El Coyote se anima al juicio: Will Forte se cruza con el perseguir de siempre en una comedia que tira todo por la borda
La nueva película que mezcla animación con acción real pone al cazador del Correcaminos en el centro de una historia de abogados, fracasos y decisiones límites, y termina construyendo un retrato humano a fuerza de golpes.

Lo escuché a un chico que se bajó de la moto en la puerta del cine, todavía con la entrada en la mano: "mirá, me reí, pero también me dio ganas de levantarme y pelear por algo, no sé qué". Esa frase me quedó sonando mientras pensaba cómo contarles de qué va esta película que, a primera vista, parece un capricho y termina siendo una historia con mayúsculas sobre lo que significa insistir. La nueva es Coyote vs. Acme, y lo que empieza como una broma animada se va transformando, de a poco, en un pequeño juicio de fondo.
Porque acá el Coyote, el perseguir eterno, el de las banquinas y los precipicios, deja un rato al Correcaminos y se mete en una pulseada con la poderosa empresa de productos Acme, esa proveedora eterna de cohiles, peñascos y granadas que muchas veces lo mandó al barranco. En la otra esquina lo espera Will Forte, que compone a un personaje humano, amigo del Coyote, con la cara un poco triste del que sabe que las cosas no van a salir bien pero igual las empuja.
Dos reglas distintas, un mismo dolor
Lo interesante, y acá viene lo que me parece más lindo de la película, es que los dos protagonistas juegan con reglas distintas: uno se maneja por la física del dibujo animado y rebota contra las paredes como si nada; el otro es de carne y hueso y, cuando se cae, se golpea de verdad. Y sin embargo los dos comparten algo que a mí, como espectadora grande, me llegó: la certeza de que lo que van a intentar probablemente va a fallar, y la decisión igual de volver a pararse y probar.
Esa dinámica no es nueva para el Coyote. Cualquiera que haya visto aunque sea un corto de los Looney Tunes reconoce la estructura: plan, dispositivo, desastre, volver a empezar. Acá la diferencia es que esa rutina se estira, se pone en serie, y termina alimentando una historia mucho más ambicioso, con juicios de por medio, abogados y la pregunta de fondo sobre quién le responde a uno por los daños de toda una vida.
- La película combina animación con actores reales y dura algo más de noventa minutos, algo inusual para una producción que arranca como un corto.
- Retoma la fórmula clásica de los cortos: un plan, un obstáculo, un fracaso y la decisión de seguir, pero estirada a formato largo.
- Se apoya en recursos del cine de juicios para darle contexto al conflicto entre el Coyote y la poderosa empresa Acme.
- Tiene antecedentes claros en Space Jam y Looney Tunes: De nuevo en acción, donde dibujos y humanos compartían pantalla.
- El vínculo entre el Coyote y el personaje de Forte se vuelve el corazón emotivo de la propuesta.
Y acá va algo que quiero subrayar porque me parece importante: la película no se burla del Coyote. Muchas veces, en los cortos, el personaje es apenas un mecanismo para el gag, alguien a quien le pasan cosas. Acompañándolo durante más de noventa minutos, uno empieza a ver al tipo que hay detrás del perseguir, y eso cambia un poco la mirada.
El Coyote en el centro, finalmente
Esta es, en el fondo, la primera película en serio que pone al Coyote como protagonista absoluto, y no como parte de un elenco. Lo que durante décadas fue un personaje de relleno, un sostén del Correcaminos, ocupa ahora el centro de la escena, y eso, créanme, no es un detalle menor para los que crecimos viéndolo rebotar contra los acantilados.
El tono va y vuelve entre la comedia física más desaforada y los momentos más callados, cuando el Coyote se queda pensando o cuando el personaje de Forte se pregunta si tiene sentido seguir. Esa mezcla es, para mí, lo que la salva de quedar sólo en un guiño para coleccionistas.
“Mirá, me reí, pero también me dio ganas de levantarme y pelear por algo, no sé qué.”Un chico a la salida de la función
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