Fito Páez volvió a sentarse frente al piano y se animó a soñar con una batuta en la mano
El rosamino pasó por Otro día perdido, cantó al lado del camino y se preguntó en voz alta cómo se hace para pararse adelante de una orquesta entera. También habló de Charly, de la melena en movimiento y de las canciones que se van perdiendo.

Lo confieso de entrada: cuando supe que Fito Páez iba a estar en Otro día perdido, me acomodé en el sillón como si me hubieran convidado al living de un amigo. Y la verdad es que la visita tuvo esa calidez de sobremesa compartida, de esas en las que uno termina hablando de la vida sin darse cuenta. Porque lo que arrancó como una nota musical al piano se fue transformando, de a poco, en una conversación profunda sobre la música que suena por dentro y la que se pierde por afuera.
Todo comenzó cuando una espectadora del público, una mujer que todavía conserva los recitales del Flaqui en su memoria, le pidió al piano, sentada en una de las butacas tapizadas del estudio, que se animara con El amor después del amor. Fito sonrió, ajustó el banco, y en lugar de ese clásico arrancó con Al lado del camino, ese temazo que se pega como una marca en el pecho. Lo cantó mirando al piano, con la voz un poco cascada pero llena de verdad, como si le estuviera hablando a alguien que ya no está. El estudio se quedó en silencio durante los primeros acordes y después, inevitablemente, aplaudió.
La orquesta que todavía no dirige
Pero lo más jugoso de la noche llegó cuando Mario Pergolini le preguntó qué es lo que le falta, qué es eso que todavía está aprendiendo. Y Fito, que tiene más de cuatro décadas de carrera y discos que ya forman parte del ADN del rock argentino, dijo sin dudarlo: le obsesiona aprender a dirigir una orquesta. Me Passiona la máquina orquestal y cómo funciona, reconoció con los ojos iluminados, como un chico que vuelve a empezar. Ahí entendí algo: para un tipo que sabe tanto, todavía hay un montón de por devorar.
“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona.”Fito Páez
- Interpretó Al lado del camino al piano en vivo.
- Contó que quiere aprender a dirigir una orquesta.
- Rememoró la gira con Charly García y tocar de espaldas.
- Cerró el programa con canciones pedidas por Pergolini, Evelyn Botto y Rada Aristarán.
Después vino el recuerdo de Charly, inevitable en cualquier conversación con Fito. Mario le preguntó por qué, en aquella gira compartida, los dos tocaban de espaldas al público durante buena parte del show. Fito arrancó con una carcajada: Hay que preguntarle a Charly, dijo, como quien tira la pelota a la tribuna. Pero después se puso serio y explicó su propia lectura: García nunca terminó de blanquear el porqué, aunque él siempre pensó que era una idea visual, una decisión de escena, que el público viera una melena en movimiento. Me sirvió porque aprendí un montón, resumió Fito, reconociendo lo que aquella experiencia le dejó como aprendizaje profesional y humano.
Las canciones que se nos van de la memoria
Y acá la charla se volvió a poner interesante, porque Fito se permitió una preocupación que a mí, te juro, me dejó pensando un buen rato. Contó que hace unos quince años había hecho un concierto íntegramente con temas de Charly, canciones que uno supone que todo el mundo conoce de memoria, y se encontró con que había gente que no las reconocía. Eso lo marcó. Lo dijo con la voz un poco triste, como quien ve pasar un álbum de fotos y nota que faltan páginas. Habló del lugar de ese repertorio en la memoria cultural, de cómo se va olvidando aquello que parecía eterno, y me hizo pensar que a veces somos Tan solos como el abandono más crudo del rock nacional sin darnos cuenta.
El cierre del programa volvió a poner el piano en el centro de la escena. Fito regresó a las teclas y se mandó los temas que le fueron pidiendo Pergolini, Evelyn Botto y el Rada, que no paraba de proponer canciones desde el panel con una sonrisa enorme. Tocó, cantó, bromeó con los conductores y se fue dejando el estudio con el eco de sus acordes todavía dando vueltas. A mí me quedó dando vueltas algo que dijo casi al pasar, mientras acomodaba los papeles sobre el piano, una de esas frases que uno se lleva puesta cuando sale a la calle: La música no se jubila, se traspasa. Chau, Fito, hasta la próxima.
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