De como Carrie aprende a leer el mundo (y el mundo, de paso, la lee a ella)
La nueva serie basada en la novela de Stephen King hace de los libros el primer acto de rebeldía de una chica criada entre el miedo y el silencio. Hay títulos censurados, una frase de Peter Pan que nadie entiende y un guiño a El Exorcista que conecta la ficción con la próxima película de su propio director.

Les confieso algo antes de meternos en tema: el otro día, conversando en la barra de un café de la avenida de Mayo con un amigo que estaba terminando su secundario a los cuarenta y tantos, me dijo una frase que me quedó dando vueltas y que, créanme, tiene todo que ver con esta historia que les voy a contar. Lo cito textual, porque lo merece: uno recién empieza a entender quién es cuando se anima a leer lo que le prohibieron. Bueno, con esa idea servida en bandeja, me senté a ver la nueva serie de Carrie, esa adaptación televisiva de la novela de Stephen King, y entendí que los guionistas habían pensado exactamente lo mismo que mi amigo de la barra.
Lo que me atrapó desde el primer capítulo es que la Carrie que interpreta Summer H. Howell no es la chica del balde de sangre y la fiesta de graduación que todos tenemos en la cabeza. Es, más bien, una chica que nunca fue al colegio, que fue educada en casa por una madre, Margaret White (Samantha Sloyan), que le construyó alrededor un mundo tan cerrado como una pecera, donde lo que se lee, lo que se piensa y hasta lo que se siente se decide afuera de la puerta. Y entonces llega el instituto, llegan los otros adolescentes, y llega, sobre todo, la biblioteca.
La frase que nadie entendió
En su primer día, Carrie prueba integrarse con lo único que tiene: una frase. Toma un libro de Peter Pan, específicamente "El pajarito blanco" de J. M. Barrie, y suelta en medio de la clase esta preciosidad: "Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario". Los demás la miran como si hablara en sánscrito, claro, porque son pibes de secundaria y porque la cita salió en el momento menos indicado. Pero a mí esa escena me partió el corazón del modo más tierno, porque muestra que Carrie no llega al colegio con el kit completo de herramientas sociales: llega con un libro entre las manos y la intención genuina de ser amable. Es pura intención, pura fragilidad, puro inicio.
Cinco libros prohibidos como acto de rebeldía
El segundo episodio es donde la cosa se pone realmente interesante, porque la llevan a la biblioteca escolar acompañada por el orientador Peter Morton, al que pone cara Tim Bagley, y le ofrecen elegir qué leer. Y acá viene lo lindo, lo que me parece el hallazgo narrativo más fino de toda la serie, al menos en lo que va: Carrie elige cinco títulos, ni más ni menos que los siguientes.
- "El cuento de la criada", de Margaret Atwood.
- "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Ken Kesey.
- "Sé por qué canta el pájaro enjaulado", de Maya Angelou.
- "Buscando a Alaska", de John Green.
- "Anoche en el Telegraph Club", de Malinda Lo.
Lo notable es que los cinco tienen algo en común, algo que a primera vista puede parecer un detalle pero que en realidad es el corazón de la serie: todos fueron objeto de intentos de censura en colegios de Estados Unidos. Toca cada uno un tema que Margaret White quiere mantener lejos de su hija, a saber, la sexualidad, el racismo, la libertad individual, el cuestionamiento de la autoridad. Que Carrie los elija en su primer día en la biblioteca es, en los hechos, el primer gran acto de rebeldía de la protagonista. No es un acto escandaloso, no es un discurso en el patio, no es una pintada en una pared; es, simplemente, pararse frente a un estante y decidir que quiere leer eso y no otra cosa. Y eso, queridos míos, es lo más revolucionario que se puede hacer cuando te criaron en el silencio.
El guiño a El Exorcista que no es tan guiño
Pero hay algo más, y se los cuento porque me hizo levantar las cejas como hacía rato no me pasaban frente a una pantalla. Alrededor del minuto 31 del segundo episodio, mientras Carrie está en la biblioteca, aparece otra estudiante leyendo "El Exorcista". La cámara se detiene un instante en la tapa del libro. No es un detalle de relleno, ojo, ni un capricho estético: el director de la serie es el mismo que tiene en producción "El Exorcista: Mártires", una nueva entrega de la franquicia con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor, que se espera en los cines para marzo de 2027. O sea, hay una capa externa de referencias, además de la interna, que vincula a esta Carrie con el resto de la filmografía de su realizador. Es como si el tipo nos estuviera diciendo por lo bajo: presten atención, que este universo está conectado con otros universos míos.
Entonces, si me preguntan a mí qué es lo que hace interesante a esta Carrie por encima de otras versiones, les contesto con una sonrisa cómplice: lo que la distingue es que antes de mostrar el horror, nos muestra el hambre. El hambre de leer, el hambre de nombre propio, el hambre de entender por qué las cosas son como son. Es una serie que se toma su tiempo para sentar las bases emocionales antes de que llegue el terror, y a mí, como lectora y como espectadora, eso me ganó por completo.
Les dejo la pregunta que disparó la nota original y que yo me quedo dando vueltas desde que terminé de ver los dos episodios: notaron el guiño a El Exorcista mientras miraban la serie, o les pasó de largo como me pasó a mí la primera vez? Y ya que estamos, aprovecho para sumarles la mía, que es la que me regaló mi amigo de la barra: a ustedes, cuál fue el primer libro que los hizo sentirse un poco más libres? Se los pregunto en serio, porque a mí me parece que todos tenemos uno, aunque a veces nos cueste acordarnos.
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