La última vez de Die Toten Hosen en Buenos Aires: una noche de punk, cánticos y despedidas que ya tiene fecha en el calendario del rock argentino
El quinteto alemán cerró en el Movistar Arena una historia de más de tres décadas con el público local, repasó himnos en castellano y se rodeó de figuras del punk porteño como Ciro Pertussi, Luciano Scaglione, Sergio Gramática y Mosca Velázquez

Antes de que Die Toten Hosen pisara el escenario del Movistar Arena, en el corazón de Villa Crespo, ya se escuchaba ese murmullo compacto del público que suele anticipar las noches grandes: grupos de amigos acomodándose en las plateas, camisetas negras con letras blancas, algunos con parches que viajaban desde hace años en el mismo jean. Yo me ubiqué cerca de la popular y la verdad es que la primera persona con la que crucé mirada fue una chica de unos cincuenta y tantos que me dijo, mientras mostraba la pulsera del sector: "Vine por mi hijo, pero yo los vi en Cemento en el 96". Ahí nomás entendí que la cita de este sábado no era solo un recital: era una despedida compartida.
La banda alemana cerró en Buenos Aires su última gira por el país, con entradas agotadas, luego de pasar por Tandil y Rosario. El show se estiró casi hasta las dos horas y el setlist 33 canciones repartidas en el cuerpo principal y dos bises, un repaso extenso por un vínculo que comenzó en 1992, cuando Die Toten Hosen se presentó por primera vez en la Argentina en la discoteca Halley, en una fecha compartida con Pilsen, el proyecto que Enrique "Pil" Chalar había formado tras la separación de Los Violadores. Desde entonces acumularon más de quince visitas, incluida una tocada en 1996 junto a Iggy Pop y los Ramones, y otra en pleno San Telmo en 2015.
Un repertorio que cruza idiomas y generaciones
Sobre el escenario se escucharon himnos que el público local siente propios: Donde las águilas se atreven, 1,2 ultraviolento, Represión y Ya no sos igual, junto a clásicos alemanes como Bonnie & Clyde y Hier Kommt Alex. También hubo lugar para Reisefieber, del álbum debut del grupo, y para una versión de Should I Stay or Should I Go que sonó a homenaje y a guiño a la vez. El cierre, como no podía ser de otra manera, llegó con You'll Never Walk Alone, ese tema que en la Argentina se popularizó ligado al fútbol pero que en el repertorio de los Hosen funciona como una declaración de pertenencia.
- 33 canciones en el cuerpo principal y dos bises.
- Invitados argentinos: Ciro Pertussi y Luciano Scaglione de Attaque 77, Sergio Gramática de Los Violadores y Mosca Velázquez de 2'.
- Dave Campino recorrió el escenario con Mosca Velázquez durante uno de los temas.
- Cierre con You'll Never Walk Alone, el clásico del repertorio conocido popularmente como "Nunca caminarás solo" en las canchas.
- Previamente, shows agotados en Tandil y Rosario.
- La gira marca el final de las visitas de la banda al país: no hay fechas futuras anunciadas.
Los invitados argentinos fueron, a mi entender, el corazón de la noche. Ciro Pertussi y Luciano Scaglione, de Attaque 77, compartieron escenario con los alemanes en un cruce de generaciones del punk porteño; Sergio Gramática, de Los Violadores, se subió a cantar como aquel que vuelve a un lugar donde ya estuvo hace décadas; y Mosca Velázquez, líder de 2', acompañó a Dave Campino en un recorrido por el escenario que levantó al Movistar Arena. Ver a Campino cantando en castellano junto a voces que vienen de la misma raíz callejera del punk local fue uno de esos momentos que justifican, por sí solos, haber aguantado la cola de la popular.
Un vínculo de casi 35 años con la Argentina
La historia de Die Toten Hosen con el público argentino se construyó durante casi 35 años y los terminó ubicando, por derecho propio, en una línea que en nuestro país también integran los Rolling Stones, Guns N' Roses y los Ramones: la de los grupos extranjeros con mayor arraigo en estas tierras. La diferencia es que los Hosen cultivaron ese cariño a fuerza de volver una y otra vez, de cantar en castellano cuando hacía falta y de rodearse, en cada visita, de músicos locales. Esta vez, además, le pusieron un punto final: la banda no anunció fechas futuras en la Argentina, lo que convierte a este show en una pieza de archivo emocional para quienes estuvimos ahí.
A la salida, mientras caminaba hacia la estación y pasaba otra vez por la zona del Obelisco donde tantas veces vi congregarse a la gente, me crucé con un señor de unos sesenta que llevaba en la mano una remera negra firmada. Me dijo, con una mezcla de alegría y resignación que conozco bien: "Ahora sí, ya está, no queda otra que cuidarla". Yo le respondí que sí, que había que cuidarla, y le sumé una reflexión que me parece justa compartir con ustedes: la mejor manera de honrar una despedida de este tipo es no quedarse en el reproche ni en la nostalgia vacía, sino entender que durante casi cuatro décadas un grupo de punk alemán y un público argentino se eligieron mutuamente, y que eso, en un mundo que suele mirar para otro lado, ya es bastante. Die Toten Hosen se fue, pero deja una estela que va a tardar en apagarse.
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