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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Quebracho Noticias

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La inteligencia artificial en las aulas promete revolucionar la educación, pero un especialista inglés advierte que puede terminar agrandando la brecha entre ricos y pobres

Para Wayne Holmes, investigador del University College London, comparar a la IA con la calculadora es un error: las respuestas no siempre son correctas, tienden a repetir lo que ya se dice en internet y pueden reemplazar a docentes en lugar de ayudarlos.

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Rocío EncinaUniversidad y ciencia · · 3 min de lectura
La inteligencia artificial en las aulas promete revolucionar la educación, pero un especialista inglés advierte que puede terminar agrandando la brecha entre ricos y pobres

Cada vez que se menciona la inteligencia artificial en educación, aparecen dos voces: la de quienes la presentan como una solución mágica y la de quienes desconfían. Wayne Holmes, profesor del UCL Knowledge Lab, en la University College London, se paró firme en el segundo lado. Y a mí, como periodista, lo que más me llamó la atención es que su planteo no viene de un tecnófobo, sino de alguien que lleva años investigando exactamente cómo la IA impacta en la enseñanza.

No es lo mismo que apretar botones en una calculadora

Una de las comparaciones más repetidas en los últimos meses es la de la IA con la calculadora. Holmes la rechaza de plano. "Con una calculadora, si apretás los botones correctos en el orden correcto, obtenés la respuesta correcta siempre", dijo. Con la IA generativa el resultado es incierto: a veces acierta, a veces inventa, y muchas veces no lo sabemos hasta después. Para él, esa diferencia es clave: cuando un alumno le pregunta a la IA cómo se resuelve un problema de matemática, no puede estar seguro de que lo que tiene enfrente sea la respuesta correcta.

“Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos.”Wayne Holmes, investigador del UCL Knowledge Lab

Lo consulté a Lucas Giménez, becario de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UBA, y me dijo algo que coincide con la lectura de Holmes: "Muchos profesores me cuentan que los chicos les entregan trabajos hechos con ChatGPT que parecen perfectos pero tienen errores conceptuales graves. Lo confunden con seguridad lo que en realidad es verosimilitud".

La paradoja: la IA llega donde sobra menos

Hay un dato que a Holmes le preocupa especialmente. Las escuelas privadas de elite no se publicitan por tener mejor wifi ni más inteligencia artificial: se venden por sus docentes, por su proyecto pedagógico, por el inglés que enseñan, por el tipo de vínculo que establecen con los alumnos. La IA aparece, sobre todo, en los contextos donde faltan maestros. Y ahí está la trampa: en lugar de financiar más cargos docentes, se coloca una pantalla.

  • Respuestas poco confiables: la IA generativa produce lo que es estadísticamente más probable, no necesariamente lo verdadero.
  • Riesgo de reemplazo: en zonas con escasez de docentes, la tecnología tiende a sustituir en vez de apoyar al maestro.
  • Estandarización del pensamiento: como elige las palabras más comunes, invisibiliza enfoques minoritarios o críticos.
  • Aumento de la desigualdad: llega primero y con mejor calidad a las escuelas que menos la necesitan.

Para graficar el problema de la uniformidad, Holmes contó un experimento simple. Le preguntó a varias herramientas de IA qué problemas tiene el llamado "aprendizaje personalizado". Todas le respondieron lo mismo: que su única dificultad es la implementación. Ninguna puso en duda si el enfoque funciona. La razón es clara para el investigador: como la postura dominante en los textos con que se entrenaron estos sistemas es que el aprendizaje personalizado es positivo, esa es la respuesta que la máquina devuelve.

Esto, llevado a un aula, significa algo muy concreto: si un docente le pide a la IA que sugiera cómo trabajar con un estudiante que le cuesta leer, va a recibir el "paquete promedio" de internet, no una mirada crítica ni un enfoque que cuestione los presupuestos del propio modelo. Es como ir a la verdulería y comprar siempre el mismo tomate porque es el que más stock tiene: no es el mejor, es el que más se repite.

¿Y eso para qué sirve?

Entender este debate sirve para tomar decisiones como padres, como docentes y como ciudadanos. Si vamos a discutir presupuesto educativo, no es lo mismo pedir más computadoras con IA para una escuela rural que pedir cargos docentes que lleven años sin cubrirse. Y si somos docentes, saber que la IA puede equivocarse y repetir lo que ya está instalado en internet nos obliga a no tomarla como fuente única. Holmes lo dijo con una frase que resume todo: la educación es la base de la participación ciudadana, y debilitarla en nombre de la eficiencia tecnológica nos hace más desiguales a todos, también a los que creen estar a salvo.

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Rocío EncinaUniversidad y ciencia

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