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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Quebracho Noticias

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El termómetro del IVA marca ventas en baja real y un sistema financiero con más empresas bajo presión

La recaudación del impuesto al valor agregado refleja un comercio minorista que sigue perdiendo terreno frente a la inflación, en un contexto de tasas reales positivas que encarecen tanto el consumo de los hogares como el capital de trabajo de las firmas. La cantidad de compañías con situación irregular en la banca se disparó 53% en un año.

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Lisandro BarriosEconomía y campo · · 3 min de lectura
El termómetro del IVA marca ventas en baja real y un sistema financiero con más empresas bajo presión

El consumo privado argentino continúa sin encontrar un piso claro. Los datos de recaudación del Impuesto al Valor Agregado, utilizados como termómetro casi en tiempo real por la Secretaría de Hacienda y los equipos económicos de las consultoras, muestran que el comercio minorista sigue perdiendo terreno medido en términos reales, es decir, descontado el efecto de la inflación. La dinámica responde a dos factores que se retroalimentan: un poder adquisitivo que no logró recomponerse al ritmo de la suba de precios y un crédito disponible cuyo costo se encareció de manera sostenida.

Tasas positivas que enfrían la decisión de compra

Las tasas de interés reales positivas, esto es, superiores a la inflación esperada, modificaron la ecuación de los hogares. Financiar un electrodoméstico en cuotas, cancelar el saldo de la tarjeta o recurrir a un préstamo personal resulta hoy más caro que en la primera parte del año, y esa diferencia no es trivial para la economía cotidiana. La consecuencia se observa en decisiones que se postergan: desde el recambio de una heladera hasta la compra de un auto usado, pasando por arreglos del hogar que suelen financiarse con tarjeta.

De acuerdo con los registros del Banco Central de la República Argentina, la cantidad de empresas clasificadas en situación financiera diferente de la normal dentro del sistema bancario alcanzó las 58.982 firmas, lo que representa un incremento del 53% respecto de doce meses atrás. Esa cifra, que incluye a compañías con atrasos en sus pagos o en categorías intermedias de riesgo, da cuenta de un sector productivo que combina ventas flojas con un costo de financiamiento que ya no se tolera como antes. La morosidad empresarial crece y, con ella, se postergan inversiones que en otra hubieran generado empleo y actividad.

Dólar barato, consumo contenido y presión sobre la industria

El tipo de cambio bajo tuvo efectos duales sobre la economía. Por un lado, abarató el acceso a bienes importados y volvió más competitivo al turismo en el exterior, lo que se reflejó en la decisión de las familias de volcarse al consumo exterior. En los últimos dieciocho meses, las personas compraron 36.500 millones de dólares para ahorro, turismo o cancelación de compromisos en moneda extranjera, mientras que el saldo acumulado de la balanza comercial para el mismo período alcanzó los 29.132 millones de dólares. La diferencia, cercana a los 7.400 millones de dólares, muestra que la demanda privada de divisas superó lo que generó el intercambio comercial de bienes.

Por otro lado, esa misma cotización relativa presionó sobre la competitividad de sectores industriales y economías regionales que compiten con productos del extranjero. Fábricas de calzado, textiles, línea blanca y proveedores de la cadena automotriz sintieron el impacto de precios importados que, en muchos casos, resultan más convenientes para el consumidor final. Así, el ancla cambiaria que ayudó a controlar la inflación terminó debilitando la producción local y alimentando la salida de divisas por la vía de las compras minoristas.

“La pregunta que surge es cuánto tiempo más puede sostenerse esa presión sobre el bolsillo antes de que el consumo encuentre un piso y empiece a recuperarse.”Lisandro Barrios

Lo que define el productor esta semana

  • Si reabastecer stock con financiamiento bancario, que llegó a tasas que dejan un margen muy fino frente a la inflación esperada.
  • Si convalidar los nuevos precios de lista de proveedores o esperar a que el mayorista ajuste a la baja en las próximas semanas.
  • Si liquidar la cosecha o la producción de manera fraccionada, aprovechando la estabilidad del tipo de cambio, o guardar mercadería para vender en un contexto de menor oferta.
  • Si refinanciar deudas con el sistema financiero a tasas más altas o aceitar las relaciones con clientes morosos para estirar los plazos de cobro.
LB
Lisandro BarriosEconomía y campo

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