El cuerpo como caja de resonancia: lo que el rencor prolongado le hace a la salud
Cuando la ofensa se guarda sin procesarla, la respuesta de estrés deja de ser un llamado breve y se convierte en un estado permanente. Especialistas explican cómo impacta en el corazón, el sueño, las defensas y los músculos.

A Marta le diagnosticamos hipertensión a los cuarenta y dos años. No tenía antecedentes familiares, no fumaba, hacía controles anuales y llevaba una alimentación razonable. Lo que sí tenía, y tardamos en verlo, era una bronca vieja contra un socio que la había perjudicado económicamente quince años atrás y con el que nunca volvió a hablar. Ella misma lo definió en la consulta, con una frase que se me quedó grabada: «No es que piense en él todo el día, pero algo en mí sigue enojado». Esa clase de enojo instalado, que no se dice en voz alta y que ni siquiera necesita un motivo nuevo para encenderse, es lo que en la literatura médica y psicológica se conoce como rencor sostenido, y cada vez más trabajos lo asocian con un costo físico concreto.
Según datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo, y dentro de los factores de riesgo modificables el estrés crónico ocupa un lugar creciente. El psiquiatra Norberto Abdala, especialista en psiconeuroendocrinología, lo explica con una imagen que suelo repetirles a mis pacientes: «El cuerpo que paga la factura es siempre el propio». En sus palabras, no hay evidencia sólida para atribuir al rencor una enfermedad específica, pero sí para asegurar que mantiene activados mecanismos perjudiciales para el organismo de forma sostenida.
Cómo se traduce en el cuerpo una ofensa que no se cierra
A diferencia de la bronca puntual, que aparece con fuerza y se disipa, el rencor implica volver mentalmente sobre la ofensa una y otra vez, con una intensidad que no baja con el tiempo. Puede durar años, incluso décadas, y su origen puede ser una traición, una injusticia laboral, una ruptura o un conflicto familiar. El cuerpo interpreta el recuerdo del agravio como si la amenaza siguiera presente y responde igual que ante un peligro real.
- Sistema cardiovascular: la presión arterial se eleva de forma crónica y la frecuencia cardíaca se acelera incluso en reposo, lo que aumenta el riesgo de enfermedad coronaria.
- Eje hormonal: el cortisol, la hormona del estrés, permanece alto más tiempo del que corresponde, lo que altera el sueño, favorece la acumulación de grasa abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina.
- Defensas bajas: con los mecanismos de alerta permanentemente activados, descienden las defensas frente a infecciones y crece la inflamación de bajo grado, un proceso silencioso vinculado a enfermedades crónicas.
- Tensión muscular: cuello, mandíbula y espalda acumulan rigidez que no cede con el descanso, lo que explica muchas cefaleas tensionales sin causa médica aparente.
- Aparato digestivo: el eje intestino-cerebro, especialmente sensible al estado emocional, se resiente y puede traducirse en malestar gástrico recurrente.
- Fatiga sin causa clara: no se explica por el esfuerzo físico, sino por el desgaste de sostener, sin pausa, una respuesta de emergencia que el cuerpo diseñó para ser breve.
Esa última línea es la que más me interesa como periodista de salud, porque describe algo que escucho una y otra vez en las consultas: personas que llegan agotadas, con análisis «casi normales», que duermen mal y se sienten tensas sin poder explicar por qué. No siempre hay un duelo fresco ni un problema laboral evidente; a veces lo que hay es una cuenta pendiente con alguien, incluido uno mismo, que el cuerpo sigue cobrando.
Lo que la evidencia viene mostrando es que la solución no pasa por «perdonar» como un gesto moral obligado, sino por desactivar esa alarma que dejó de ser útil. Cuando alguien atraviesa una situación así, el primer paso es hablarlo con un profesional de salud mental para diferenciar una bronca pasajera de un rencor enquistado, y evaluar si hay un cuadro de estrés crónico o de ansiedad que requiera tratamiento. En la Ciudad de Buenos Aires, los centros de salud y hospitales públicos ofrecen consulta ambulatoria en psicología y psiquiatría; en la provincia de Buenos Aires, los hospitales provinciales cuentan con servicios de salud mental que atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 14 horas, con turno previo. También funcionan líneas gratuitas como el 107 (SAME) para urgencias y, en CABA, los Centros de Salud y Acción Comunitaria (CeSACs), que reciben sin turno por la mañana. Pedir ayuda no es debilidad: es, en muchos cuerpos como el de Marta, el primer paso para dejar de pagar una factura que no corresponde.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



El sueño de calidad no depende sólo de la noche sino de lo que hacemos durante el día
