Etcheverry barrió a Navone en una pulseada de argentinos y se adueñó de los octavos del US Open
El platense se impuso en sets corridos sobre el azuleño en dos horas y 27 minutos y se metió en la segunda semana del Grand Slam neoyorquino. Pesa el desgaste de Navone, que venía de ganarle a Djokovic.

Les voy a ser sincero: el partido se definió temprano, en la primera rotura del primer set, cuando Tomás Etcheverry le soltó la derecha cruzada a Mariano Navone y se quedó con el servicio. Ese golpe, a esa altura, fue una declaración de intenciones. El platense avisó que no iba a regalar nada y el azuleño lo entendió rápido. Tres sets corridos, 6-4, 6-4 y 6-3, y a casa. Dos horas y 27 minutos que dejaron a un argentino en octavos del US Open y al otro mirando el televisor.
Lo que se vio en la pista fue un Etcheverry entero, con las piernas frescas y la cabeza fría. Navone llegaba al cruce con casi tres horas más de tenis en el cuerpo, después de una semana de locos: le ganó a Novak Djokovic y a Matteo Berrettini, dos nombres que pesan. Pero en una cancha rápida, en una serie al mejor de cinco y ante un zurdo que te devuelve todo desde el fondo, el cansancio pasa factura. Y pasó.
Una partida de ajedrez con final anunciado
El propio Etcheverry lo reconoció al terminar: no es fácil jugar contra un amigo. Y lo describió como una partida de ajedrez, porque Navone te mueve, te corre, te hace trabajar cada punto. Sin paciencia no le ganás, dijo el platense. Y vaya si la tuvo: administró los tiempos, esperó el momento y aceleró cuando hizo falta. Eso, para mí, fue lo que inclinó la balanza. La diferencia física se notó, pero la diferencia táctica también.
“No es fácil jugar contra un amigo. Es una partida de ajedrez. Sin paciencia no le ganás.”Tomás Etcheverry
El pase a octavos tiene un valor especial para Etcheverry, porque es apenas su segunda segunda semana en un Grand Slam. La anterior fue en Roland Garros 2023. Desde entonces, el de La Plata venía peleándola en los majors sin poder pasar la barrera de la tercera ronda. Esta vez, en Flushing Meadows, la rompió. Y lo hizo en un partido donde la presión era doble: había un compatriota del otro lado de la red.
En la próxima ronda, Etcheverry esperará al ganador del cruce entre el venezolano Daniel Mérida y el estadounidense Alex Michelsen. Mientras tanto, la bandera argentina sigue flameando en Nueva York: Francisco Cerúndolo, número 25 del mundo, se medirá el sábado con Taylor Fritz, el local que viene de ser finalista del último US Open. Si gana el porteño, se podría dar un cruce entre argentinos en cuartos.
La historia del clásico y lo que viene
Para tomar nota y guardarla en el cuaderno: es la primera vez que dos argentinos se cruzan en el cuadro principal del US Open en la era abierta, según los registros que circulan entre los del tenis argentino. Un dato que no es menor, porque habla del presente del tenis nacional, con varios jugadores metidos en el top 50 y peleando de igual a igual con los mejores del mundo. El clásico, en este caso, lo ganó Etcheverry. Y lo ganó bien.
Mi pronóstico para la fecha siguiente: Etcheverry tiene con qué meterse entre los ocho mejores. Michelsen o Mérida no son los rivales que te cambian la vida, y el platense llega con el envión anímico y el físico entero. Si mantiene el nivel de servicio y la paciencia que mostró ante Navone, tiene boletos para soñar. Y yo, la verdad, lo voy a seguir de cerca. Porque cuando un argentino se planta en la segunda semana de un Grand Slam, uno se enciende. Y este Etcheverry, queridas y queridos, se encendió.
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