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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Tom el Lagarto, el bicho que se coló en la conversación y terminó salvando la campaña de Hoppers

Disney lo descartó como anzuelo de marketing, Pixar lo terminó de todas formas y lo escondió al final de los créditos de Elio. Alguien lo grabó, lo subió a la red y lo que era descarte se convirtió en el fenómeno viral más inesperado del estudio.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Tom el Lagarto, el bicho que se coló en la conversación y terminó salvando la campaña de Hoppers

Les voy a confesar algo antes de arrancar: cuando me senté a investigar esta nota, lo hice justamente porque una amiga me mandó el clip de Tom el Lagarto en un chat de WhatsApp hace ya un par de meses, y yo, en mi sano juicio, le contesté que ese bicho no podía ser de una película de Pixar. Parecía un meme más de esos que circulan por ahí, uno de los tantos con un animalito compulsivo repitiendo una palabra como si fuera un mantra. Pero resulta que no, el bicho era de verdad, venía de adentro de la película Hoppers, y la historia de cómo llegó hasta ese chat de mi amiga es bastante más divertida de lo que yo me imaginaba cuando le contesté haciéndome el distraído. Para mí que esto se entiende mejor si arrancamos por el lado de la gente común, que es donde suelen empezar todas las buenas notas, y no por el lado del estudio, donde todo parece tan calculado y tan prolijito.

Para situarnos geográficamente, como diría mi editor: Hoppers se estrenó a comienzos de este 2026 y cuenta la historia de una chica que, mediante una tecnología medio alocada, termina metiéndose dentro del cuerpo de un castor y se hace amiga de toda la fauna que vive en un bosque. Hasta ahí, suena a una linda premisa de Pixar de las de siempre. El tema es que, en medio de ese bosque, aparece este personaje secundario, Tom, un lagarto, que es más bien un adorno simpático del ecosistema pero que tiene un chiste propio que se robó todas las miradas. Lo que hace Tom en la película es una pavada, pero de las pavadas que se vuelven legendarias: se cuelga de la pantalla de un teléfono que quedó tirado en el bosque y empieza a machacar el botón con la palabra lagarto, mientras una voz robótica repite LAGARTO, LAGARTO, LAGARTO sin parar, como si fuera una plegaria moderna o un mantra para gente desesperada.

Un descarte que la casa madre no quería

Lo más jugoso del asunto, al menos para mí, fue enterarme de que Disney, o sea la gente grande, la que firma los cheques, la que tiene el marketing planetario, no quería saber nada con Tom como cara visible de la campaña. Cuando Pixar llevó la idea de incluirlo en la presentación oficial de la convención D23, donde se muestran las próximas películas como quien saca medallones al sol, la propuesta fue rechazada de plano. Lo contó el director Daniel Chong en la View Conference, y la frase merece ser escuchada con atención porque es una de esas perlitas que uno no se cruza todos los días: No les culpo, porque si estás tratando de vender esta película, quiero decir, yo no querría usar un lagarto para promocionarlo. No salen castores en esto, y Tom realmente no sale demasiado en esta película. Es decir, hasta el propio director de la aventura, que es el primero que tendría que defender a su criatura, entendía el razonamiento de los jefes.

Pero acá aparece la otra mitad de la historia, que es la que a mí me gusta mucho porque habla de un tipo de gente que a veces uno pierde de vista cuando piensa en estas megaestructuras de la industria del entretenimiento. Del lado de Pixar hubo un equipo que vio el potencial del gag y se empecinó en terminarlo de todas formas. La productora Nicole Paradis Grindle fue la que movió los hilos para que los animadores pudieran ajustar al personaje en los ratos libres que les dejaba la producción principal, una de esas cosas que se hacen en cualquier estudio grande del mundo, donde los proyectos avanzan como las hormiguitas que marchan en fila india y los huecos de calendario se usan para meter lo que se puede. El resultado fue un clip cortito que no tenía lugar en la estrategia oficial y que, justamente por eso, fue a parar al lugar más escondido que encontraron a mano: el final de los créditos de Elio, la película anterior del estudio, donde nadie en su sano juí

Internet hizo el resto, como siempre

  • Un espectador se quedó hasta el último segundo de los créditos de Elio y se topó con el clip de Tom el Lagarto.
  • Lo grabó con el celular como quien guarda un souvenir, lo subió a YouTube y la lógica de los algoritmos hizo el resto.
  • En pocas semanas el video acumuló remixes caseros, versiones en distintos idiomas y hasta cosplays del lagarto en convenciones de distintos países.
  • También hubo tiempo para los tattoos: varios fans se llevaron a Tom a la piel sin importarles que fuera un personaje secundario que casi no aparece en la película que le da origen.

Lo más interesante, y esto lo reconozco yo aunque sea yo el que está escribiendo, es que la propia Nicole Paradis Grindle terminó admitiendo la paradoja en público. Crear un meme no es algo que se pueda planificar, dijo, como quien reconoce que la cátedra que pretendían dar sobre marketing bien planificado se les desinfló de la manera más absoluta. Aunque, claro, la propia productora intentó salvar algo del naufragio institucional agregando que el episodio les abrió los ojos al departamento de marketing a nuevas posibilidades de cómo crear conciencia de marca para películas originales. La verdad de la milanesa es que para Pixar, un estudio que en los últimos años apostó casi todo a las secuelas y a las franquicias conocidas, Hoppers representa el caso raro, casi exótico, de una película original que logró visibilidad masiva sin necesidad de apoyarse en personajes previos que la gente ya quisiera de antes. La pregunta que el estudio todavía no sabe responder es si ese camino se puede repetir en otros proyectos o si Tom el Lagarto fue simplemente un accidente bendecido por la suerte, un bichito al que le tocó la lotería de internet y, con ella, la gloria postergada.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos

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