La última vuelta de Rubén Rada entre aplausos, candombe y una banda que no se quería ir
El Palacio Legislativo de Montevideo abrió sus puertas durante siete horas para despedir al músico uruguayo; antes de que se bajara el primer telón, ya había gente esperando bajo el sol, y a la salida quedó flotando una frase que se repitió como un mantra colectivo.

Lo vi claro cuando todavía no habían abierto las puertas del Salón de los Pasos Perdidos y ya había una señora con un pañuelo en la mano, parada en la vereda de la Avenida del Libertador, mirando el reloj como si el reloj tuviera la culpa de la demora. Después entendí que no era ansiedad: era el gesto de alguien que necesitaba estar ahí, cerquita del féretro de Rubén Rada, antes que cualquier cámara, antes que cualquier autoridad. Esa mujer, me animo a decir, fue la primera protagonista de una jornada que se extendió desde las dos de la tarde hasta las nueve de la noche y que tuvo mucho más de encuentro popular que de ceremonia formal.
Un Salón de los Pasos Perdidos que se volvió un tablado
Porque la cosa empezó como un velatorio y terminó como un tablado. A eso de las cuatro de la tarde, un puñado de músicos argentinos que habían cruzado el charco para el abrazo se juntó con los hijos del Negro, con su esposa Patricia Jodara y con el compositor Jorge Nasser frente al cajón, y largaron Blumana como quien descorcha un vino viejo: con respeto, pero también con la alegría que el propio Rada había pedido que tuviera su despedida. Después vino Muriendo de plena, y ahí el salón entero se prendió con palmas marcando la clave de candombe, como si la gente hubiera estado esperando la señal para dejar de ser público y pasar a ser coro.
León Gieco estaba ahí, con su guitarra a cuestas y la cara larga de quien pierde a un hermano que no es de sangre pero lo parece. Natalia Oreiro se acomodó entre los hijos y cantó bajito, como quien reza en voz alta. Ricardo Mollo se acomodó la vincha y metió la voz en Blumana con ese timbre áspero que le sale cuando quiere, no cuando puede. Lo contaban los que estaban cerca, y uno les creía porque se les notaba en la mirada ese brillo que deja una Loss compartida con desconocidos.
El Presidente, la abuela de la esquina y el Congo
El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial y se hizo un rato en el salón. Después, en la rueda de prensa, contó cosas que quedaron flotando en el aire como ceniza buena: recordó una actuación de Rada en Corea donde el público se paró de sus sillas sin entender una sola palabra en español, y mencionó que los militares uruguayos desplegados en el Congo solían cerrar la jornada escuchando Mi país. Esto no para, dijo sobre los homenajes que se multiplican desde el miércoles, cuando Rada murió a los 83 años tras un mes de internación por una neumonía bilateral. Y remató con una frase que sonó a pedido y a diagnóstico al mismo tiempo: Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría.
Mientras tanto, Matías Rada -uno de los tres hijos del músico- recibía condolencias con esa paciencia enorme que solo tienen los que saben que el dolor es una gimnasia diaria. Familiares, colegas, viejas glorias del candombe, fans de toda la vida, chicas que lo descubrieron en una playlist y varones que lo escuchaban desde la adolescencia se fueron turnando en la fila que nunca se cortó del todo.
La escultura de la avenida, el barrio Palermo y el Cementerio del Norte
Para mí hay una imagen que resume todo y que no es una imagen del salón: es la del Monumento a José Gervasio Artigas, ahí en la plaza Independencia, que mira al Palacio Legislativo como diciéndole tranquilo, hermano, que yo me quedo custodiando la calle mientras ustedes despiden al Negro. Es la escultura que más miro cada vez que cruzo la rambla, y esta vez me sirvió de mojón mental para entender la magnitud de lo que estaba pasando adentro.
- El velatorio se extendió de 14.00 a 21.00 del jueves 27 de agosto, con ingreso por Avenida del Libertador.
- El sepelio será el viernes 28 a las 11.00, con cortejo desde Isla de Flores y Santiago de Chile, en Palermo, hasta el Cementerio del Norte.
- Entre los músicos argentinos presentes estuvieron León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo.
- Rada había pedido que su despedida tuviera tono de alegría, según contó el presidente Orsi.
- Falleció el miércoles 26 de agosto a los 83 años, tras un mes de internación por neumonía bilateral.
Cuando salí del Palacio Legislativo, ya entrada la noche y con el aire fresco de agosto revolviendo el pelo, escuché a un pibe que le decía a la madre por teléfono: Ma, no me voy a poder sacar más la melodía de la cabeza. La madre le respondió algo que no alcancé a oír, pero me quedó dando vueltas esa idea de que hay músicas que no se despiden nunca, aunque el dueño del micrófono se haya ido para siempre. Y miré otra vez hacia la plaza, vi la silueta del Artigas recortada contra el cielo de Montevideo, y me acordé de que Rada siempre decía que el candombe era el corazón del Uruguay. Ayer, en el Salón de los Pasos Perdidos, ese corazón latió más fuerte que nunca.
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