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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el cansancio y el insomnio en mujeres esconden un problema respiratorio que pocas veces se detecta

La apnea del sueño en mujeres suele pasar inadvertida porque rara vez se presenta con ronquidos intensos. Una revisión reciente advierte que hasta el 75 por ciento de los casos podría no estar diagnosticado y que casi la mitad no refiere los síntomas más conocidos del trastorno.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Cuando el cansancio y el insomnio en mujeres esconden un problema respiratorio que pocas veces se detecta

A los 47 años, Laura empezó a sentir que las noches ya no le devolvían el descanso que alguna vez le dieron. Llegaba al mediodía con los ojos irritados, le costaba sostener la lectura del diario y, sobre todo, le preocupaba esa sensación de haber dormido, pero no haber descansado. Lo que al principio parecía una etapa difícil del climaterio fue derivando en un agotamiento que empezó a afectarle el trabajo, la relación con sus hijos y hasta la manera en que transitaba la calle, porque en más de una oportunidad se sorprendió cabeceando en un semáforo. Cuando por fin consultó, el cuadro tenía un nombre que ella jamás había escuchado asociado a una mujer: apnea obstructiva del sueño.

El de Laura no es un caso aislado ni un relato construido para ilustrar el tema: es apenas la expresión más cotidiana de un trastorno que, según una revisión reciente, podría aquejar a una de cada cuatro mujeres adultas y, al mismo tiempo, estar sin diagnosticar hasta en el 75 por ciento de los casos. La trampa es que las manifestaciones más conocidas del problema —los ronquidos intensos, los ahogos nocturnos, los despertares con sensación de falta de aire— suelen asociarse con los varones, mientras que en las mujeres el cuadro se presenta de un modo distinto, más silencioso y más fácil de confundir con otras cosas.

Síntomas que se confunden con otras cosas

En la práctica clínica, lo que las pacientes relatan con más frecuencia es cansancio durante el día, dolor de cabeza al despertar, dificultad para iniciar el sueño o para sostenerlo durante la noche, irritabilidad, niebla mental y cambios de humor que se atribuyen al estrés, a la crianza, al trabajo o a la menopausia. La misma revisión citada advierte que hasta un 40 por ciento de las mujeres con apnea no menciona los ronquidos fuertes ni los episodios de ahogo, que son las señales que suelen disparar la sospecha médica en los hombres.

  • Agotamiento diurno que no se explica por las horas en la cama.
  • Dolor de cabeza matutino, sobre todo en la zona frontal.
  • Dificultad para conciliar el sueño o para mantenerse dormida.
  • Despertares frecuentes con la sensación de no haber descansado.
  • Cambios de ánimo, irritabilidad o dificultad para concentrarse.
  • Somnolencia en situaciones de baja actividad, como leer o mirar televisión.

Por eso, cuando esas molestias persisten y se hacen cargo de la rutina, conviene no conformarse con la primera explicación ni con un resultado negativo obtenido a las apuradas. Los cuestionarios que usan la edad, el peso, la presión arterial y el contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres que entre varones. Algunos dispositivos de estudio domiciliario, además, registran de manera incompleta las alteraciones respiratorias que se concentran en la fase REM del sueño, que es justamente donde las mujeres suelen presentar más eventos.

Si el malestar continúa, un primer estudio sin alteraciones no siempre alcanza para descartar apnea. El profesional puede indicar entonces una polisomnografía en un centro especializado, donde se monitorean durante una noche la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso. Lo que se busca es confirmar si la garganta se cierra o se estrecha de manera repetida mientras se duerme, si el oxígeno cae y si el organismo responde con microdespertares que la persona no llega a recordar.

Por qué importa no dejarlo pasar

La apnea no tratada no es solo una cuestión de noches pesadas: está asociada con hipertensión, con diabetes tipo 2 y con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de con accidentes domésticos, laborales y de tránsito vinculados a la somnolencia diurna. En las mujeres, además, hay dos momentos de la vida en los que el riesgo crece de manera particular: el embarazo, donde la apnea puede aparecer o agravarse y requiere coordinación entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño, y la menopausia, por los cambios hormonales y de distribución de la grasa corporal que modifican la vía aérea.

A Laura, después de varios estudios, le confirmaron el diagnóstico y le indicaron un tratamiento con CPAP, el dispositivo que mantiene abierta la vía respiratoria mediante una presión de aire suave. No fue un camino corto ni lineal, pero cuenta que volver a despertar sin esa sensación de llevar la noche a cuesta le cambió la manera de pararse en el día. Si el lector o la lectora se reconoce en alguno de estos puntos, la recomendación es no postergar la consulta y, sobre todo, no minimizar lo que siente solo porque nadie escuchó ronquidos en casa.

A dónde concurrir y cómo seguir

El primer paso suele ser una consulta con clínica médica o con un servicio de neumología, otorrinolaringología o medicina del sueño, según la cobertura y la ciudad. En los centros públicos de salud de la Argentina —hospitales provinciales y municipales, además de los centros de atención primaria— se puede solicitar un turno para una evaluación inicial; en muchas obras sociales y en el sistema de salud privado hay servicios de medicina del sueño que concentran los estudios nocturnos. Para consultas generales, los centros de salud atienden de lunes a viernes, en general de 8 a 17, mientras que las guardias hospitalarias funcionan las 24 horas para cuadros agudos, como despertares con sensación de falta de aire que no ceden.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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