«El otro Chiquito»: la pelea por la risa que se vio en un juicio
El documental sobre Chiquito de la Calzada y el personaje Lucas Grijander, que llevó a Florentino Fernández a los tribunales, combina testimonios, recreaciones y un repaso por la carrera del humorista malagueño.

Una señora con un pañuelo verde en la cabeza me dijo en la puerta del cine que ella había venido a ver «al Chiquito ese que hacía reír a toda España», y la verdad es que salí pensando que esa señora tenía razón, porque la película que vi esta semana se llama «El otro Chiquito» y, aunque habla de un juicio, de un conflicto legal y de un personaje que le discutieron al cómico malagueño, lo que termina haciendo es un retrato entrañable del hombre que inventó una manera de hablar que todavía seguimos repitriendo sin darnos cuenta, aquel que movía los brazos como si despegara avioncitos de papel y que decía «fistro» y «jarl» como si fueran palabras de todos los días, y uno como espectador, aun sin haberlo visto en vivo, entiende rápido por qué se hizo tan querido en la televisión de su país.
Te lo cuento con detalle porque la propuesta me parece interesante más allá del morbo del litigio, y la sala estaba llena de gente grande como yo, de esos lectores de entre cuarenta y sesenta años que van al noticiero y a la función de teatro con la misma curiosidad, y el silencio que se hizo cuando arrancó el documental me confirmó que el tema atrapa: la película parte de la idea original acreditada a Diego San José y toma como un eje central la disputa judicial que se desató a partir de Lucas Grijander, el personaje que interprete como Florentino Fernández en el programa «Esta noche cruzamos el Mississippi».
De qué va la pelea, para el que no se acuerde
Lo que la película repasa, y lo que el público de a pie recordaba en la salida, es que Lucas Grijander era un personaje construido a partir del repertorio del propio Chiquito: los gestos, las expresiones, la manera de hablar, todo ese mundo que el malagueño había hecho célebre, y que después el personaje llevó incluso a la venta de productos y a giras por toda España con un conjunto que se llamaba «Lucas y sus janders», y ahí, claro, empezó el conflicto, porque la pregunta que el documental pone sobre la mesa es hasta dónde llega la imitación humorística y dónde empieza el uso comercial de algo que el público reconoce como propio de un artista, una pregunta que no es menor y que la película no esquiva.
- Florentino Fernández, que dio vida a Lucas Grijander en televisión.
- Pepe Navarro, otra cara conocida de la pantalla española.
- Manuel Jabois, Ramón García y Juan y Medio, con sus recuerdos del ámbito televisivo.
- Celia Villalobos y Mario Conde, que suman sus testimonios al conjunto.
Lo que a mí me dejó pensando, y se lo comenté a la señora del panana verde mientras caminábamos hacia la esquina de la sala, es que el documental hace algo que pocas veces se ve: no arranca por el conflicto, sino que empieza por el ascenso de Chiquito, por su evolución y por las características de su comicidad, por cómo se fue construyendo ese humor que combinaba un vocabulario rarísimo, unos gestos physiques y una forma de contar los chistes que terminó siendo una marca registrada, y recién después de presentar al humorista y al personaje derivado aparece el juicio, de modo que la pelea legal queda integrada en una historia mucho más amplia sobre la trayectoria del cómico y sobre el lugar que ocupa en la cultura popular española, y eso le da una densidad que no tendría si el documental se hubiera quedado solo en el escándalo.
Las entrevistas se cruzan con recreaciones, y eso le da al filme un ritmo ameno, y para quien nunca vio a Chiquito en su momento de mayor fama la película funciona como una introducción accesible, porque va conectando la popularidad televisiva con la controversia posterior, sin necesidad de conocer cada detalle del caso, y lo más valioso es que el tono nunca se vuelve agresivo ni partidario, sino que deja que los testimonios hablen y que el espectador saque sus propias conclusiones sobre la imitación, el derecho de autor y los límites del humor, algo que en estos tiempos no está de más repensar.
“Yo vine a reírme un rato y terminé pensando en la cantidad de cosas que damos por sentadas cuando alguien nos hace reír.”espectadora a la salida de la función
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