El ovario no se apaga: un estudio con 5.800 proteínas revela que sigue activo hasta bien entrada la séptima década
Una investigación de universidades de Estados Unidos comparó tejido ovárico de mujeres de 50 a 75 años y encontró que el órgano modifica su biología con los años, aunque ya no libere óvulos ni produzca las hormonas de antes.

Marta tiene 72 años y hace más de dos décadas que atravesó la menopausia. Como muchas mujeres de su generación, siempre escuchó que, una vez pasada esa etapa, los ovarios quedaban como un órgano dormido, casi decorativo. Un estudio reciente, publicado en la revista especializada Aging Cell, le acaba de desmentir esa idea con números concretos: su ovario, a los 72, sigue haciendo cosas.
El dato epidemiológico que vuelve a poner el tema en agenda es contundente: equipos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos en Estados Unidos, analizaron 28 muestras de tejido ovárico sin patología maligna, obtenidas de mujeres operadas por motivos benignos. Las participantes tenían entre 50 y 75 años y fueron divididas en tres franjas etarias. Mediante espectrometría de masas, los investigadores llegaron a cuantificar 5.812 grupos de proteínas en esos tejidos y los compararon entre los grupos.
Qué cambia con el paso de los años
A medida que aumentaba la edad de las donantes, los perfiles de proteínas mostraban un giro claro: subían las relacionadas con la inflamación, con la respuesta inmunitaria innata y con el recambio de la matriz extracelular, esa red de moléculas que sostiene a los tejidos como un andamio. En paralelo, bajaban las proteínas asociadas a la arquitectura celular, a los filamentos internos y a las queratinas, que son como los ladrillos estructurales de las células. En otras palabras, el ovario deja de invertir en mantenerse firme y empieza a invertir más en señalizar y repararse.
- En el grupo de 70 años o más se detectaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las mujeres de 50 a 59 años: 84 disminuidas y 33 aumentadas.
- El patrón sugiere una transición de un tejido que prioriza su estructura a uno que prioriza procesos de reparación y comunicación celular.
- Las modificaciones más marcadas se observaron al cruzar la barrera de los 70, no inmediatamente después de la menopausia.
Una de las investigadoras que firmó el trabajo, Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern, lo explicó con una idea que ayuda a pensar el tema de otra manera: la pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, dijo, pero eso no significa que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares, completó, continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia. La frase, que parece técnica, tiene una traducción simple: dejar de ovular no equivale a dejar de existir como tejido.
La conexión con el cáncer de ovario
El equipo también cruzó sus hallazgos con datos previos sobre cáncer de ovario y encontró algo que invita a seguir investigando: las muestras del grupo de 60 a 69 años mostraron mayor presencia de algunas proteínas que habían sido vinculadas a ese tumor, justo en el rango de la edad mediana de diagnóstico, que se ubica en los 63 años. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de cáncer y que la coincidencia no significa causalidad, pero sí abre una puerta para entender por qué esa enfermedad aparece con más frecuencia en esa franja de la vida.
Para una lectora como Marta, que no es médica ni investigadora pero vive en su propio cuerpo los efectos del paso del tiempo, el estudio deja una enseñanza concreta: el ovario después de la menopausia no es un capítulo cerrado, es un órgano que sigue activo, que cambia, que se reorganiza, y que probablemente merece más atención clínica, más controles y más conversación médica de la que suele tener. Saberlo, en sí mismo, ya es una forma de cuidar.
A dónde acudir y en qué horario
Para consultas sobre salud ovárica después de la menopausia, el primer paso es pedir turno con un ginecólogo o ginecóloga de cabecera en el hospital público o centro de salud más cercano, donde la atención suele ser gratuita. En los centros de salud de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, los servicios de ginecología atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 16 o 17 horas, y algunos amplían la franja hasta las 19. Para quienes tengan cobertura de obra social o prepaga, la vía más rápida es solicitar el turno por la app o el call center de su prestador, pidiendo específicamente consulta con ginecología. Si lo que se busca es orientación sin turno previo, la línea gratuita del Ministerio de Salud de la Nación, 0800-222-1002 (Salud Responde), funciona las 24 horas, todos los días, y puede derivar la consulta al efector adecuado.
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