Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Quebracho Noticias

Quebracho Noticias

Portada — Vida —

Microplásticos en la mesa: por qué los toxicólogos aconsejan dejar el plástico fuera del microondas

Especialistas de Estados Unidos explican cómo el calor puede liberar partículas del recipiente hacia los alimentos y qué recomiendan hacer en la cocina cotidiana mientras la ciencia sigue investigando sus efectos a largo plazo.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 3 min de lectura
Microplásticos en la mesa: por qué los toxicólogos aconsejan dejar el plástico fuera del microondas

Marta tiene 52 años, vive en Lanús y cada mañana recalienta el café con leche del desayuno en el mismo vaso plástico que trae desde la góndola del supermercado. Lo hace desde hace años, casi por reflejo, sin reparar en que ese gesto doméstico la expone, como a millones de personas, a un riesgo silencioso que la ciencia todavía está terminando de medir. Dos toxicólogos consultados por un medio estadounidense coincidieron en señalar que el microondas y el plástico forman una combinación que conviene revisar.

La advertencia se inscribe en un mapa de exposición cada vez más estudiado: según la literatura científica revisada por los especialistas, los microplásticos y nanoplásticos ya fueron detectados en el organismo humano, aunque los efectos clínicos de su ingesta prolongada aún se encuentran bajo investigación. La Organización Mundial de la Salud publicó en 2022 un informe en el que reconoció esa presencia creciente y reclamó más estudios para establecer conclusiones firmes sobre eventuales consecuencias para la salud.

El problema del calor

La toxicóloga médica Serah Oyewole, del Houston Methodist, lo explica con una imagen sencilla: cuando el plástico se calienta, las moléculas que forman su estructura de polímeros vibran y la red puede fracturarse. A través de esas microfisuras se desprenden fragmentos diminutos del propio material y aditivos incorporados durante la fabricación, como colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas, que terminan migrando hacia la comida.

“Cuando se eleva la temperatura, las moléculas del plástico vibran y pueden romperse, y eso permite que se liberen partículas y aditivos hacia los alimentos.”Serah Oyewole, toxicóloga del Houston Methodist

Qué hacer en la cocina

Queda una pregunta incómoda sobre la mesa. El propio Brambl, especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island de Northwell Health, reconoce que los microplásticos pueden llegar a los alimentos antes incluso de llegar a la cocina, a través de la contaminación ambiental que atraviesa el procesamiento y el envasado. Por eso, aclara, cambiar hábitos domésticos sirve para achicar una parte de la exposición, pero no para resolver el problema de fondo.

Mientras la ciencia avanza, la decisión más práctica sigue pasando por la mesada. Para quienes quieran profundizar o resolver dudas concretas, el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez (Gallo 1330, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) atiende consultas por intoxicaciones y exposición a sustancias químicas de lunes a viernes de 8 a 16 en el servicio de Toxicología, y la línea gratuita 0800-444-8693 del Ministerio de Salud de la Nación funciona las 24 horas para orientar a la población ante cualquier duda vinculada con la presencia de sustancias en alimentos o envases.

Sobre los efectos en la salud

Brambl es prudente cuando se le pide un veredicto. Los estudios, dice, muestran asociaciones entre la presencia de estas partículas y procesos inflamatorios en el organismo, pero una correlación estadística no equivale a una relación causal. Es la misma cautela que repite la OMS: hoy no se puede afirmar que los microplásticos provoquen enfermedades específicas, aunque tampoco se los puede descartar como factor de riesgo. La investigación continúa, y en ese mientras tanto, cambiar el recipiente antes de recalentar la comida es una medida al alcance de la mano.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo