Otamendi le dio a Argentina el gol que Messi no pudo meter: la despedida arrancó con el 1 a 0 ante Benín
Un centro del diez y una definición del marcador central le pusieron cifras parciales al homenaje del Monumental. Primer tiempo sin goles, atajadas de Dandjinou y Dibu, y los aplausos cortaron el partido a los diez minutos. La fiesta sigue, el resultado también.

Lo vi, lo viví y se los cuento así, de frente: a los diez del segundo tiempo, cuando el Monumental todavía se estaba secando las lágrimas del homenaje, Lionel Messi levantó un centro desde la izquierda y Nicolás Otamendi, de derecha, lo mandó a guardar. Uno a cero, parcial, en la noche que el diez se despide de la selección. Y de entrada, vaya si hacía falta ese gol, porque el primer tiempo había sido un martirio para el arco de Benín.
10 PT: el Monumental se detuvo para aplaudir a Messi
Sí, leyó bien: en el primer tiempo, cuando apenas se jugaban diez minutos, el árbitro paró la pelota. El estadio entero de pie. Messi levantó los brazos, miró hacia todos lados y se le escapó una sonrisa que ya es historia. Hubo bengalas, hubo una camiseta gigante con el diez, y hasta los hijos del capitán lo acompañaron al campo. Mientras tanto, en la tribuna, campeones del mundo de todas las épocas: desde los más viejos hasta los de Qatar. La fiesta, claro, era por Leo. Pero el partido, señores, también había que jugarlo.
45 PT: el primer tiempo se fue sin goles, con más dudas que certezas
Mire, no le voy a mentir: Argentina no la pasó bien. Benín se plantó con orden, corrió cada pelota como si fuera la última y hasta se dio el lujo de complicar a Dibu Martínez. El arquero de Benín, Dandjinou, fue figura: le sacó un tiro libre al propio Messi y después le ganó un mano a mano a Julián Álvarez, que entró con gambeta y salió con las manos vacías. Messi tuvo otras, claro que sí: un centro de De Paul que le quedó servido en el área chica y no llegó a conectar de zurda, y un remate tras pase de Lautaro que se fue desviado, con dos marcajos encima. Del otro lado, Tosin falló una definición que ya estaba dentro del arco, y Olaïtan más Ouorou probaron a Martínez. Empate sin goles al descanso, y la sensación de que el homenaje pedía a gritos un gol argentino.
55 ST: el cabezazo de Otamendi, en vivo, desde la voz del Monumental
Scaloni mandó a los mismos once al complemento. Y a los diez del segundo, lo que tenía que pasar pasó. Messi abrió la pelota hacia la izquierda, metió el centro al área, y Otamendi se anticipó a todos: derechazo cruzado, Dandjinou sin reacción y gol. El Monumental explotó, Otamendi corrió hacia el banco con el puño cerrado, y Messi fue a buscarlo para abrazarlo. Uno a cero. Parcial, sí, pero con olor a desahogo. La Selección, con la ventaja, empezó a manejar la pelota con más aire. Y el público, otra vez, se acordó del diez.
El entretiempo tuvo a Benegas, la música y la pelota parada, pero el show lo da Messi
En el entretiempo, Gaspar Benegas se subió al escenario musical que armaron en una de las cabeceras. La gente cantó, bailó, y volvió a mirar hacia el banco. Porque esto, hay que decirlo, no es un partido más: es la despedida de un tipo que hace 22 años nos acostumbró a lo imposible. Por eso el 1 a 0 de Otamendi, en este contexto, vale el doble: no fue cualquier gol, fue el gol de la noche de Messi.
La historia del clásico y lo que viene
Un dato para guardar: Argentina y Benín no se habían enfrentado nunca en partido oficial ni amistoso. Esta es la primera vez, y encima en una noche de homenaje al diez. El pronóstico para la fecha siguiente, si la AFA lo confirma, pinta a otro amistoso de preparación antes del cierre del año, con la mira ya puesta en las Eliminatorias. Mientras tanto, en el Monumental, Argentina gana, Messi sonríe y yo, Osvaldo Espíndola, les digo: sigan mirando, que esta historia no terminó. Todavía falta la música del final.
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