Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Quebracho Noticias

Quebracho Noticias

La nueva asistente del Richmond que le recuerda a todos por qué Nate Shelley fue una advertencia

Alice Chilton llega como entrenadora asistente del equipo femenino y, en apenas cinco episodios, empieza a reproducir el camino que llevó al colapso a Nate Shelley. La diferencia, esta vez, es que Ted parece haber aprendido la lección.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
La nueva asistente del Richmond que le recuerda a todos por qué Nate Shelley fue una advertencia

A mí me pasó, lo confieso, mientras veía el quinto episodio de esta temporada: antes de que el equipo femenino del Richmond saliera a la cancha, una señora de unos cincuenta y tantos, en la fila de los nachos del cine, le dijo a su hija «ojo con esta chica, que tiene la misma cara que ponía el rubiecito ese del bar», y la frase me quedó rebotando toda la función. Porque la serie hace exactamente eso: poner a Alice Chilton frente al espejo de Nate Shelley, con una incomodidad que se va volviendo familiar capítulo a capítulo, y obligarnos a preguntarnos si vamos a volver a mirar para otro lado como miramos durante dos temporadas.

Para quien haya perdido el hilo de los últimos años, vale la pena poner en contexto. Ted Lasso arrancó con un entrenador americano de fútbol universitario que aterrizaba en la Premier League sin saber casi nada de ese deporte, y construyó a su alrededor una comunidad, el AFC Richmond, donde la empatía era una herramienta de trabajo tanto como la táctica. En ese universo, el ascenso de Nate Shelley fue de los arcos más celebrados por el público: pasó de ser el chico del material, casi un extra simpático, a entrenador asistente, y hasta se ganó el apodo de «el pequeño Lasso». El mismo público que lo aplaudió fue el que, temporada tras temporada, vio cómo la inseguridad lo empujaba a la crueldad con quienes tenían menos poder que él, y cómo la tercera entrega intentó cerrarlo con una redención que dejó a más de uno con gusto a poco.

Chilton, el espejo que la serie pone delante del propio Ted

Lo interesante de la cuarta temporada es que la serie no se limita a repetir el arco: lo pone a Ted cara a cara con alguien que está empezando a recorrer ese mismo camino, y le da la oportunidad de reaccionar distinto. Alice Chilton, interpretada por Tanya Reynolds, llega como asistente del equipo femenino con un currículum que la hace parecer una Roy Kent en versión moderna: carácter fuerte, conocimiento táctico y una lengua que no se calla. El quinto episodio, sin embargo, la corre hacia un lugar más oscuro. Chilton descubre, en pleno entrenamiento, que las jugadoras están más interesadas en la vida personal de Ted que en sus indicaciones. La escena es breve, pero la violencia verbal que descarga sobre una de ellas congela el plano: es el instante exacto en el que el personaje deja de ser entrañable para empezar a preocupar.

  • Talento reconocido y frustración acumulada, igual que Nate en sus primeras apariciones.
  • Dificultad para encajar en la cultura de equipo que Ted promueve, donde el crecimiento colectivo pesa más que el brillo individual.
  • Sensación de no recibir la misma atención que sus pares, que se va transformando en irritación primero y en agresividad después.
  • Un antecedente con Gemma, una jugadora que llegó a alejarse del fútbol por las críticas de la propia Chilton, y que condiciona cómo el resto del cuerpo técnico la lee.

Lo que cambia esta vez no es el personaje que se desborda, sino la respuesta del que tiene que decidir qué hacer. Ted, en lugar de esperar a que el daño sea irreparable, suspende a Chilton durante un partido en cuanto detecta que su comportamiento perjudica al grupo. La decisión llega sin grandilocuencia, sin discursos edificantes, casi como una decisión de vestuario. Y es ahí donde la serie marca un punto de inflexión: ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras, y esa diferencia, que parece mínima, es la que separa al Ted permisivo de las primeras temporadas del Ted que empieza a entender que la bondad sin límites también puede ser una forma de abandono.

Ahora bien, sería injusto cerrar acá sin admitir lo que todavía no se sabe. La temporada tiene episodios por delante, y el guion deja la puerta abierta a que Chilton haga el camino inverso al de Nate, que entienda la señal y corrija antes de romper algo que no tenga arreglo. También puede pasar lo contrario: que la serie elija mostrar que no todas las historias se salvan con un buen entrenador al lado. Lo concreto, por ahora, es que Ted Lasso pone sobre la mesa una pregunta incómoda: cuántas veces vimos a Nate y elegimos mirar para otro lado porque todavía nos caía simpático, y cuántas veces vamos a repetir ese error con esta nueva asistente. A la salida del cine, mientras esperaba mi turno para pedir un café, escuché a un chico joven decirle a su amigo «a este lo vamos a querer y lo vamos a odiar antes de que termine la temporada», y la verdad es que no se me ocurre una mejor manera de resumir lo que se viene.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo