La momia de 1999: cuando Brendan Fraser y Rachel Weisz rescataron al monstruo clásico con una aventura llena de arena, romance y maldiciones
A casi veinticinco años de su estreno, la película de Stephen Sommers sigue siendo una de esas cintas que se vuelven a ver con la misma sonrisa, y dio pie a una trilogía que se extendió hasta 2008.

A mí me pasa siempre lo mismo: cada vez que paso por el centro y miro la escultura de esa figura recostada sobre la fuente de la avenida, me acuerdo de la primera vez que vi La momia en el cine, ya entrado el milenio pasado, y de la sensación de estar frente a una aventura que mezclaba exploración, terror y romance como si fueran ingredientes de una misma pócima. Por eso me entusiasmo cada vez que alguien me pregunta por esta película, porque la memoria la rescata con la misma fuerza con la que Brendan Fraser y Rachel Weisz rescataron al monstruo clásico de Universal de la mano del director Stephen Sommers.
La historia arranca con una expedición a unas ruinas egipcias que se cruza con el peor hallazgo posible: la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una antigua maldición. El retorno de la momia convierte la búsqueda arqueológica en una carrera contra un peligro que amenaza con extenderse al mundo entero, y a partir de ese punto Sommers se aleja del tono solemne de la versión original de 1932 para abrazar un estilo más cercano al cine de aventuras al estilo Indiana Jones, con acción desaforada, sustos bien dosificados y una química entre los protagonistas que sostiene el relato de punta a punta.
Los personajes que sostuvieron la saga
- Rick O'Connell, el aventurero encarnado por Fraser, un tipo de acción con buen humor que termina siendo el ancla emocional de la historia.
- Evelyn Carnahan, la egiptóloga interpretada por Weisz, especialista obsesiva con los jeroglíficos y con un libro que casi le cuesta la vida más de una vez.
- Imhotep, el sacerdote maldito que vuelve a la vida con poderes sobrenaturales y se convierte en la amenaza que motoriza toda la trama.
- Jonathan Carnahan, el hermano de Evelyn, que aporta la cuota de comicidad y funciona como alivio dentro de la aventura.
La primera entrega llegó a los cines en 1999 y abrió una trilogía que se completó con El regreso de la momia, estrenada en 2001, y con La momia: La tumba del emperador Dragón, de 2008, donde Jet Li tomó el relevo como villano. Si bien la propuesta de Sommers recupera a la momia como monstruo clásico de Universal, lo hace dentro de un film orientado a la aventura, donde el terror convive con las escenas de acción y con el vínculo entre Rick y Evelyn, que pasa del roce inicial al romance con la naturalidad de dos personas que se conocen bajo presión.
Para quien quiera acercarse hoy a esta etapa de la saga, la película de 1999 es la puerta de entrada obligada, porque presenta a la pareja central, establece el cruce de géneros que define esta versión del personaje y muestra de dónde sale la maldición que después se va a extender por las otras dos cintas. Es, en definitiva, una de esas películas de aventuras que uno vuelve a ver cuando quiere sentirse chico otra vez, con la diferencia de que el público de cuarenta, cincuenta o sesenta años hoy puede redescubrirla con otros ojos y notar detalles que en su momento pasaron de largo, como el cuidado con el que Sommers trabaja las escenas en las tumbas o la manera en que la banda de sonido acompaña cada aparición de Imhotep.
“A mí me la vi tres veces en el cine y siempre salí con la misma sensación, como de haber hecho un viaje largo y volver contento a casa.”Espectador en la puerta del cine, porteño clásico
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