Doctor Honoris Causa para el hombre que inventó un programa que compite contra sí mismo
Alejandro Dolina recibió el máximo reconocimiento académico de la UBA en un acto colmado en la Facultad de Ciencias Sociales, con un conversatorio junto a Gabriel Rolón y un repaso por una trayectoria que va de las ondas radiales a los libros, pasando por los escenarios.

Lo confieso antes de empezar: cuando crucé la puerta del Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, en la calle Santiago del Estero, todavía resonaban en mi cabeza las palabras de una señora de unos sesenta años que, en la vereda, le decía a su marido "yo vine por él, no por la universidad", mientras revisaba en el celular si había alcanzado a sacar entrada. Esa frase, casi sin proponérselo, terminó siendo el mejor resumen de lo que pasó el viernes por la tarde: la Universidad de Buenos Aires le entregó el título de Doctor Honoris Causa a Alejandro Dolina, y lo hizo con la misma lógica con la que el público sigue su programa desde hace más de cuatro décadas, es decir, movido por una fidelidad que no necesita explicación racional para sostenerse en el tiempo.
La distinción había sido aprobada el año pasado por resolución de la Facultad de Ciencias Sociales y llegó con un protocolo sobrio y, al mismo tiempo, profundamente emotivo. La ceremonia incluyó el tradicional laudatio, en el que la directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Larisa Kejval, se detuvo en lo que considera el rasgo más singular de "La venganza será terrible": "Es uno de los pocos programas que compiten contra sí mismos en términos de audiencia", dijo, al referirse a la convivencia entre la cuenta oficial del ciclo en Spotify y las grabaciones caseras que los propios oyentes fueron subiendo a lo largo de los años.
Un nombre que se volvió adjetivo y un Ángel Gris que le ganó la plaza
Quizás lo más llamativo del texto leído durante el acto no fueron los títulos acumulados ni los premios enumerados, sino una observación que parece menor y termina siendo enorme: el nombre de Dolina se ha convertido en adjetivo y en verbo de uso corriente en la lengua de sus seguidores, y, aun así, la plaza del barrio de Flores que lleva el nombre de uno de sus personajes, el Ángel Gris, lleva ese nombre y no el de su creador. "Es el triunfo de la prosa", se afirmó desde el escenario, una definición que, viniendo de la academia, suena casi como un guiño cómplice.
La enumeración de antecedentes ayuda a entender por qué la casa de estudios eligió este momento. La resolución menciona su paso por las carreras de Letras, Historia y Música, publicaciones como "Crónicas del Ángel Gris" y "Notas al pie", y premios que incluyen el Martín Fierro de Oro 2022, cuatro premios Argentores, el Konex Diploma al Mérito de 1991 y la distinción de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2001. Aun así, el documento parece consciente de que ninguno de esos ítems, por sí solo, alcanza a explicar el fenómeno: lo que se reconoce, en definitiva, es la construcción de un mundo propio que los oyentes habitan como si fuera un barrio más de la ciudad, con su esquina, su angel gris de referencia y su humor intransferible.
“Lo de Dolina es un caso muy poco habitual en la cultura popular: que alguien termine midiéndose con sus propias versiones, y que encima siga ganando.”Larisa Kejval, directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA
Una entrega que se inscribe en una seguidilla de reconocimientos a la cultura popular
- La Cátedra de Música Popular de la carrera de Artes distinguió en 2025 con el mismo título a Charly García.
- Carlos "Indio" Solari recibió el Doctorado Honoris Causa en la Facultad de Ciencias Médicas veinte días antes de su muerte, también en 2025.
- El conversatorio posterior al acto fue encabezado por el psicoanalista Gabriel Rolón, quien compartió escenario con el escritor durante varios minutos.
Me fui del Auditorium con la sensación de que la UBA no estaba simplemente sumando un nombre a una lista, sino reconociendo un oficio difícil de encuadrar: el de alguien que supo habitar la radio, los libros y los escenarios con la misma naturalidad con la que uno toma un café en el bar de la esquina, y que construyó, con los años, una lengua propia que ya hablan otros. Y mientras caminaba hacia la salida, todavía pensando en la plaza del Ángel Gris como si fuera una escultura más de la avenida, escuché que un señor le decía a su acompañante, ya en la vereda, con tono de diagnóstico inapelable: "Mirá, cuando te invitan a una entrega de diplomas y la gente viene igual que a un recital, es porque algo están haciendo bien". Mónica Aguirre, Cultura y espectáculos.
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