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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la mirada se altera: claves para distinguir cuándo consultar al médico

Alucinaciones, delirios y distorsiones de la imagen corporal no son, por sí solos, sinónimo de enfermedad mental. Especialistas explican qué señales merecen una evaluación profesional y por qué la consulta a tiempo puede cambiar el curso de un cuadro.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Cuando la mirada se altera: claves para distinguir cuándo consultar al médico

A Graciela le empezó hace poco más de un año. Cada mañana, al abrir la persiana del living, veía a su marido sentado en la silla de la cocina, con el diario abierto sobre la mesa. Le hablaba, le pasaba el mate, le acariciaba la mano. Después, al rato, la imagen se desvanecía y él aparecía de verdad, del otro lado de la casa, con el mate frío. Graciela tiene 72 años, una degeneración macular avanzada y, según le explicó su oftalmólogo, lo que ve se llama síndrome de Charles Bonnet: imágenes complejas que el cerebro fabrica cuando la vista deja de llegarle como debería. Ella lo cuenta con la calma de quien aprendió a convivir con la aparición y, sobre todo, con la certeza de que, sin la consulta al especialista, jamás hubiera entendido qué le pasaba.

El caso de Graciela aparece mencionado en la literatura médica y resume, de algún modo, la idea central que repiten los profesionales de la salud mental: las alteraciones de la percepción, por inquietantes que resulten, no equivalen por sí solas a un diagnóstico psiquiátrico. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de uno de cada ocho personas en el mundo vive con algún trastorno mental, una cifra que suele citarse para dimensionar la frecuencia de estos cuadros, aunque no todas las experiencias perceptuales se encuadran en esa categoría.

Qué dice cada señal y por qué no alcanza para diagnosticar

  • Una distorsión modifica algo que existe: sentir que una habitación cambió de tamaño o que las manos se ven desproporcionadas, por ejemplo.
  • Una alucinación supone percibir algo que no está: voces, figuras u olores sin estímulo externo que los produzca.
  • Un delirio es una creencia fija que se sostiene aun frente a pruebas en contrario, como la convicción de que un ser querido fue reemplazado por un impostor.
  • Los celos delirantes no se confunden con las discusiones de pareja: son ideas sostenidas con convencimiento absoluto y generan un padecimiento real.
  • Sentir organismos sobre la piel o debajo de ella requiere descartar antes una infestación real, déficits vitamínicos, problemas tiroideos, infecciones o consumo de sustancias.

El síndrome de Charles Bonnet, que es el que describe la experiencia de Graciela, suele presentarse en personas con pérdida importante de visión. Lo particular es que, en muchos casos, quienes lo experimentan reconocen que lo que ven no es real, lo que lo diferencia de otras alucinaciones. La evaluación médica contempla exámenes neurológicos y cognitivos y, cuando el cuadro se presenta de manera atípica, se indican estudios de neuroimagen para descartar otras causas que puedan estar detrás.

Otra de las situaciones que más llama la atención en la consulta es la alteración del tamaño aparente del cuerpo o del entorno, conocida como síndrome de Alicia en el País de las Maravillas. Puede modificar la percepción visual, la sensación del propio cuerpo y hasta la noción del tiempo. Una revisión de 169 casos publicada en la literatura científica encontró que la migraña es la causa más frecuente en adultos, mientras que en menores de 18 años predominan las encefalitis, sobre todo las de origen viral.

También aparecen, con cierta frecuencia, creencias que comprometen la idea que una persona tiene de sí misma o de los demás: la convicción de no existir, de haberse transformado en un animal o de que un allegado fue sustituido por un impostor. Los especialistas insisten en que estas experiencias requieren atención profesional y que, bajo ningún punto de vista, deben interpretarse como conductas voluntarias o caprichosas. Tienen nombres clínicos, tienen causas posibles y, sobre todo, tienen tratamientos.

Cuando alguien relata que siente organismos sobre la piel o debajo de ella, el primer paso de la evaluación es descartar una infestación real. Recién después se consideran otras causas médicas, como déficits vitamínicos, trastornos tiroideos, infecciones o el consumo de sustancias. El tratamiento, aclaran los profesionales, depende de lo que se encuentre en esa pesquisa y no de una etiqueta puesta de antemano.

Dónde pedir turno y en qué horario

En la ciudad de Buenos Aires, el primer paso suele ser pedir turno en un centro de salud u hospital público, donde el equipo de salud mental puede evaluar el caso y, si hace falta, derivar a un especialista. La mayoría de los centros de salud y Cesac atienden de lunes a viernes, de 8 a 17, y en varios hospitales públicos hay guardias psiquiátricas que funcionan las 24 horas para situaciones que no pueden esperar. También es posible llamar a la línea de salud mental de cada jurisdicción o acercarse al servicio social del hospital más cercano para que orienten a la familia sobre cómo iniciar el proceso. No hace falta tener un diagnóstico para pedir esa primera entrevista: a veces, entender qué está pasando empieza por sentarse a contar lo que se ve, lo que se siente y lo que se cree, delante de alguien que pueda escucharlo con tiempo y con formación para acompañarnos.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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