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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Semaglutida y tirzepatida: cómo trabajan en el cuerpo y por qué no alcanza con sólo inyectarse

La jefa de Nutrición del Hospital de Clínicas de la UBA, Pilar Quevedo, describió el mecanismo de los medicamentos para la obesidad, los controles que demanda el tratamiento y los cambios de hábitos que deben acompañar el descenso de peso para sostenerlo en el tiempo.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Semaglutida y tirzepatida: cómo trabajan en el cuerpo y por qué no alcanza con sólo inyectarse

A María Laura le costó años entender por qué la pelea con la balanza se repetía una y otra vez. Probó decenas de dietas, sintió hambre constante, perdió algunos kilos y volvió a recuperarlos. Hasta que un día, en el consultorio, una médica le explicó que su organismo estaba jugándole una trampa: las señales que regulan el apetito y la saciedad no funcionaban como en otras personas. A partir de ahí, el camino cambió.

La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. En la Argentina, según las últimas encuestas nacionales de factores de riesgo, afecta a más del 30 por ciento de los adultos y muestra una tendencia creciente. Por eso dejó de ser un problema de voluntad y pasó a ser una patología que merece tratamiento médico, farmacológico y acompañamiento profesional, tal como recordó Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA.

Qué hacen estos medicamentos en el cuerpo

Qué hacen estos medicamentos en el cuerpo

La semaglutida y la tirzepatida son los nombres que escuchan cada vez más pacientes en los consultorios. Se trata de moléculas que imitan a las hormonas que el intestino libera naturalmente después de comer. Esas hormonas viajan hasta el cerebro, el estómago y el páncreas y avisan que el cuerpo ya recibió suficiente alimento. Como explicó la especialista, la semaglutida actúa sobre un único receptor, mientras que la tirzepatida lo hace sobre dos vías en forma simultánea. En ambos casos el resultado es parecido: baja el hambre, aparece antes la saciedad y se estabilizan los niveles de azúcar en sangre.

En la práctica, los pacientes describen escenas parecidas. Comentan que dejaban el plato a mitad de la comida, que se olvidaban de picar entre horas, que el impulso de comer hasta el hartazgo se apagaba de un día para otro. Esos relatos, dijo Quevedo, forman parte del cuadro clínico de la obesidad y no pueden explicarse sólo con la frase hecha de "comer de más".

Cómo es el seguimiento médico

Cómo es el seguimiento médico

Recibir la indicación de un medicamento no es el punto de llegada, sino el arranque. El tratamiento arranca con una evaluación clínica completa y exige controles periódicos durante todo el tiempo que dura. La dosis se aumenta de forma gradual —lo que los médicos llaman titulación— y se ajusta según la tolerancia y la respuesta de cada paciente. El objetivo no es sólo ver un número más bajo en la balanza: se busca reducir la grasa corporal y, al mismo tiempo, preservar la masa muscular, que es la que sostiene el metabolismo en reposo.

  • Evaluación inicial con análisis de sangre, registro de peso y composición corporal.
  • Dosis iniciales bajas que se suben en forma escalonada según tolerancia.
  • Controles periódicos para medir descenso de peso, masa grasa y masa muscular.
  • Ajuste del plan según la actividad física y la respuesta individual.
  • Definición del tiempo total de uso y de las condiciones para sostenerlo.

La médica puso el acento en un punto clave: perder peso no significa necesariamente perder grasa. Si el descenso es demasiado rápido o si la persona no hace trabajo de fuerza, el cuerpo puede deshacerse de músculo, que es lo más caro de recuperar. Por eso el seguimiento incluye medir la composición corporal con bioimpedancia o densitometría y preguntar qué tipo de ejercicio se realiza, si se camina, si se levanta peso, si se nada o si se hace bicicleta.

Por qué cuesta sostener el descenso

Por qué cuesta sostener el descenso

Hay una explicación fisiológica para la frase que muchos repiten: "adelgacé y lo recuperé todo". Cuando una persona baja de peso, el organismo activa mecanismos defensivos —baja el metabolismo, aumentan las hormonas que despiertan hambre, se reducen las que generan saciedad—. Es una respuesta de supervivencia que viene grabada en los genes. Los nuevos medicamentos ayudan a sostener el descenso mientras se usan, pero si se suspenden y no hay un cambio integral de hábitos, la balanza suele volver al punto de partida. La recurrencia, aclaró Quevedo, es esperable en muchos casos y no debe interpretarse como un fracaso personal.

El abordaje serio de la obesidad combina entonces cuatro pilares: alimentación adecuada y suficiente, hidratación, descanso reparador y actividad física regular. A eso se suma el acompañamiento profesional —médico, nutricionista, psicólogo cuando hace falta— y un entorno familiar y laboral que facilite los cambios. Porque no alcanza con la indicación escrita en un recetario si en casa abundan los ultraprocesados o si la jornada laboral no deja tiempo para sentarse a comer tranquilo.

Para quienes estén pensando en iniciar este tipo de tratamiento, el primer paso es pedir turno con un equipo especializado en nutrición y obesidad. El Hospital de Clínicas de la UBA atiende en la División de Nutrición Clínica y Metabolismo, en avenida Córdoba 2350, de lunes a viernes de 8 a 12. También funcionan consultorios públicos de nutrición en hospitales provinciales y municipales, donde se evalúa cada caso y se indica el camino más seguro. Como dice Quevedo, el medicamento es una herramienta valiosa, pero nunca reemplaza al cuidado cotidiano.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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