Cuando el café de los chicos empieza a sabotearles el sueño: las señales que los padres no deberían pasar por alto
Especialistas de Yale explican por qué la cafeína oculta en bebidas, chicles y sobres saborizados puede profundizar el cansancio adolescente en lugar delo, y qué rutinas conviene revisar en casa antes de que el ciclo se vuelva un problema.

A Daniela le empezó a llamar la atención que su hijo de quince años se levantara cada mañana como si hubiera corrido una maratón. Hacía meses que rendía menos en el colegio, se quejaba de jaquecas vagas y se enojaba por nada. Una noche, mientras le preparaba la mochila para el día siguiente, lo encontró en la cocina revolviendo un sobre saborizado de esos que se disuelven en agua y que prometen energía para estudiar. Recién ahí encajaron las piezas: tomaba tres o cuatro por tarde, además de un par de gaseosas de cola después del fútbol, y a las dos de la madrugada seguía enganchado a la pantalla del celular. Como él, miles de adolescentes argentinos atraviesan un combo similar en el que la cafeína se infiltra por canales que las familias no siempre controlan y termina alimentando el mismo cansancio que pretendía combatir.
El dato que mueve todo lo que sigue es que, según los organismos internacionales de salud, entre el 70 y el 80 por ciento de los adolescentes consume cafeína a diario, muchas veces en cantidades que superan los 100 miligramos diarios recomendados para su edad. Y lo hace, en buena parte, a través de productos que no siempre se perciben como lo que son.
Señales para mirar de cerca
- Dificultad para conciliar el sueño o despertares nocturnos sin causa aparente.
- Nerviosismo, temblores leves o sensación de inquietud durante el día.
- Palpitaciones, molestias digestivas o ansiedad creciente, sobre todo después de clases.
- Caída del rendimiento escolar y mayor irritabilidad en casa.
- Dependencia creciente de bebidas o sobres para "arrancar" la jornada.
La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de la Universidad Yale, advierte que un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad, y que esas manifestaciones a veces se confunden con "estrés de la adolescencia" cuando en realidad están hablando claro desde el cuerpo. La psiquiatra Grace Kong, profesora asociada en la misma casa de estudios, coincide en que conviene mirar el conjunto: estado de ánimo, sueño, rendimiento y consumo. Cualquiera de esas señales, aislada, puede no decir nada; juntas, suelen dibujar un patrón.
Dónde se esconde la cafeína que los chicos no están sumando
Para reconocer cuánto se ingiere, no alcanza con contar las tazas de café. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y, sobre todo, esos sobres saborizados que se venden como aliados del estudio o del deporte. Estos últimos pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, es decir, el equivalente a una o dos tazas de café filtrado en un solo trago. Kong explica que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden favorecer que los jóvenes los prueben sin dimensionar qué están tomando.
La advertencia se vuelve especialmente relevante en la Argentina, donde proliferan en kioscos y maxikioscos sobres de marcas locales e importadas, a precios accesibles y con publicidades que los asocian con rendimiento deportivo o académico. La investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale Jennifer Jiyun Park es tajante: recomendó evitar la cafeína antes de los dieciocho años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes. Agrawal coincide y agrega que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que los adultos, porque su organismo procesa la sustancia de manera distinta y porque suelen combinarla con menos horas de sueño.
Por qué la tarde y la noche son el peor momento
El horario en el que se consume es tan decisivo como la cantidad. Según Agrawal, la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla; entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo ingerido. Por eso, la recomendación práctica es evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso. Un café o un sobre a las cinco de la tarde equivale, en términos biológicos, a seguir estimulando al cerebro cuando el cuerpo ya debería empezar a prepararse para dormir.
Ese cóctel se potencia con un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y les cuesta horrores levantarse temprano para entrar a clase. Si para compensar el cansancio eligen un estimulante, el alivio es transitorio pero vuelve a retrasar el sueño y al día siguiente el agotamiento es aún mayor. Se cierra, así, un círculo que muchos padres reconocen cuando lo escuchan descrito: chicos que duermen poco, que se atiborran de cafeína para sobrevivir, y que terminan durmiendo todavía peor.
Qué hacer en casa, sin convertirlo en una batalla
Las recomendaciones para adultos, aclaran las especialistas, no deben trasladarse a los menores. Las guías internacionales sugieren que los adolescentes limiten la cafeína a no más de 100 miligramos por día, el equivalente a una taza chica de café o a dos tazas de té, y que las beverages energéticas queden directamente fuera de su alcance. Pero más allá de los números, las especialistas de Yale inspeccioonan en un punto que a veces se pierde: revisar las rutinas nocturnas. Park explica que el consumo durante los videojuegos puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores, y que la luz de las pantallas reduce la producción de melatonina, la hormona que prepara el cuerpo para dormir.
“La conversación en casa tiene que correr de la prohibición al acuerdo: revisar juntos qué consumen, en qué cantidades y a qué hora, sin convertir el café en un enemigo pero entendiendo que, a esa edad, el cuerpo lo paga mucho más caro.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale
A dónde acudir y en qué horario, en la Argentina, conviene empezar por una consulta con el pediatra o el médico de cabecera, que puede evaluar el cuadro general y, si lo considera necesario, derivar a un especialista en sueño o en nutrición. En los centros de salud públicos y en los hospitales de niños, como el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez en la Ciudad de Buenos Aires, funcionan gabinetes de adolescencia que atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 16, sin necesidad de turno previo en muchos casos. También la línea gratuita 0800 Salud Responde (0800-333-3444) orienta sobre centros cercanos y profesionales de referencia. Y si la sospecha es que el consumo ya se volvió problemático, los servicios de toxicología de los hospitales públicos atienden consultas durante todo el día para evaluar el cuadro y acompañar a la familia.
Daniela, mientras tanto, corrió los sobres saborizados de la alacena, le ofreció a su hijo una taza de té por la mañana y otra a la tarde, le limitó la cola a los fines de semana y le sacó el celular del cuarto una hora antes de dormir. No fue magia, aclara, pero en dos semanas volvió a reconocer al chico que tenía en casa. A veces, dice, alcanza con volver a las preguntas de siempre: qué tomaste, a qué hora, cómo dormiste, cómo te sentís. Y escucharlas de verdad.
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