León XIV y el tumor que más golpea a los no fumadores: qué dice la ciencia sobre un adenocarcinoma pulmonar
El Vaticano confirmó que al Papa le practicaron una lobectomía en el Policlínico Gemelli de Roma. El neurólogo Conrado Estol explicó cómo se establece el pronóstico y por qué el adenocarcinoma es el subtipo más frecuente en personas que nunca fumaron.

A María le cambió la vida un día de otoño de 2023. Entró al consultorio con una molestia que arrastraba desde hacía meses y, después de un estudio por imágenes y una biopsia, escuchó por primera vez una palabra que hasta entonces le resultaba ajena: adenocarcinoma de pulmón. No había fumado nunca, tenía 52 años, hacía deportes y llevaba una vida ordenada. La confusión, el miedo y la pregunta inevitable -por qué a mí, si nunca encendí un cigarrillo- la acompañaron durante las primeras semanas. La historia de María, vecina de un partido bonaerense, se parece en sus trazos gruesos a la que esta semana sacudió al mundo entero: el papa León XIV fue operado de un adenocarcinoma pulmonar y le extirparon el lóbulo inferior derecho en el Policlínico Gemelli de Roma.
El adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más común entre las personas que no fuman, y representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en ese grupo, según explicó el neurólogo Conrado Estol a este portal. Esa cifra, que a primera vista sorprende, sirve para entender por qué un diagnóstico de cáncer de pulmón no equivale automáticamente a una historia de tabaco. Suele localizarse en la periferia del pulmón, lo que produce una paradoja clínica: al no obstruir un bronquio principal, puede crecer durante meses o años sin dar síntomas evidentes y aparecer recién cuando ya tiene cierto tamaño.
Una cirugía con lógica oncológica precisa
La intervención que le practicaron al Sumo Pontífice duró alrededor de noventa minutos y consistió en una lobectomía -la extracción del lóbulo completo- mediante cirugía videoasistida, una técnica mínimamente invasiva que se realiza con pequeñas incisiones y una cámara. ¿Por qué no se extrae solo el nódulo? La decisión responde a una lógica oncológica precisa: quitar todo el lóbulo asegura márgenes libres de células tumorales y, al mismo tiempo, le permite al patólogo analizar con detalle los tejidos adyacentes, incluidos los ganglios linfáticos cercanos y la pleura. Durante la operación, un especialista puede examinar muestras en tiempo real para distinguir entre cáncer, fibrosis o cicatrices, aunque el diagnóstico definitivo siempre requiere el estudio microscópico posterior.
El Vaticano informó que la evolución posoperatoria fue normal: el paciente retomó la alimentación habitual, realizó kinesiotapia respiratoria y comenzó a caminar dentro de su habitación. Son señales que los equipos médicos suelen considerar auspiciosas en las primeras 48 a 72 horas, aunque no reemplazan a los estudios que marcarán el rumbo del tratamiento en las semanas siguientes.
Qué falta saber para estimar el pronóstico
Estol aclaró que el pronóstico aún no puede establecerse públicamente porque dependen de datos que el Vaticano no difundió. Tres variables pesan de manera determinante: el tamaño exacto del nódulo, el estado de los ganglios linfáticos cercanos y si la pleura presentó compromiso. Como escenario hipotético orientativo, el especialista planteó que, si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y no hay compromiso pleural, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento. La cifra, que parece contradictoria con la gravedad del diagnóstico, refleja lo que ocurre cuando se detecta un adenocarcinoma pequeño, periférico y sin diseminación detectable.
Más allá de la cirugía: la genética del tumor
- Laboratorios especializados analizan la genética del tumor para detectar mutaciones específicas como EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET.
- Cuando se identifica una de esas alteraciones, se pueden indicar terapias dirigidas que se administran por vía oral.
- La inmunoterapia es otra alternativa y se aplica por vía intravenosa.
- Ambas opciones pueden perder efectividad con el paso del tiempo, por lo que el seguimiento oncológico continuo es parte central del tratamiento.
En el caso de María, el estudio genético finalmente encontró una mutación tratable con una terapia oral específica. Hoy, casi dos años después, sigue en controles periódicos y, cada vez que puede, repite la misma frase a quien quiera escucharla: nadie está a salvo de un diagnóstico así, pero tampoco nadie tiene por qué resignarse de antemano. Como advirtió Estol, los avances en biología molecular transformaron lo que hasta hace poco era un pronóstico uniforme y sombrío en un abanico de posibilidades cada vez más personalizado.
Para quienes quieran profundizar o requieran orientación, el Instituto Nacional del Cáncer -Argentina- atiende de lunes a viernes de 9 a 16 en su línea gratuita 0800-444-4000, donde equipos interdisciplinarios asesoran sobre estudios, derivaciones y centros de tratamiento en todo el país. También funcionan los servicios de oncología de los hospitales públicos de agudos, donde la consulta inicial puede solicitarse sin turno previo por la ventanilla de guardia.
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