El daño que deja una imagen que ni siquiera es real: el caso de Lomas de Zamora que sacudió a una escuela
Adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora vivieron vergüenza, angustia y miedo después de que compañeros crearan y difundieran fotos sexuales falsas con inteligencia artificial. La Justicia investiga a cuatro menores y el episodio reabre el debate sobre un daño psicológico que no necesita de un original verdadero para dejar huella.

Julieta tenía 15 años y una cuenta de Instagram donde subía fotos con sus amigas, típicas de cualquier chica de su edad en el conurbano bonaerense. Un día se enteró de que esas imágenes habían sido tomadas, manipuladas con inteligencia artificial y convertidas en material sexual falso que circulaba en grupos digitales del propio colegio. Lo que sintió después, según relataron sus allegadas, fue vergüenza, asco y un miedo paralizante: "Aunque sé que es falso, me da vergüenza", alcanzó a decir. Esa frase, simple y demoledora, es la mejor síntesis del fenómeno que hoy sacude a la comunidad educativa de Lomas de Zamora y que obliga a repensar qué tipo de agresión sufren las víctimas cuando la foto, técnicamente, nunca existió.
El episodio ocurrió en un colegio secundario de ese municipio del sur del conurbano y la causa ya tramita en la Justicia como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), una figura legal que contempla los casos en los que el material es generado o manipulado digitalmente. La investigación apunta a cuatro menores, sobre los cuales se realizaron allanamientos y se ordenó el cese de cualquier tipo de hostigamiento, además de medidas para impedir el contacto entre las partes. Los adolescentes involucrados pasaron a la modalidad virtual mientras avanza la causa.
Un daño que no necesita de un original verdadero
Las víctimas relataron una cadena de emociones que los especialistas en salud mental adolescente reconocen cada vez con más frecuencia. Una de ellas contó que tardó en hablar con sus padres porque no quería que la vieran "así", aun sabiendo que la imagen era producto de una manipulación. Otra expresó una preocupación que parece sacada de la lógica adulta pero que tiene absoluta lógica a los 15 años: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo", dijo, resumiendo el vértigo que produce perder el control sobre una propia imagen en la era de la hiperconectividad. Para los equipos de salud mental, el cuadro se parece mucho al de una situación de abuso: la víctima reacciona como si la agresión hubiera sido real, porque lo que se vulnera no es la verosimilitud del archivo, sino la intimidad, la confianza y la sensación de seguridad.
Las fotografías originales se obtenían de perfiles públicos en redes sociales, lo que vuelve a poner sobre la mesa un dato epidemiológico conocido: según la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales y el trabajo del Ministerio de Salud de la Nación sobre uso de pantallas en adolescentes, más del 80 por ciento de los chicos de entre 13 y 17 años tiene al menos una cuenta abierta en plataformas visuales como Instagram o TikTok, y una proporción creciente publica fotos propias sin restricciones de privacidad. No es un dato menor: el caso de Lomas de Zamora muestra que una imagen que un adolescente sube como parte de su vida cotidiana puede convertirse, sin que medie un hackeo ni una filtración masiva, en materia prima para una agresión.
Lo que empezó como un hecho circunscripto a un aula terminó desbordando el colegio. Las propias alumnas organizaron una protesta frente al establecimiento que convocó a estudiantes de otros cursos y a familias, y los videos de la manifestación se viralizaron en redes. En esos mismos videos aparecieron testimonios de jóvenes de otros colegios que relataron haber vivido situaciones parecidas, lo que sugiere que el caso de Lomas de Zamora no es un hecho aislado sino la punta visible de un fenómeno mucho más extendido. Las víctimas, además, señalaron que la respuesta institucional inicial fue tardía y que recién después de la movilización se organizaron jornadas de diálogo dentro de la escuela.
A dónde acudir y en qué horario
Para familias, docentes y adolescentes que necesiten orientación o quieran denunciar situaciones de este tipo, en la provincia de Buenos Aires funciona la línea 102 de atención a niños, niñas y adolescentes, gratuita y disponible las 24 horas, todos los días. También está la línea 144, de atención a víctimas de violencia de género, que orienta y acompaña a quienes sufran agresiones digitales. En la Ciudad de Buenos Aires, el canal equivalente es la línea 137, atendida por equipos especializados en violencia y abuso sexual. En ambos casos, la contención es anónima y no requiere denuncia previa. Para asesoramiento legal gratuito, los Centros de Acceso a la Justicia (CAJ) atienden de lunes a viernes, generalmente entre las 9 y las 16, y orientan tanto a víctimas como a familias sobre cómo preservar evidencia digital y cómo activar la denuncia formal. En la municipalidad de Lomas de Zamora, el área de Niñez y Adolescencia funciona como primera puerta de entrada para articular con la Justicia y con los equipos de salud mental locales.
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