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Los hijos que heredan la herida: el trauma de los rescatistas del 11-S que sigue vivo en sus familias

Una investigación de Columbia siguió durante 25 años a 270 hijos adultos de socorristas con estrés postraumático y encontró que más del 20% tiene depresión y una cuarta parte, algún trastorno de ansiedad. Especialistas llaman a incorporar a toda la familia en los tratamientos de salud mental.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Los hijos que heredan la herida: el trauma de los rescatistas del 11-S que sigue vivo en sus familias

Marina tenía apenas ocho años cuando vio a su padre volver del Bajo Manhattan con el uniforme cubierto de polvo gris y los ojos perdidos en un lugar al que ella no podía llegar. Pasaron los años, crecieron, ella terminó la universidad, se recibió de arquitecta y se fue a vivir sola a Brooklyn. Pero hay mañanas en que se despierta con un nudo en el estómago que no sabe ubicar, le contó a su terapeuta, y noches en que una sirena de bomberos a tres cuadras la deja paralizada sin razón aparente. El 11 de septiembre de 2001 ocurrió cuando ella todavía no había nacido, y sin embargo, asegura, lo lleva pegado al cuerpo.

Veinticinco años después de los atentados contra las Torres Gemelas, las consecuencias psicológicas siguen activas en personas que no pisaron la zona de los ataques. Un equipo del Columbia University Irving Medical Center siguió a 270 hijos adultos de rescatistas y trabajadores de recuperación que habían sido diagnosticados con trastorno de estrés postraumático (TEPT) poco después del 11-S, y encontró niveles elevados de depresión, ansiedad y síntomas de pánico que persisten hasta hoy. Todos los participantes tenían menos de 18 años cuando ocurrió la tragedia; el estudio, publicado en la revista PLOS Mental Health, cruzó encuestas respondidas por padres e hijos con registros del World Trade Center Health Program y concluyó que más del 20 por ciento de esos hijos adultos presenta depresión y más de una cuarta parte padece algún trastorno de ansiedad.

Un trauma que se hereda sin haberlo visto

La profesora Yael Cycowicz, autora principal del trabajo, es tajante con la explicación. Los hijos no presenciaron la destrucción de las torres, dice, pero crecieron en hogares atravesados por sus consecuencias. Citada por el propio medio universitario, la investigadora describe un mecanismo de transmisión indirecta: los chicos no necesitaban que se les contara lo que había pasado en el lugar del desastre para absorber sus efectos. No tenían que hablar de eso, pero en su conducta comunicaban de algún modo su miedo, ansiedad, desconfianza y preocupación, señaló Cycowicz. Esa hipótesis ayuda a entender por qué el patrón dominante en los hijos no es el TEPT, sino la depresión y la ansiedad, que son más coherentes con la exposición sostenida al estado mental de un padre o una madre.

  • Riesgo mayor cuando el progenitor llegó temprano al sitio del atentado y permaneció allí durante los primeros veinte días.
  • Mayor probabilidad de depresión en los hijos cuando la depresión actual del padre o de la madre se mantiene activa.
  • Los hijos de padres con TEPT actual registran más TEPT, pánico y depresión en la descendencia.
  • Los vínculos padre-madre e hijos más negativos se asocian con más síntomas depresivos y trastorno por consumo de alcohol en los hijos.
  • Una menor calidez en el trato cotidiano se relaciona con más ansiedad en los hijos adultos.

El estudio también midió el peso de la relación familiar y el peso del entorno. Los vínculos más deteriorados se asociaron con más síntomas depresivos y con trastorno por consumo de alcohol en los hijos, mientras que una menor calidez en el trato se relacionó con más ansiedad. El apoyo social, en cambio, operó en sentido contrario: mejores redes comunitarias amortiguaron parte del impacto. Para los investigadores, la conclusión es incómoda y a la vez sencilla: cuando se trata a un rescatista con TEPT hay que tratar a la familia entera, porque el trauma no se detiene en la persona que lo vivió.

“Los hijos no tenían que hablar de eso, pero en su conducta comunicaban de algún modo su miedo, ansiedad, desconfianza y preocupación. Eso explica por qué el patrón dominante no es el TEPT sino la depresión y la ansiedad, más coherentes con la exposición sostenida al estado mental de un padre o una madre.”Yael Cycowicz, autora principal del estudio (Columbia University Irving Medical Center)

En la Argentina, lejos de las coordenadas del Bajo Manhattan, la historia de Marina replica lo que psicoterapeutas de trauma observan en familias de sobrevivientes de la última dictadura militar o de accidentes masivos. Quienes necesitan orientación pueden acercarse al Centro de Asistencia al Suicida (CAS), que atiende las 24 horas en el 0800-4444-400 desde cualquier punto del país, o consultar en los servicios de salud mental de hospitales públicos en horario de 8 a 14 horas. También funciona en la Ciudad de Buenos Aires la línea Salud Responde, 0800-222-1002, gratuita y operativa todos los días.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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