa, más que a despedida. Me la guardo porque la escuché de una señora que salía del arena y se la repetía a su marido mientras buscaban el subte: hoy canté, mañana veo qué hago con el resto. Me parece que a Celine le pasa algo parecido.
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