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Viernes, 16 de octubre de 2026
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"Gracias, equipo": la competencia por sobrevivir a un recorte de personal, según Netflix

La comedia española dirigida por Diego Núñez Irigoyen y escrita por los guionistas de "Fariña" se estrena este viernes en la plataforma, con Alexandra Jiménez al frente de unenco que retrata los arquetipos del mundo corporativo.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
"Gracias, equipo": la competencia por sobrevivir a un recorte de personal, según Netflix

Les confieso algo antes de arrancar la nota: cuando me senté a ver "Gracias, equipo" todavía tenía resonando en la cabeza una frase que me dijo el otro día una colega que conozco de toda la vida, mientras tomábamos un café en la confitería de la esquina, casi a la altura del Obelisco, después de una jornada larga. Me dijo, textual y con esa media sonrisa que suele usar cuando sabe que me está dejando pensando: "En cualquier oficina, cuando se anuncia un recorte, la gente deja de lado hasta el apellido". Y mientras transcurría esta comedia española que Netflix estrena este viernes 11 de septiembre, esa idea no me soltó en ningún momento. Pero vamos por partes, que la película bien lo vale.

"Gracias, equipo" arranca en un lugar que a cualquiera que haya trabajado en una empresa mediana o grande le va a resultar inmediatamente familiar: un retiro corporativo. Un hotel con sala de conferencias, un power point motivacional y un grupo de empleados que, en principio, están ahí para limar asperezas, fortalecer el compañerismo y volver a la oficina con la camiseta bien puesta. Hasta ahí, todo dentro de lo previsible. El problema, claro, es que nadie les avisó que la dirección iba a usar esa misma reunión para deslizar, de a poco, la noticia de que se vienen despidos masivos. Y ahí, como dice mi colega, el apellido pasa a segundo plano.

Un guion que sabe lo que quiere

La película no se presenta como una sátira despiadada del mundo corporativo ni como un drama laboral al uso. Su norte es entretener, y en ese terreno cumple con bastante solidez. El guion lleva la firma de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos guionistas españoles que vienen de trabajar en series de referencia como "Fariña", y eso se nota: hay mano para construir personajes con un arco claro, para dosificar la información y para sostener un ritmo que avanza con coherencia, sin los baches que suelen tener las comedias corales cuando se les va de las manos el reparto.

Lo que hace el libreto es ir desgranando, casi como un muestrario, los distintos arquetipos del universo laboral: el que se vende como el más leal, la que lleva años esperando un ascenso, el que cree que es imprescindible, la que trabaja en silencio pero sabe más de lo que dice. Todos ellos aparecen exagerados, sí, pero con el criterio cómico justo para que la caricatura no se vuelva insoportable. La competencia entre los empleados, una vez que se confirma el recorte, va escalando de forma gradual, y los personajes se mantienen lo suficientemente fieles a sí mismos como para que los giros no resulten forzados. El desenlace, si les soy honesta, se vuelve algo previsible antes de que llegue; lo noté mucho antes de que pasara. Pero el recorrido hasta ahí es francamente ameno, y a veces eso alcanza.

Quiero detenerme un segundo en Alexandra Jiménez, porque me parece que se lleva el peso del filme con notable solvencia. El personaje que le tocó exige ese delicado equilibrio entre el humor y un punto de vulnerabilidad que aparece sobre todo cuando la protagonista empieza a entender que las reglas del juego que ella creía conocer ya no valen. Jiménez resuelve esa combinación con una naturalidad que a veces cuesta encontrar en el género. Y no es un detalle menor: en una comedia coral, si la protagonista no funciona, todo se cae. Acá no se cae.

No pretende cambiar nada, y está bien que así sea

"Gracias, equipo" no llega para decirnos nada nuevo sobre la toxicidad laboral ni sobre la cultura del recorte. No es ese su objetivo. Pero sí ofrece, a los que peinamos canas y llevamos ya unos cuantos años pisando oficinas, una lectura moderadamente crítica sobre cómo se transforma la gente cuando siente en riesgo su estabilidad económica. No hace falta más para que uno, mientras mira la película en el sillón, repase mentalmente algún escenario laboral propio y piense, con una sonrisa algo incómoda, "a esto lo vi yo" o, peor todavía, "a esto lo hice yo".

“Les juro que cuando terminaron los créditos me acordé otra vez de mi colega del café cerca del Obelisco. Y entonces, ya en la puerta de casa, me salió decir en voz alta, casi sin querer, esa frase que ella me había regalado esa tarde y que la película, sin proponérselo, terminó de confirmar: en cualquier oficina, cuando se anuncia un recorte, la gente deja de lado hasta el apellido.”Mónica Aguirre, Cultura y espectáculos
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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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