Después de medio siglo de mutilaciones, "Los demonios" vuelve a las salas con el corte que su director siempre quiso defender
La versión de 114 minutos, restaurada en 4K, llega al público ibérico desde el 16 de octubre. Cómo se reconstruyó el metraje que la censura inglesa y la presión vaticana habían hecho desaparecer.

Me lo contó una señora mientras esperaba la fila en la boletería del cine, con la entrada ya en la mano y una mezcla de curiosidad y de respeto que se le notaba en la voz: "Dicen que esta película la quisieron enterrar cuando se estrenó, y que recién ahora se la puede ver entera. Por algo será, ¿no?". Yo le dije que sí, que por algo sería, y mientras la escuchaba acomodarse el abrigo antes de pasar a la sala no pude evitar pensar que esa expectativa, esa especie de suspenso callejero, era probablemente la mejor publicidad que una película maldita podía tener.
Porque "Los demonios" (The Devils, 1971), el filme maldito de Ken Russell con Vanessa Redgrave y Oliver Reed, tiene una historia detrás que parece sacada de un guion del propio Russell: durante más de cinco décadas, ningún espectador pudo verla tal como su director la concibió. La Agencia Británica de Clasificación de Películas le retiró oficialmente 89 segundos de metraje para permitir su distribución en el Reino Unido, y la copia que llegó a Estados Unidos perdió todavía más material, hasta quedarse en 108 minutos. La versión británica circuló en 111. La integral, de 114, permaneció guardada en un cajón.
Recién en 2004, ya cerca del final de su vida, Russell pudo armar su montaje definitivo. Lo hizo con ayuda del crítico Mark Kermode, que lo había conocido personalmente y pasó años rastreando las secuencias faltantes con la filial británica de Warner Bros. y con archivistas independientes. El material apareció identificado como "C Cut 89", un rollo con los segundos que la censura había cercenado. Con eso, Russell reconstruyó su película y la exhibió una sola vez, en el BFI Southbank de Londres. Ahora, esa restauración en 4K se proyecta en España desde el 16 de octubre.
De las monjas poseídas a la novela de Huxley
El punto de partida es un episodio real del siglo XVII: en el convento de las ursulinas de Loudun, unas monjas denunciaron estar poseídas por el demonio y acusaron al sacerdote Urbain Grandier de haberlas hechizado. Grandier fue condenado por brujería y quemado en la hoguera. Décadas después, Aldous Huxley llevó el caso a la novela "Los demonios de Loudun", que sirvió de base al guion de Russell. La película convierte ese juicio por brujería en una reflexión sobre el poder del Estado, la manipulación de las masas y la fragilidad del cuerpo individual frente a la maquinaria institucional.
“Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado.”Ken Russell
La larga lista de enemigos que fue sumando la película
El filme se estrenó en un contexto ya cargado de suspicacias. En los años setenta, diecisiete municipios británicos lo prohibieron directamente; donde se exhibió, lo hizo con calificación X, es decir, vedada a menores de 18 años. Finlandia la mantuvo fuera de circulación hasta noviembre de 2001. Y el Vaticano fue más lejos: condenó la obra y pidió que se cancelaran sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia. Cada uno de esos ataques dejó huella en el montaje que llegó al público durante décadas.
Kermode, que siguió el caso de cerca, lo resumió con una frase que describe el efecto acumulado de tantas tijeras: "Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película". Para él, los cortes no eran un prurito de autor: eran la esencia de lo que Russell quería contar sobre la relación entre el poder, la religión y el cuerpo.
- La versión íntegra de 114 minutos, considerada por Russell como su montaje definitivo desde 2004.
- Restauración en 4K, a partir del negativo original y del metraje recuperado.
- Los 89 segundos secuestrados oficialmente por la clasificación británica, vueltos a su lugar en la narración.
- La posibilidad, por primera vez en más de cincuenta años, de ver la película completa en pantalla grande.
Volviendo a mi fila de la entrada: la señora del abrigo terminó de acomodárselo y, antes de franquear la puerta, me dijo algo que se me quedó grabado como un pequeño titular callejero, de esos que uno no inventa porque ya vienen dados: "Si la quisieron esconder tanto, algo tendrá que decirnos hoy". Y la verdad, querida lectora, querido lector, es que la respuesta se proyecta sola, en una pantalla cerca de usted.
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