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Cuando el duelo se transforma en música, comida y color: cinco rituales para despedir a los que ya no están

De Nueva Orleans a Ghana, del altares mexicano a la playa de los surfistas: tradiciones que procesan la pérdida en comunidad, sin esconder el llanto pero tampoco reduciéndose a él. Una recorrida por cinco modos de honrar la vida cuando la muerte llega.

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Teresa LeivaSociedad y salud · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Empecemos por Roberto, un músico de Nueva Orleans que perdió a su madre en otoño. Cuando el cortejo fúnebre salió de la iglesia, una banda de jazz acompañó el féretro por las calles del barrio. La música arrancó lenta, casi un lamento, y a medida que el cortejo avanzó hacia el cementerio el ritmo se hizo más vivo. Roberto caminaba entre sus hermanos y vecinos, y en un momento se encontró zapateando sobre el asfalto, con lágrimas en la cara pero con el cuerpo en movimiento. Esa tarde entendió algo que después confirmó la lectura: llorar no había sido lo único posible, ni lo mejor que le pasaba como despedida.

La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se producen en el mundo más de 56 millones de muertes, y detrás de cada una se despliega un duelo que atraviesa a familias y comunidades enteras. En todas las sociedades humanas existen rituales para contener ese caudal: los hay silenciosos y solemnes, pero también los hay ruidosos, coloridos y hasta festivos. Una recorrida por cinco tradiciones bien alejadas entre sí muestra que la despedida puede tomar formas muy distintas sin perder su función social y psicológica: compartir el dolor, darle un lugar y, sobre todo, procesarlo en compañía.

Nueva Orleans: el cortejo que termina en baile

En esa ciudad del sur de Estados Unidos, cuando alguien muere es habitual que una banda de música acompañe al cortejo desde la iglesia hasta el cementerio. La interpretación arranca con tonos lentos y se va volviendo festiva con el avance del recorrido. La familia, los amigos y también los vecinos del barrio se suman al baile junto al féretro. La escena puede sonar irreverente vista desde afuera, pero los antropólogos la describen como una manera de honran la vida que se fue y, al mismo tiempo, sostener a los que quedan.

México: cuando los muertos vuelven, aunque sea por un rato

El Día de Muertos, reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, se sostiene sobre una idea central: las almas regresan de manera transitoria al mundo de los vivos. Las familias arman altares con las comidas favoritas del difunto, flores, velas, fotografías y objetos personales. Los cementerios se llenan de colores, velas y gente que pasa la noche junto a las tumbas. La muerte, en ese marco, no se vive como ausencia definitiva sino como presencia breve: un volver cada año, un reencontrarse en la mesa compartida.

Bolivia: las Ñatitas, los cráneos que cuidan la casa

Cada 8 de noviembre se celebra en Bolivia la festividad de las Ñatitas, una de las tradiciones más singulares del continente. Los creyentes llevan cráneos humanos al Cementerio General de La Paz para recibir la bendición del sacerdote. Después los regresan a sus casas, donde son agasajados con flores, hojas de coca, cigarrillos y velas. La creencia sostiene que esos cráneos cuidan el hogar y pueden interceder ante distintas necesidades de quienes los veneran. Para los participantes no hay contradicción entre venerar a un ancestro y reírse con él: ambas cosas conviven en la misma ceremonia.

Ghana: ataúdes con forma de oficio y tres días de baile

En Ghana la despedida puede arrancar con un encargo muy particular: el féretro. Las familias suelen pedir un ataúd con la forma del oficio o la pasión del difunto: un pescado para un pescador, un avión para un piloto, un zapato para un artesano del cuero. La ceremonia puede extenderse hasta tres días e incluye música, cantos y coreografías durante el traslado del féretro hasta la tumba. El dolor no se oculta, pero se procesa en movimiento, con el cuerpo y con la comunidad.

Los surfistas: la despedida adentro del agua

Entre los surfistas del Pacífico existe un ritual que prescinde de iglesia, cementerio y ataúd. Los deudos forman un círculo sobre sus tablas, en el mar, en el lugar que fue significativo para el fallecido. Arrojan flores al centro y cada uno dice algo sobre quien se fue: un recuerdo, una gratitud, una broma interna. Si hubo cremación, las cenizas se dispersan en ese mismo punto. Es una ceremonia silenciosa para los de afuera y muy ruidosa para los de adentro: habla, lágrimas y, sobre todo, el vaivén del agua.

Más allá del color local, todos estos rituales cumplen una función parecida: darle un marco colectivo a una experiencia que, vivida en soledad, puede volverse abrumadora. Compartir el dolor con otros, tener un momento y un lugar para expresarlo, es una de las herramientas más antiguas que tiene la cultura para transitar la pérdida. Llorar no es la única manera de despedir, y a veces ni siquiera es la mejor: también se puede cantar, comer, bailar, armar un altar o arrojar flores al mar.

A dónde acudir y en qué horario

En la Argentina, quienes necesiten acompañamiento en un duelo pueden comunicarse con la línea de orientación y contención del Ministerio de Salud de la Nación, que funciona todos los días, las 24 horas, al 0800-444-4000. También existen espacios gratuitos de la asociación Red de Acompañamiento en Duelo, que coordinan grupos de contención en distintos barrios de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, con encuentros semanales en horarios vespertinos, de 18 a 20, coordinados por profesionales de la salud mental.

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Teresa LeivaSociedad y salud

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