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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Quetrihué: el bosque de arrayanes que se recorre entre la tierra y el agua

En la península sobre el lago Nahuel Huapi, los troncos canela del arrayán dibujan un paisaje excepcional de los bosques andino-patagónicos. Cómo llegar, qué llevar y qué tener en cuenta para una visita responsable.

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Nadia DuarteInterior y pueblos originarios · · 3 min de lectura
Quetrihué: el bosque de arrayanes que se recorre entre la tierra y el agua

Hay un lugar en la Patagonia donde los árboles parecen cambiar de piel. En la península de Quetrihué, sobre la margen del lago Nahuel Huapi y a pocos kilómetros de Villa La Angostura, el arrayán —nombre científico Luma apiculata— muestra su corteza lisa, que se desprende en pequeñas placas y deja al descubierto tonos canela, rojizos y anaranjados que mutan con la humedad y con la luz del día. Cuando el sol se filtra entre el follaje, algunos sectores del bosque quedan iluminados desde adentro, como si alguien hubiera encendido una lámpara por debajo de las hojas, y esa imagen se vuelve el recuerdo que se llevan quienes se toman el trabajo de caminar hasta ahí.

La especie aparece distribuida en distintos puntos de los bosques templados andino-patagónicos, pero es en Quetrihué donde alcanza una concentración y un porte que la vuelven excepcional. Los arrayanes conviven con otras especies del bosque andino y forman parte de un ecosistema que rodea la península por sus costas lacustres, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, en la provincia del Neuquén. No es una rareza botánica: es una rareza de paisaje, de escala y de atmósfera, construida a lo largo de siglos por una especie que, en otras latitudes, suele pasar desapercibida entre árboles más altos.

Dos maneras de entrar al bosque

Para llegar a Quetrihué hay dos rutas bien diferenciadas. La primera es terrestre: un sendero que parte desde la zona de Bahía Mansa y se interna de manera progresiva en el bosque, atravesando distintos ambientes naturales. Puede recorrerse a pie o en bicicleta de montaña, según las modalidades habilitadas en cada temporada por la administración del parque. La segunda opción es embarcarse en una excursión lacustre por el Nahuel Huapi: desde el agua, la cordillera, la costa boscosa y la propia península aparecen como parte de un mismo panorama continuo. Quienes disponen de más tiempo suelen combinar ambos trayectos —uno de ida y otro de vuelta por vía diferente— y completar la experiencia sin repetir el mismo ángulo del paisaje.

  • Llevar calzado cerrado y ropa de abrigo en capas: el clima patagónico cambia varias veces en el mismo recorrido.
  • Llevar agua y alimentos, ya que en la península no hay locales de comida.
  • Respetar los senderos señalizados y la cartelería del Parque Nacional Nahuel Huapi.
  • No extraer plantas, cortezas, frutos ni ningún elemento natural del lugar.
  • Llevar los residuos de vuelta y depositarlos fuera del área protegida.
  • Verificar el estado de las rutas antes de salir y, en invierno y primavera, consultar la situación de la nieve.
  • Confirmar con anticipación la disponibilidad de los servicios de navegación del lago, que varían según la temporada.

Cómo llegar y qué revisar antes de salir

Desde la ciudad de Neuquén se toma la ruta nacional 22, luego la 237 y finalmente la ruta nacional 40, en un viaje que implica recorrer aproximadamente 470 kilómetros hasta Villa La Angostura, el pueblo que oficia de puerta de entrada al parque. Antes de viajar conviene verificar el estado de las rutas y las condiciones meteorológicas, porque en invierno y en parte de la primavera la nieve puede afectar el acceso a distintos tramos del camino. También es recomendable confirmar la disponibilidad de los servicios de navegación del Nahuel Huapi, ya que la oferta lacustre varía según la temporada y no opera todos los días del año.

La visita responsable forma parte de la experiencia. Mantenerse en los senderos señalizados, no extraer ningún elemento natural y retirar los residuos son las reglas básicas que la propia cartelería del parque se encarga de recordar. Quetrihué no es un escenario decorado: es un ecosistema vivo que depende de que cada visitante entre y salga sin dejar huella. Esa es, en definitiva, la mejor manera de proteger el paisaje que se fue a buscar.

ND
Nadia DuarteInterior y pueblos originarios

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