Diez años antes del primer dolor: lo que el sistema inmune ya sabe sobre el intestino que se enferma
Un estudio internacional detectó anticuerpos anómalos en sangre de personas que años después desarrollaron Crohn o colitis ulcerosa. El hallazgo no permite todavía anticipar la enfermedad, pero reescribe la historia silenciosa que el cuerpo cuenta mucho antes de que aparezcan los síntomas.

A Daniela le dijeron que eran nervios. Tres años seguidos yendo al baño con dolor, cansada, con fiebre que aparecía y se iba sin aviso. Hasta que un día, ya con treinta y pico, la endoscopia mostró algo que estaba ahí desde mucho antes: una inflamación que los médicos describieron como extensa, profunda y, sobre todo, vieja. Como yo, que durante años escuché que era stress, que comer mal, que la edad, Daniela suele repetir que si alguien le hubiera prestado atención diez años antes, quizás hoy la conversación sería otra. Esa intuición, la de que el cuerpo avisa antes de que la enfermedad se declare, es exactamente lo que empieza a confirmar un equipo internacional en publicaciones en Gut.
La enfermedad inflamatoria intestinal, que reúne principalmente a la enfermedad de Crohn y a la colitis ulcerosa, afecta en el mundo a varias millones de personas, y en Argentina se estima una prevalencia en aumento en las últimas décadas, según registros hospitalarios y trabajos publicados por la Sociedad Argentina de Gastroenterología. En la práctica, el diagnóstico suele llegar cuando la inflamación ya está instalada y, muchas veces, cuando el daño es difícil de revertir. La novedad del estudio difundido en la reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología es que miró para atrás: en lugar de estudiar a pacientes ya diagnosticados, analizó muestras de sangre guardadas durante años.
Una biblioteca de sueros que cuenta la historia antes del síntoma
El trabajo revisó dos mil muestras de suero tomadas a lo largo de varios años a 500 personas, antes de que ninguna tuviera síntomas digestivos. De ese grupo, 200 terminaron desarrollando Crohn, otros 200 fueron diagnosticados con colitis ulcerosa y los 100 restantes permanecieron sanos y funcionaron como interno. Pero precisamente por eso el trabajo es valioso: porque reconstruye, muestra por muestra, qué venía haciendo el sistema inmune mientras la persona todavía se sentía bien.
Para rastrear respuestas contra bacterias, virus, alimentos y componentes del propio cuerpo, los investigadores aplicaron una técnica de secuenciación llamada PhIP-Seq, capaz de interrogar al sistema inmune frente a 357.000 fragmentos de proteínas. El resultado fue un mapa de anticuerpos que funciona como una huella dactilar muchos años de que apareciera cualquier signo clínico.
Qué se detectó y por qué importa
- En quienes luego desarrollaron Crohn se observó una mayor presencia de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr hasta una década antes del diagnóstico, una señal que se repitió con más fuerza en las formas complicadas y en la afectación del tramo final del intestino delgado.
- También se detectaron respuestas elevadas contra las flagelinas, proteínas estructurales de ciertas bacterias, lo que sugiere que el sistema inmune ya estaba reaccionando ante microorganismos intestinales mucho antes del debut clínico.
- En el grupo que después desarrolló colitis ulcerosa el perfil fue distinto: anticuerpos contra diversos gérmenes junto con autoanticuerpos, entre ellos uno dirigido contra la proteína MADD, asociada a procesos inflamatorios celulares.
- En ambos grupos la variedad de anticuerpos empezó a crecer cerca de cuatro años antes del diagnóstico, como si el sistema inmune entrara en una etapa de reorganización previa a la enfermedad manifiesta.
Lo que estos datos no prueban, y los propios autores lo subrayan, es que una infección cause la enfermedad. Lo que muestran es que ciertos cambios inmunológicos ya están en marcha cuando todavía nadie sospecha nada. Es, si se quiere, la diferencia entre llegar a la guardia con el infarto en curso y mirar una placa de arterias que ya estaba obstruida diez años antes. Para los equipos que siguen a diario a pacientes como Daniela, esa distinción cambia la manera de pensar la detección temprana, aunque todavía no haya un test predictivo en la calle.
Hacia dónde ir y qué preguntar
En Argentina, las personas con síntomas digestivos persistentes —diarrea de más de cuatro semanas, sangrado, dolor abdominal recurrente, pérdida de peso sin causa clara o fiebre que no se explica— pueden acercarse a un servicio de gastroenterología de cualquier hospital público, donde la consulta y los estudios iniciales son gratuitos. En la Ciudad de Buenos Aires funcionan los servicios del Hospital de Gastroenterología Carlos Bonorino Udaondo, en la calle Caseros 2061, de lunes a viernes de 8 a 12, y del Hospital Italiano de Buenos Aires, en Perón 4190, donde la guardia gastroenterológica atiende las 24 horas. En provincia de Buenos Aires, los hospitales interzonales y el Hospital de Gastroenterología de La Plata atienden por demanda espontánea en horario matutino. Para orientación también está la línea del Ministerio de Salud, 0800-222-1002, gratuita, de lunes a viernes de 9 a la trabajo. Y para contención cronológica, la Asociación Crohn Colitis Ulcerosa para no enfermos organiza grupos de apoyo en distintas ciudades del país. Como me dijo Daniela cuando terminamos la charla, entender que el cuerpo venía hablando tanto tiempo cambia algo: no la enfermedad, pero sí la sensación de no estar loca.
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