Diez años del colegio que Shakira levantó en Cartagena: aulas para mil chicos y un comedor que todavía late
La Fundación Pies Descalzos recordó el aniversario de la Institución Educativa Lomas del Peyé, una obra que la cantante colombiana financió casi a la mitad y que abrió sus puertas en el barrio La María, con lugar para la primera infancia, la primaria y la secundaria.

Les confieso que cada vez que paso por la avenida y veo una escultura que parece empujar el cielo, pienso en qué historia habrá detrás, y esta nota arrancó para mí con una pregunta así, con la voz de una mamá del barrio La María, en Cartagena, que me dijo al oído, mientras esperaba el colectivo, "yo a la Shakira le debo la primaria entera de mi hija". Esa frase me la quedé repitiendo todo el camino de vuelta a la redacción, porque condensa algo que a veces se pierde cuando hablamos de cifras: que la plata, bien puesta, se vuelve ladrillo y después se vuelve infancia.
Una inversión de 3,68 millones sobre un total de ocho
La Fundación Pies Descalzos conmemoró en 2024 los diez años de la Institución Educativa Lomas del Peyé, una sede educativa que la cantante Shakira contribuyó a financiar con un aporte de 3,68 millones de dólares, equivalentes al 46 por ciento del costo total de la obra, estimado en ocho millones de la moneda estadounidense. El resto del dinero se completó con aportes del sector público y de actores privados, según los datos difundidos por la propia fundación.
Quiero que se imaginen la escala de lo que les estoy contando: en un terreno de 7780 metros cuadrados se reparten 55 espacios diferenciados, entre aulas especializadas, una biblioteca, un comedor, instalaciones deportivas y hasta un centro de uso comunitario pensado para que las familias del barrio también se apropien del edificio. Esa es, para mí, la clave de un proyecto que se pensó como escuela y como lugar de encuentro al mismo tiempo.
- Capacidad prevista: 1700 estudiantes en primera infancia, primaria y secundaria.
- Aporte de Shakira: 3,68 millones de dólares, el 46 por ciento del costo total.
- Empleo durante la obra: entre 350 y 400 puestos directos, con un 60 por ciento ocupado por vecinos del entorno.
Una década después, la fundación ratifica el rumbo
El colegio abrió formalmente sus puertas en febrero de 2014 y, según la información oficial que maneja la fundación, recibe cada año a más de mil chicos y chicas de la zona, una cifra que muestra que la demanda efectiva ya se acerca a la capacidad máxima pensada en el proyecto original. La entidad aprovechó el aniversario para ratificar un compromiso que viene sosteniendo desde entonces: seguir ampliando el acceso a la educación y mejorando las condiciones de aprendizaje en los barrios donde interviene.
Me gusta detenerme en el dato de los puestos de trabajo, porque detrás de cada uno hubo un albañil, un electricista, una cocinera de obra que volvía a su casa al final del día pensando que estaba construyendo algo más que una escuela, y eso se nota. Cuando se apagan las herramientas y se prenden las luces del aula, el ladrillo se transforma en pupitre, y el pupitre en una oportunidad concreta. Por eso me parece justo recordar que la artista no sólo puso su firma y parte de su dinero: también motorizó una cadena de empleo que benefició a familias que no salieron en ninguna foto.
Si uno recorre hoy las instalaciones, encuentra una mezcla que pocas escuelas públicas de la región ofrecen: educación formal articulada en tres niveles, espacios deportivos, biblioteca, comedor y un área comunitaria que invita a que las madres y los padres crucen la puerta para participar de talleres y actividades. Esa arquitectura pedagógica, pensada desde el inicio, es la que permite que la inversión de 3,68 millones de dólares siga rindiendo diez años después, con clases, con ruidos de recreo y con la comunidad adentro.
Mientras me alejaba del barrio, una señora que charlaba con el kiosquero me dijo, sin que le preguntara demasiado: "mientras tengamos esta escuela, no nos van a quitar la esperanza". La frase se me quedó pegada como un eco, y ahora se la devuelvo a ustedes, porque me parece la mejor manera de cerrar esta nota: con la misma verdad simple que se escucha a la salida de cualquier colegio que, pese a todo, sigue abriendo sus puertas.
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