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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Compras con inteligencia artificial: el consumidor argentino ya se apoya en ella, aunque todavía no le entrega las llaves del carrito

Según el informe Consumer Pulse de Bain & Company, el 27% de los argentinos recurre a la IA como ayuda para comprar y un 30% aceptaría delegar todo el proceso. La confianza crece en la investigación de precios y se enfría cuando hay decisiones personales de por medio.

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Rocío EncinaUniversidad y ciencia · · 3 min de lectura
Compras con inteligencia artificial: el consumidor argentino ya se apoya en ella, aunque todavía no le entrega las llaves del carrito

Acá va una aclaración que sirve para entender todo lo que sigue: cuando hablamos de "agentes" o "comercio agéntico" nos referimos a programas de inteligencia artificial que, en lugar de mostrarte opciones, eligen y concretan la compra por vos. Es decir, el clic final lo da la máquina. Con esa definición en la cabeza, los números del informe Consumer Pulse de Bain & Company se leen distinto.

De los consumidores argentinos, el 27% ya usa inteligencia artificial como asistencia durante el proceso de compra. El dato es relevante porque muestra que la IA dejó de ser una rareza y se metió en una actividad tan cotidiana como cargar el changuito. Ahora bien, la predisposición a delegar completamente la operación trepa al 30%. Ese porcentaje es intención, no práctica: expresa a cuántos les gustaría no tener que ocuparse.

En qué tareas confían más los argentinos

  • Investigar servicios y precios: 41% lo acepta como uso válido de la IA.
  • Recibir asistencia y seleccionar productos: 36% confía en esa intervención.
  • Delegar la compra completa a un sistema automatizado: 30% estaría dispuesto.

La confianza, entonces, se concentra en las tareas previas al pago. Cuanto más cerca del botón de "comprar", más baja la adhesión. Tiene lógica: mientras la IA compara precios de artículos de limpieza o revisa opciones de cuidado de la piel, todavía hay un humano que mira, decide y paga. La situación cambia cuando el sistema elige por cuenta propia.

La diferencia entre las dos puntas aparece en el rubro. La cosmética aparece como una categoría donde la investigación previa favorece la intervención de agentes. Los productos básicos del hogar avanzan con foco en precio y eficiencia. Y los alimentos envasados, donde pesan las marcas de siempre y los gustos de cada familia, muestran una adopción más gradual, siempre con herramientas de planificación como puente.

Como becaria del equipo de datos me llamó la atención un número de fondo: el 72% de los consumidores argentinos ya incorporó la inteligencia artificial en su vida cotidiana. La búsqueda de información alcanza al 55% y las actividades educativas y de formación, al 47%. O sea, la IA ya está en la mesa antes de meterse en el carrito: investigar es el primer paso.

Para los próximos meses, Bain & Company proyecta un esquema mixto: los agentes participarían en el descubrimiento y la selección, y los comercios conservarían el cobro y la entrega. El informe subraya que estos sistemas priorizan características técnicas, información objetiva y reseñas verificables a la hora de evaluar productos. Si tenés en cuenta eso, se entiende por qué cuesta más soltar la compra cuando lo que está en juego son las marcas y las preferencias personales: la IA lee datos, no cariños.

¿Y eso para qué sirve? Para entender que hoy el consumidor argentino no le entrega la tarjeta a un algoritmo, pero sí le pide que compare precios, revise opciones y le ahorre horas de catálogos. La inteligencia artificial ya está haciendo el trabajo previo; la decisión final, en la mayoría de los casos, sigue siendo humana. Por ahora.

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Rocío EncinaUniversidad y ciencia

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