La Unión se trajo de Vicente López un triunfo que se le hizo cuesta arriba
El conjunto formoseño construyó 19 puntos de ventaja antes del descanso, vio cómo Platense le descontó hasta cuatro en el último cuarto y festejó en su segunda presentación en la Liga Nacional. Fue 90 a 86, con un final que mantuvo la incertidumbre hasta el último minuto.

Salí del gimnasio con una sonrisa que me costó aguantar hasta la vereda. La Unión de Formosa se había quedado con un partido que tenía prácticamente cocido desde el primer tiempo, lo dejó enfriar en el último cuarto y terminó ganándolo por la mínima, 90 a 86, en su visita a Platense. Yo lo viví con la angustia del que ve cómo una diferencia de 19 puntos se le desangra al equipo que uno quiere, pero también con el alivio del que termina festejando. Y acá estoy, contándoselo.
El arranque fue una pelea de guantes. Platense y La Unión se midieron en los primeros minutos con mucha marca y poco gol, hasta que la visita empezó a encontrar los espacios. El primer cuarto se cerró 28 a 19 a favor de los formoseños y ya dejó la primera señal: cuando La Unión encontraba el aro, el local corría detrás de la pelota. El segundo período fue un festival del equipo de Formosa. Errores de Platense, transiciones rápidas, goles cerca del cesto y un parcial que llevó el tanteador a 57 a 38 al irse al vestuario. Veintipico de diferencia. Una enormidad.
Minuto 20: el entretiempo y la diferencia que parecía definitiva
57 a 38. Diecinueve abajo para el Calamar. Lo que se dice un partido cerrado como un puño en contra. La Unión había hecho el trabajo sucio en la primera mitad: ajustar la defensa, correr la cancha y castigar las pérdidas del local. Platense buscaba respuestas desde el triple, pero la noche no le ayudaba. El perímetro no entraba, y cuando un equipo tira de afuera y no le entra, todo se vuelve cuesta arriba.
El complemento fue trabado, físico, con muchas faltas y poco ritmo. La Unión administró la ventaja sin brillar, Platense acercó con algunos ingresos cerca del cesto pero volvió a fallar de tres. El tercer cuarto se fue con un marcador que mantenía la renta visitante en 17 puntos: 77 a 60. Ahí nomás, a diez minutos del final, uno pensaba que la historia estaba liquidada. Y se equivocaba.
Minuto 30: el último cuarto, cuando el Calamar se levantó
El último período fue otra cosa. Platense se acordó de cómo jugar. Tuvo más la pelota, atacó con paciencia, buscó el cesto y, sobre todo, dejó de tirar tantos triples forzados. La defensa de La Unión empezó a pasarla mal con las penetraciones y los rebotes ofensivos del local. Parcial de 26 a 13 en esos diez minutos finales. Cuatro puntos de diferencia con el reloj corriendo. Se me paró el corazón más de una vez.
Pero no alcanzó. La Unión sostuvo la ventaja mínima en el cierre, con faltas intencionales del local que no llegaron a modificar el resultado final. Platense se quedó con su segunda caída al hilo en la Liga Nacional, después de la derrota ante Quimsa en el debut. Para La Unión, en cambio, fue el primer éxito de la temporada, después de haber caído en el estreno.
- La Unión llegó al descanso 57 a 38 arriba, con 19 puntos de diferencia.
- El tercer cuarto se cerró 77 a 60, con 17 de renta para la visita.
- Platense ganó el último período 26 a 13 y quedó a cuatro.
- El local acumula dos caídas consecutivas en el inicio de la Liga Nacional.
El clásico del básquet formoseño y lo que viene
Dato histórico para los memoriosos: La Unión de Formosa y Platense se midieron en partidos clave por la permanencia en temporadas pasadas, y pocas veces la visita se había llevado algo de Vicente López. En la Liga Nacional, ganar en la cancha del Calamar siempre fue un trámite difícil para los formoseños. Por eso este 90 a 86 tiene un sabor especial para el conjunto del interior, que rompe una racha y se da aire en el arranque del torneo. La próxima fecha, La Unión recibirá a Olímpico de La Banda en Formosa, un rival directo por la zona media de la tabla, y Platense visitará a San Lorenzo en Boedo, una parada brava para un equipo que necesita cortar la racha de dos caídas. Yo, Osvaldo Espíndola, me vuelvo a mi casa con la libreta llena y el corazón un poco más tranquilo. Nos leemos en la próxima.
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