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Madrecitas de agua: los peces nativos que la UBA reparte gratis para frenar el dengue en los barrios

Un equipo de la Facultad de Agronomía cría y entrega desde 2022 dos especies autóctonas capaces de comerse hasta cien larvas de mosquito por día. Ya repartieron más de 20.000 ejemplares a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias.

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Teresa LeivaSociedad y salud · 26 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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A Norma le cambió la rutina un martes de octubre, cuando un vecino del barrio le acercó una bolsita con agua y dos peces diminutos. "Me dijo que los ponga en el bebedero del perro, que mientras hubiera larvas se las iban a comer", cuenta esta vecina del conurbano bonaerense, que hasta entonces había hecho una y otra vez el mismo trabajo de todos los veranos: vaciar baldes, dar vuelta macetas y rezar para que la fumigación municipal pasara por la cuadra. Norma no lo sabía todavía, pero esos dos ejemplares de apenas unos centímetros pertenecían a un programa que la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires viene sosteniendo desde 2022 con resultados que ya empiezan a sentirse en territorio.

El dato que le da escala al asunto es el de la última gran temporada de dengue en la Argentina, la 2023-2024, cuando se confirmaron más de 580.000 casos y 419 personas murieron a causa de la enfermedad, la cifra más alta registrada hasta ahora en el país. Con esa mochila a cuesta, la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA dejó de ser un ámbito estrictamente académico y pasó a funcionar como un pequeño centro de distribución de vida: cada año entrega miles de peces a familias, escuelas y organizaciones que los liberan en reservorios de agua donde las técnicas tradicionales no llegan o resultan poco prácticas.

Dos especies, una misma misión

Las protagonistas del proyecto son la Cnesterodon decemmaculatus y la Jenynsia lineata, dos especies de agua dulce conocidas popularmente como "madrecitas de agua". Son peces nativos, rústicos, adaptados a vivir en charcos, zanjas y cuerpos de agua temporarios, justamente los ambientes que el mosquito Aedes aegypti elige para dejar sus larvas. La gran ventaja operativa es que un ejemplar adulto puede consumir hasta cien larvas por día, lo que los vuelve una herramienta muy potente en lugares donde fumigar o vaciar el agua no es una opción.

  • Dónde se los puede colocar: piletas de lona, bebederos de animales, estanques, tanques sin tapa y otros reservorios domésticos de difícil vaciado.
  • Por qué sirven: cada pez adulto come hasta 100 larvas de mosquito por día, en un trabajo silencioso y continuo.
  • Qué mantenimiento requieren: alimento balanceado para peces o, en su defecto, unas pocas hojitas de lechuga cada tanto.
  • Qué condiciones necesitan: agua dulce y algo de sombra; resisten variaciones de temperatura y la falta de oxígeno que caracteriza a los reservorios chicos.
  • Cómo se los obtiene: se piden de forma gratuita a la Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA.

Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto, fue claro al describir el perfil de estos animales: "Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad". En su lectura, la iniciativa se pensó como un complemento, no como un sustituto, de las campañas de descacharrado y fumigación que se realizan todos los años.

“Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo.”Alejandro López, responsable del proyecto

La coordinadora del programa, Ana Paula Baldonedo, insistió en que cualquier persona puede sumarse. "Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico", explicó, en una fórmula que repitió varias veces durante las jornadas de divulgación: sembrar, no tirar. La idea es que el pez quede instalado en ese lugar y se encargue, sin que nadie tenga que estar pendiente, de mantener a raya a las larvas.

Los números le dan aire a la propuesta. Entre 2024 y 2025, el equipo distribuyó más de 20.000 ejemplares en articulación con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO) y bajo el paraguas del programa de extensión universitaria UBANEX. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró la iniciativa de interés ambiental, un reconocimiento formal a un trabajo que, en los hechos, se mide en patios, escuelas y galpones donde los peces ya están trabajando.

A quien le picó el dengue en la última epidemia, o vio a un familiar atravesar la enfermedad, este tipo de soluciones suele sonar casi a alivio: algo que se puede hacer en casa, sin grandes costos, y que no depende exclusivamente de una cuadrilla municipal que a veces llega tarde. Por eso, quienes quieran sumarse pueden escribir a la Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA, de lunes a viernes de 9 a 17, para coordinar la entrega gratuita de los ejemplares y recibir las indicaciones de cuidado y colocación en cada tipo de reservorio.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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