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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la gripe deja de ser un trámite: las alertas que obligan a salir corriendo al médico

Falta de aire, dolor en el pecho y un empeoramiento sorpresivo después de sentirse bien son señales para no quedarse en casa. El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que el virus puede abrir la puerta a neumonía, sepsis e incluso un infarto.

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Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Cuando la gripe deja de ser un trámite: las alertas que obligan a salir corriendo al médico

A Graciela, maestra jubilada de 58 años, la gripe la agarró un martes con fiebre alta y un cansancio que no la dejaba levantarse de la cama. Al quinto día, cuando por fin sintió que el cuerpo le aflojaba y la fiebre cedía, se animó a levantarse, preparó un mate cocido y creyó que lo peor había pasado. Cuarenta y ocho horas después, la falta de aire la despertó en plena madrugada: terminó internada con una neumonía bilateral que, según le dijeron los médicos, se había instalado sobre el terreno que el virus de la influenza le había dejado libre. Su historia, que se repite con nombres distintos cada invierno, es la mejor manera de entender por qué los especialistas insisten en que la gripe no se trata como una simple molestia estacional.

En Argentina, el virus de la influenza circula de manera estacional y, según los reportes epidemiológicos del Ministerio de Salud, cada año se notifican decenas de miles de casos ambulatorios y miles de hospitalizaciones por gripe y neumonía en distintos puntos del país, con un impacto especialmente marcado en los meses fríos. La Organización Mundial de la Estimación y el organismo panamericano de salud coinciden en que la gripe es una de las principales causas de consulta médica y de internación por enfermedad respiratoria en el hemisferio sur, y remarcan que los grupos de riesgo concentran la mayor parte de los cuadros graves.

Señales de alarma que no admiten espera

  • Falta de aire o dificultad para respirar, incluso en reposo.
  • Dolor o sensación de presión en el pecho.
  • Labios o uñas de color azulado, un signo de oxigenación insuficiente.
  • Confusión repentina o desmayo.
  • Vómitos intensos o deshidratación severa, especialmente en chicos y adultos mayores.
  • En niños pequeños, respiración acelerada, quejido al respirar o llanto que no se calma.
  • Empeoramiento brusco después de una mejoría, que puede indicar una infección secundaria como neumonía.

Yo, que cubo temas de salud hace años, aprendí a tomarme en serio esa última señal: sentirse mejor y volver a empeorar. Como explica Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas consultado por Cleveland Clinic, esa mejoría aparente seguida de un deterioro súbito suele delatar la aparición de una neumonía bacteriana que se aprovecha del terreno debilitado por el virus, y puede instalarse en apenas 24 o 48 horas en personas con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia renal, cardiopatías, enfermedad pulmonar obstructiva crónica u obesidad.

Quiénes son los más vulnerables y qué complicaciones pueden aparecer

  • Menores de cinco años y adultos mayores de 65.
  • Embarazadas, por los cambios fisiológicos que atraviesan.
  • Personas con diabetes, enfermedades cardíacas, renales, pulmonares o inmunocomprometidas.
  • Pacientes con asma o EPOC, que pueden ver su cuadro respiratorio descompensado.

Aunque la mayoría de los pacientes se recupera en una a tres semanas, Kotekal advierte que el esfuerzo que hace el cuerpo para enfrentar el virus puede abrir la puerta a cuadros graves: neumonía (la complicación potencialmente mortal más frecuente, ya sea por el avance directo del virus a los pulmones o por una sobreinfección bacteriana), sepsis (una respuesta inmune desmedida que termina dañando tejidos y órganos propios), insuficiencia respiratoria y, en pacientes con problemas cardíacos previos, alteraciones del ritmo cardíaco, infarto agudo de miocardio o accidente cerebrovascular. La edad no es la única variable: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo elimina, y tanto la influenza A como la B pueden dar cuadros severos, por lo que el subtipo viral no sirve para descartar complicaciones.

A dónde acudir y en qué horario: ante cualquiera de las señales descriptas, hay que concurrir sin demora a una guardia hospitalaria o a un centro de salud con servicio de emergencias; no se trata de un cuadro para resolver con un llamado telefónico ni para esperar al día siguiente. En la Ciudad de Buenos Aires, el SAME atiende las 24 horas en la vía pública (línea 107), y los hospitales públicos reciben guardias por demanda espontánea durante todo el día. En la provincia de Buenos Aires, el 148 responde consultas de salud las 24 horas. En el resto del país, la recomendación es concurrir directamente a la guardia más cercana. La vacunación anual contra la gripe, disponible de manera gratuita en hospitales públicos y centros de salud para los grupos de riesgo, sigue siendo, según insiste Kotekal, la herramienta más eficaz para evitar que una gripe termine como la de Graciela.

Para tener a mano

“Esa mejoría aparente seguida de un deterioro brusco suele ser la pista de que apareció una infección secundaria, como una neumonía, y no hay que quedarse en casa a ver qué pasa.”Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas (Cleveland Clinic)

Soy Teresa Leiva, y vuelvo a insistir en algo que repito cada temporada: la gripe no se mide por la fiebre del primer día, sino por cómo evoluciona. Si el cuerpo da un giro inesperado, la consulta no puede esperar.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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