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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Lizzie Borden, el hacha y la pantalla: la nueva entrega de la antología de Ryan Murphy que reaviva un caso del siglo XIX

Con Ella Beatty como protagonista, la miniserie sobre la mujer sospechosa de matar a su padre y a su madrastra debutó con 12,1 millones de visualizaciones en Netflix y se ubica primera en 60 países, aunque quedó por debajo de las entregas anteriores de la franquicia.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Lizzie Borden, el hacha y la pantalla: la nueva entrega de la antología de Ryan Murphy que reaviva un caso del siglo XIX

Les voy a ser honesta: antes de mirar esta serie yo no tenía idea de quién era Lizzie Borden, y me animé a buscarla recién cuando una compañera del diario me dijo que la había empezado el domingo a la noche y que no la podía soltar. Entonces me senté frente al televisor con el mate al lado y dejé que Netflix hiciera lo suyo. La nueva entrega de la antología Monstruo, creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, vuelve a poner sobre la mesa un caso criminal real, pero esta vez con una protagonista femenina, algo que ya en sí mismo cambia el clima de la saga y la obliga a reconfigurarse para no quedar atada a la sombra de Jeffrey Dahmer.

La elegida para ponerle el cuerpo y la mirada a Lizzie es Ella Beatty, una actriz joven que carga con un apellido pesado en el ambiente artístico y que acá se anima a meterse en la piel de una mujer señalada durante más de un siglo como la famosa loca del hacha. La serie recorre en ocho episodios el asesinato de su padre y de su madrastra, un hecho ocurrido a fines del siglo XIX en Fall River, Massachusetts, y reconstruye no solo el crimen sino también el juicio, la presión social y el modo en que la prensa de la época fue construyendo un mito que todavía hoy sigue vigente en la cultura popular.

Una franquicia que cambió de objeto pero mantiene la fórmula

Lo que más me llamó la atención, mientras avanzaba capítulo tras capítulo, es que Monstruo ya no necesita al asesino monstruoso del primer ciclo para sostenerse. La saga empezó con Dahmer, siguió con los hermanos Menéndez y más tarde con Ed Gein, y ahora se anima con Lizzie Borden, un personaje que no es un asesino serial clásico sino una mujer sospechada, nunca condenada, cuya historia funciona casi como un thriller deión social. Ese corrimiento del foco, sumado a la sensibilidad con la que Murphy y Brennan trabajan el contexto de época, le da a esta entrega un aire distinto dentro de la franquicia y le permite conversar, de manera menos morbosa y más incómoda, con el presente.

  • Formato: miniserie de ocho episodios, basada en un caso criminal real.
  • Protagonista: Ella Beatty en el papel de Lizzie Borden.
  • Franquencia: cuarta entrega de la antología Monstruo, tras Dahmer, Menéndez y Ed Gein.
  • Debut: 12,1 millones de visualizaciones en su primera semana.
  • Posición en Netflix: número uno en 60 países en su estreno.
  • Reseñas: 42% de críticas positivas en Rotten Tomatoes, la segunda peor valoración de la saga.

Ahora, si nos ponemos fríos con los números, el debut dejó a la producción en un lugar incómodo. Los 12,1 millones de visualizaciones que difundió la plataforma la dejaron primera en 60 países, sí, pero también la ubicaron como la entrega con el arranque más bajo de toda la franquicia. La serie de Dahmer había arrancado con 22 millones, la de los Menéndez con 12,3 millones en 2024 y la de Ed Gein con 12,2 millones. Es decir, la diferencia con las dos anteriores es chica, pero existe, y sirve para entender que el público masivo todavía no terminó de familiarizarse con Lizzie como personaje serializable, más allá del famoso dodecasílabo infantil que muchos de nosotros repetimos de chico sin saber muy bien de dónde venía.

La crítica, entre la incomodidad y la fascinación

Las reseñas tampoco acompañaron del todo: el 42 por ciento de críticas positivas en Rotten Tomatoes la deja como la segunda peor valorada de la saga, lo que no significa que sea mala sino que, para buena parte de la prensa especializada, le cuesta encontrar el equilibrio entre el retrato histórico y el espectáculo. Igual, vale la pena sentarse a verla sin leer demasiadas reseñas previas, dejándose llevar por la actuación de Beatty y por el modo en que la serie trabaja la presión de ser una mujer sospechada en una época en la que la prensa ya empezaba a funcionar como tribunal paralelo.

Antes de cerrar, hago un alto y miro por la ventana del living: ahí está, como siempre, la silueta de la Floralis Genérica plateándose con el sol de la tarde, testigo mudo de todos los estrenos que vamos comentando en casa. Y mientras pienso en Lizzie, en el hacha, en el juicio y en Netflix, me acuerdo de lo que me dijo un señor ya grande, de saco gris y portafolios gastado, en la puerta del cine al salir de otra función: yo ya no sé si quiero ver series sobre asesinos o si quiero ver qué clase de sociedad los fabrica. Me quedé pensando en esa frase el resto de la tarde, y me parece que es la mejor manera de despedir esta nota.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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