Tomás Holder, en carne viva: las dos fotos de su cuerpo que lo dejaron sin escapismo
El exparticipante de Gran Hermano mostró los 125 kilos de mayo del año pasado y la definición extrema de julio en Ibiza. Dijo que ninguna de las dos imágenes representa un estado saludable y pidió prestar atención a la salud mental.

Lo vi por primera vez una tarde de domingo en un bar de la calle Corrientes, pegado al celular, mientras la pantalla de la televisión pasaba un compacto viejo de Gran Hermano. Tomás Holder estaba ahí, en una mesa del fondo, y dos chicas de unos cuarenta le señalaban al mozo: «Mirá, el de la tele, el de las fotos». Yo me quedé pensando en algo que él mismo había contado pocas horas antes en una entrevista y que, a esa altura, ya se había transformado en conversación de whatsapp en mi grupo de amigos: las dos imágenes de su cuerpo que publicó en su cuenta, una al lado de la otra, no eran ni un antes y un después felices ni una historia de superación al uso, sino la prueba de que ni siquiera cuando un cuerpo entra en un molde estético aceptable por las redes deja de doler por dentro.
La foto de los 125 kilos: siete meses sin pisar el gimnasio
La primera de esas imágenes es de mayo de 2025. Holder tenía por entonces 125 kilos en la balanza, había dejado de entrenar hacía siete meses, se había recluido en su departamento y pasaba hasta doce horas por día frente a la PlayStation, con una alimentación sostenida a base de comida chatarra. «No encontraba rumbo, no encontraba soluciones», resumió al recordar ese tramo, y lo dijo con el tono de quien describe una encerrona más que un simple descuido con la dieta: detrás del peso estaba un mal momento emocional que se le había ido instalando de a poco, como cuando uno deja de contestar mensajes y no se da cuenta de que está dejando de salir.
Esa foto, aclaró, la había guardado durante meses por vergüenza. No la subió ni cuando estaba peor ni cuando arrancó a revertir la situación: la reservó para el momento en que pudiera ponerla en contexto, que es lo que terminó haciendo ahora, ya con el cuerpo de Ibiza en la mano y la necesidad de que se entendiera el paquete completo.
Ibiza y la otra trampa: la definición que tampoco era un logro
La segunda foto es de julio de este año, en una playa de Ibiza, con el abdomen marcado y los brazos torneados que generan likes y comentarios del tipo «qué sacrificio» en cualquier publicación veraniega. Holder llegó a ese estado tras cinco meses de control estricto de la alimentación, un plan que él mismo describe como agotador: durante ese período desarrolló culpa al comer y quedó condicionado por el número que le daba la balanza cada mañana. Algo tan simple como comerse una hamburguesa, que antes era un gustito sin más, se convirtió en un conflicto interno con final abierto.
“Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico.”Tomás Holder
Esa frase, que él repitió en más de una entrevista, es la que le quita el glamour a la postal de Ibiza. Holder fue concreto: para llegar a esa imagen hubo un apoyo químico que no es sostenible en el tiempo, y por eso la definió como una trampa con buena iluminación más que como un objetivo a imitar. La conclusión a la que llegó es la que ordena toda la publicación: ni los 125 kilos derivados del aislamiento y los ultraprocesados ni la definición extrema de la playa europea representan un estado de salud real.
Por qué mostró la foto que tenía guardada
El móvil del posteo, según contó, es bien concreto: acompañar a quien esté pasando por algo parecido. «Cuiden su salud y sobre todo su salud mental», pidió, en una frase que en estos tiempos suena a obviedad hasta que uno se acuerda de cuántas veces la escuchamos al pasar y cuántas veces, en la práctica, la dejamos en la puerta del gimnasio.
A la salida del bar de Corrientes, mientras me subía al subte, escuché a una de las chicas que lo habían reconocido repetirle a la otra, ya en la escalera: «Pobrecito, las dos fotos deben haber sido un bajón». Me pareció la síntesis más justa que pude escuchar en todo el día: la de un pibe de veintipocos años que decidió mostrar los dos extremos de su propio cuerpo no para que lo admiren ni para que lo compadezcan, sino para que se entienda que, a veces, ninguna de las dos puntas de la foto es saludable.
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