Samuel L. Jackson tiene una debilidad escondida entre sus más de cien películas y lo contó sin vueltas
El actor reveló cuál es el título de su propia filmografía que vuelve a ver cada vez que puede y por qué lo considera su trabajo más querido, en una confesión que recorre el rodaje junto a Geena Davis, el guion récord de Shane Black y el destino de culto que terminó cumpliendo Memoria letal.

Me lo crucé el otro día a un compañero del canal que tiene la costumbre de preguntar, en cada café, qué película vería dos veces seguidas si le dieran a elegir. Y cuando me dijo que había leído una entrevista reciente a Samuel L. Jackson en la que el actor confesaba, sin rodeos, cuál era el film de su propia carrera que más le gusta revisitar, no pude evitar pensar en esa escena inicial de Memoria letal que tantas veces pasé por alto: la maestra que amanece en una bañera sin saber quién es, con un corte en la frente y un nombre que no le pertenece. Esa imagen me vino a la cabeza mientras leía la respuesta de Jackson, porque es exactamente lo que él describe: una mujer a la que le borraron la memoria y un detective privado un poco desquiciado que se mete de cabeza a a recuperarla. Para mí, esa clase de punto de partida siempre vale más que cualquier estreno con presupuesto inflado, y por eso me enganché a la confesión del actor.
El film que Jackson elige volver a ver
Memoria letal, el thriller de acción de 1996 dirigido por Renny Harlin y conocido en inglés como The Long Kiss Goodnight, reúne a Samuel L. Jackson con Geena Davis en una historia que combina pesquisa, amnesia y un pasado secreto ligado a la CIA. La premisa es de esas que parecen simples y, sin embargo, abren muchas capas: Samantha Caine, la profesora que no recuerda nada, termina descubriendo que su verdadero nombre es Charly Baltimore y que alguna vez fue una de las agentes más letales del gobierno estadounidense. Jackson, en tanto, encarna al investigador Mitch Hennessy, un personaje que el propio actor describió como una especie de detective privado un tanto excéntrico, un tipo un poco loco, y al que eligió por encima de todos los demás personajes de su trayectoria.
“Mi personaje favorito es una especie de detective privado un tanto excéntrico, un tipo un poco loco: Mitch Hennessy de 'Memoria letal'. Me encanta esa película, me lo pasé genial con Geena Davis.”Samuel L. Jackson
La elección no es menor si se tiene en cuenta que estamos hablando de un actor que lleva más de cien largometrajes encima, con papeles que van desde el cazador de serpientes en Parque Jurásico hasta el director de Nick Fury en el universo Marvel, pasando por el conferencista de Los vengadores o el guardaespaldas de El negociador. Que entre todos esos títulos haya puesto a Memoria letal en lo más alto habla de una conexión muy personal con el rodaje y, sobre todo, con su partenaire: Geena Davis, con quien Jackson dijo haberse divertido muchísimo durante la filmación. Esa química se nota en pantalla y, a la distancia, parece ser uno de los motivos por los que el actor vuelve a buscar la película cada vez que puede.
Un guion récord, un presupuesto grande y un final de culto
- El guion de Shane Black fue comprado por 4 millones de dólares, una cifra que en su momento marcó un récord para la compra de un libreto en Hollywood.
- El presupuesto total de Memoria letal alcanzó los 65 millones de dólares, mientras que la recaudación en todo el mundo se quedó en 95 millones, un resultado que dejó a la película lejos del equilibrio en las salas.
- Con el paso de los años, el film fue ganando público y se convirtió en una pieza de culto, al punto de que se llegó a barajar una secuela con Renny Harlin nuevamente en la dirección, aunque el proyecto nunca se concretó.
- La película se inscribe en una camada de thrillers de acción de los noventa donde la CIA, los operativos encubiertos y las identidades falsas eran el corazón del relato, y se apoya con fuerza en la dupla protagonista para sostener la historia.
Yo, la verdad, cada vez que paso por la avenida y me detengo un segundo frente a la escultura del Caballito de la Plaza San Martín, pienso que hay una segunda oportunidad para casi todo, y eso es lo que vuelve tan atractiva a esta película: la posibilidad de que una persona pueda reinventarse, aunque el pasado le esté respirando en la nuca. Por eso celebro que Jackson reivindique un título que, en su momento, no terminó de cuajar en la taquilla pero que con los años se ganó un lugar de honor entre los seguidores del género. Y me quedo con la sensación de que cuando uno elige qué película volver a ver, en el fondo está eligiendo qué momento de su vida quiere repetir, y para el actor esa respuesta es, claramente, un rodaje junto a Geena Davis en pleno apogeo de los noventa.
A la salida del cine, una señora que se había sentado dos filas más adelante me dijo, mientras se ajustaba el pañuelo, que ella vio Memoria letal en el estreno y que nunca entendió por qué no le fue mejor en la boletería. Yo le contesté que, a veces, las películas que la industria no sabe vender terminan siendo las que el público no deja de buscar, y que esa es, justamente, la mejor definición del cine de culto.
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