Un búfalo en la planicie: la nueva sombra que camina junto a Kayce Dutton
La segunda temporada de "Marshals" reemplaza al lobo que acompañaba al personaje en "Yellowstone" y lo pone frente a un animal que, sin prisa, lo mira desde el horizonte cada vez que el duelo por Monica se vuelve insoportable. Un paseo por la lectura simbólica de la serie, de la mano de Mo y de un padre que todavía no sabe cómo hablar con su hijo.

Te confieso algo antes de arrancar: cuando el crédito del primer episodio de esta segunda temporada de "Marshals" todavía estaba terminando de subir, yo ya estaba pensando en la escultura del Indio, esa de la Costanera que parece mirar hacia el río con una tristeza que no se le va nunca. Es una manía que tengo, lo admito, y que arrastra esta vieja costumbre de buscar señales en cualquier parte, incluso antes de que la historia me las dé. Por eso, cuando en el segundo capítulo Kayce Dutton se quedó parado en el Campamento Este mirando cómo un búfalo pastaba a lo lejos, me agarré al apoyabrazos del sillón como si la pantalla me fuera a deber una explicación. Y ahí estaba, otra vez la Costanera, otra vez el Monumento a los Dos Congresos iluminado a medias, otra vez esa costumbre porteña de prestarle atención a los silencios de los animales.
Del lobo que amenazaba al búfalo que observa
Hay que retroceder un poco para entender por qué ese búfalo me resultó tan raro, casi una aparición. En "Yellowstone", durante cuatro temporadas, los lobos fueron el espejo exacto del estado interno de Kayce: cada vez que el personaje se acercaba a uno de esos animales, la serie estaba diciendo algo que las palabras no podían decir. La escena que siempre me vuelve a la cabeza es esa en la que el propio Kayce, con la voz quebrada y los ojos fijos, le habla al lobo como si fuera la única criatura en el mundo que lo iba a entender: "No soy tu amigo. Soy tu enemigo. Me guste o no, lo soy." Esa frase, que me quedó tatuada, condensaba la tensión entera entre un hombre, su familia y la tierra que lo aplastaba. Los lobos eran la amenaza externa y, al mismo tiempo, el modo en que el personaje se veía a sí mismo.
El rito que cerró la cuarta temporada
El punto más alto de ese lenguaje visual llegó al final de la cuarta temporada, cuando Kayce participó en el Haŋbléčeyapi, ese ritual indígena de visión que a mí, te soy honesta, me dejó pegada a la pantalla sin entender bien qué acababa de ver. Una niña vestida de blanco lo guió hasta el borde de un acantilado y le abrió dos caminos. La niña representaba al lobo como animal espiritual del personaje, y desde entonces cada vez que esos animales aparecían en cuadro, los Dutton y yo sabíamos que Kayce estaba por tomar una decisión sin vuelta atrás. La serie lo usó como un reloj silencioso: cuando aparecía el lobo, algo se estaba por quebrar.
Una visita inesperada junto a la tumba de John Dutton
En "Marshals" ese reloj se cambia. En el segundo episodio, Kayce observa sus tierras desde el Campamento Este y, de pronto, lo ve: un búfalo pastando a distancia, con esa calma enorme que tienen estos animales cuando saben que nadie los va a correr. La aparición dura poco y la serie no la explica, que es justamente lo que más me gusta de estos guionistas, esa soberbia de confiar en que el público va a pescar la señal sin que se la sirvan en bandeja. Kayce se aleja hacia la tumba de John Dutton y se queda reflexionando junto a su hijo Tate sobre lo que les viene pasando, como si la imagen del animal hubiera sido apenas una excusa para que los dos se quedaran callados en el lugar justo.
Tate, las armas y el búfalo que vuelve
En el tercer episodio la cosa se pone más espesa. Kayce acaba de encontrar a Tate practicando tiro al blanco, una actividad que al padre lo preocupa porque el chico nunca había mostrado el menor interés por las armas. Después de intentar hablar con él y quedarse con la palabra en la boca, Kayce mira hacia el horizonte y vuelve a ver al búfalo en la misma actitud de antes: quieto, enorme, observándolo. La repetición de esa imagen en ese momento puntual me terminó de confirmar lo que venía sospechando: el búfalo ya no es amenaza, es duelo. Es la manera que tiene la serie de decirle a Kayce que todavía está procesando la muerte de Monica y que, mientras tanto, no le sale conectar con su propio hijo.
Lo que dice Mo, y lo que deja sin decir
La conversación posterior con Mo ofrece la lectura más directa de todas. Sin terminar de develar el misterio, el diálogo le sugiere a Kayce que el búfalo aparece cuando él necesita enfrentar lo que siente y encontrar, de una vez, un motivo para seguir adelante. Si el lobo era el conflicto entre el personaje y su familia, el búfalo es otra cosa: un proceso íntimo de recomposición, una tarea que Kayce tiene que hacer solo, aunque a su lado haya un hijo que necesita otra cosa. Esa mudanza de símbolo también corre el tono general de la serie: donde el lobo tensaba la cuerda, el búfalo la deja colgando, y esa diferencia se siente en el aire como cambia el clima en la Costanera cuando el río empieza a empujar viento desde el sur.
A la salida del living, con el control remoto todavía tibio en la mano y el termo del mate a medio camino, me quedó dando vueltas una frase que me pareció haber escuchado en cualquier confitería de barrio, en cualquier mesa de los domingos: a veces el animal que más te asusta es el que está pastando tranquilo, porque te obliga a mirarte de frente. Te juro que la dijo alguien en la fila de la panadería, y me cayó como un capítulo entero.
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