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Sábado, 17 de octubre de 2026
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De la caja al celular: cómo pasar las fotos viejas al teléfono sin perderlas en el intento

Con el celular, algo de luz pareja y una app gratuita o paga, las imágenes del baúl pueden pasar al mundo digital. Claves para que no queden pixeladas, sin orden ni respaldo.

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Rocío EncinaUniversidad y ciencia · · 4 min de lectura
De la caja al celular: cómo pasar las fotos viejas al teléfono sin perderlas en el intento

Soy de las que todavía tiene una caja con fotos del casamiento de mis viejos, del viaje de egresados y de veranos en la costa. Cada vez que la abro pienso lo mismo: el papel se pone amarillento, alguna se pega con otra y, si no hago algo, un día se van a deshacer. Por eso me puse a investigar cómo se digitalizan hoy sin escáner y, sobre todo, qué errores son los que la gente repite. Lo que sigue es lo que aprendí, mezclado con lo que cuentan las propias apps.

Empezar por poco, como en la cocina

El primer consejo que repiten todos es el más humano: no atacar la colección entera de golpe. Conviene elegir diez o veinte imágenes de un mismo evento —una comunión, un cumpleaños, las vacaciones del 87— y aprender el paso a paso con ese set chico. Si el resultado convence, ahí sí se va por el resto. Lo dijo con buena onda Sofía, que es becaria en el área de comunicación y se ofreció a probar las apps en su propia colección familiar: «Arrancamos con la caja del casamiento de mis abuelos y a la tercera foto ya le habíamos agarrado la mano. Si hubiéramos empezado por las 400, nos hubiéramos frustrado».

Para arrancar alcanza con el celular, una mesa plana y luz pareja. La foto se apoya sobre la mesa, se trata de evitar sombras propias y reflejos sobre los rostros, y los bordes se recortan después, con la misma aplicación o con la galería del teléfono.

  • Apoyar la foto sobre una superficie plana y pareja, sin texturas que se marquen.
  • Buscar luz indirecta: cerca de una ventana pero sin sol directo encima, que genera brillos.
  • Evitar la propia sombra: pararse del lado opuesto a la fuente de luz.
  • Recortar los bordes recién después de capturar, para no cortar nada importante por apuro.

Apps que hacen el trabajo pesado

Los sistemas operativos ya traen herramientas de escaneo sin instalar nada: en iPhone aparecen dentro de Notas y Archivos; en Android suelen estar en la cámara o en Google Drive y Files de Google. Funcionan bien para documentos de oficina, pero con fotos viejas, brillantes o con reflejos, rinden menos. Ahí entran las apps pensadas para esto.

  • PhotoScan, de Google: es gratuita y saca varias fotos de una misma imagen para después combinarlas y sacar los brillos. También corrige la perspectiva, o sea que endereza la foto si la sacaste chueca.
  • Photomyne: deja fotografiar una página entera del álbum y ella misma separa cada imagen. Permite cargar nombres y fechas. Funciona con suscripción.
  • Pic Scanner Gold: digitaliza varias fotos a la vez y las organiza en álbumes. Está para iPhone y iPad y se compra con un pago único, sin cuota mensual.

El reverso también cuenta historia

Hay un detalle que se olvida siempre y que vale oro: el reverso. Las dedicatorias a mano, las fechas y los nombres escritos con birome son, muchas veces, la única fuente para saber quién está en la imagen o cuándo se sacó. Si la foto está dentro de una funda plástica que genera reflejos, lo mejor es sacarla con cuidado. Si está pegada al álbum, mejor dejarla como está o consultar a alguien que entienda de conservación, sobre todo si la imagen tiene valor sentimental o documental fuerte.

El respaldo, ese paso que casi nadie cumple

Acá viene el punto que más se repite en los manuales y que, al mismo tiempo, es el que más se pasa por alto. Guardar las fotos digitalizadas en la nube —Google Fotos, iCloud, OneDrive, lo que sea— no alcanza si esa nube está sincronizada con el celular. Si después uno borra la imagen del teléfono «porque ya está en la nube», muchas veces se borra también del respaldo. La regla de oro: copia en la nube y copia adicional en un disco externo, y no borrar de un solo lugar sin chequear que sigue en el otro.

Ponerle nombre, fecha y lugar

Digitalizar no es solo sacar la foto del papel: es ordenarla. Carpetas con nombres descriptivos —«Casamiento 1978», «Vacaciones en Bariloche», «Navidad en lo de la abuela»— son mucho más fáciles de revisar que una carpeta genérica llamada «Para clasificar». Y siempre, siempre, vale la pena agregar una nota con los nombres de las personas que aparecen y el lugar, aunque sea aproximado. La foto sola muestra una cara; el nombre y la fecha cuentan la historia.

¿Y eso para qué sirve? Para algo bien concreto: que dentro de diez o veinte años, cuando un hijo o un sobrino nieto agarre el celular y abra esa carpeta, pueda ver la foto de la bisabuela y leer, al lado, quién era, dónde estaba y por qué ese día importó. Sin esa información extra, la imagen es una cara desconocida más. Con esa información, es un documento familiar que sobrevivió al papel.

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Rocío EncinaUniversidad y ciencia

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