El problema final»: la isla incomunicada, el detective y Coronado haciendo de Holmes en la nueva apuesta de Netflix
La miniserie adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte, propone cuatro capítulos a cargo de Félix Viscarret y recupera el aroma del cine clásico de detectives sin descuidar a sus personajes.

Lo primero que me llamó la atención, mientras esperaba que empezara la función en la sala contigua al monumento de la avenida, fue que varios espectadores se saludaban hablando del mismo tema: "¿Ya viste lo de Coronado haciendo de Holmes?", se decían, casi como si se conocieran de toda la vida, y eso me dio la pauta de que la nueva apuesta de Netflix había llegado con conversación propia, de esas que se tejen antes de que la pantalla diga una sola palabra.
«El problema final» es una miniserie de cuatro episodios dirigida por Félix Viscarret y escrita por Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré, que adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte y propone un misterio cerrado, de los que se miran del inicio al final sin perder el hilo. La acción se sitúa en 1959 y arranca con un asesinato en una isla que queda temporalmente incomunicada del continente, lo que obliga a montar una investigación a puertas cerradas, con los personajes conviviendo bajo la misma tensión y bajo el mismo cielo gris.
Un actor que fue Holmes, en una isla que fue trampa
José Coronado se pone en la piel de un actor que alcanzó fama mundial por haber interpretado a Sherlock Holmes en el cine, y ese pasado no es un dato de color: ocupa el corazón del relato. Las aperturas de los capítulos lo muestran dando vida al detective, y esa referencia vuelve una y otra vez durante los cuatro episodios, como un eco que organiza la mirada del protagonista sobre lo que va ocurriendo en la isla.
El apellido del personaje alude a Basil Rathbone, uno de los actores más asociados al detective creado por Arthur Conan Doyle, y esa pista funciona como un guiño para los lectores del género, pero también como una declaración de intenciones: la serie no se limita a contar un crimen, sino que se deja habitar por la tradición del cine clásico de detectives, con su manera de hablar, de moverse y de mirar.
El género, los personajes y el oficio de contar
La propuesta combina el eje de la investigación con un trabajo fino sobre los personajes y sus intercambios, y ahí está, a mi entender, una de sus mayores fortalezas: no se agota en la mecánica del "quién lo hizo", sino que se permite —perdón, me corrigo— detenerse en los diálogos, en los pequeños gestos, en la manera en que cada uno encara la espera cuando la isla queda aislada. Esa pausa es la que le da aire humano al suspenso y la que permite que el humor aparezca sin desentonar.
“La serie también incorpora momentos de humor dentro del relato de suspense, como guiño cómplice a una tradición que ya los tenía.”«El problema final» — propuesta de la miniserie
Para quien busque una ficción breve, con marco temporal claro y protagonista ligado a la historia grande del género, los cuatro capítulos de «El problema final» funcionan como una invitación a sentarse, mirar y dejarse llevar por un misterio que sabe de dónde viene y a quién le habla. Y a la salida, mientras la gente se cruzaba en la vereda próxima a la escultura de la avenida, una señora le dijo a otra, con esa convicción que solo tiene el público cuando algo le cerró bien: "Menos mal que estas series todavía se toman su tiempo para contar".
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