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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una amistad a prueba de mundos: la nueva apuesta animada de DreamWorks que se mira con ojos de adolescente

La isla olvidada lleva a dos amigas filipinas a recorrer escenarios fantásticos mientras lidian con una separación y el peso de los recuerdos compartidos. La recorrimos con la misma mezcla de emoción y vértigo que propone la pantalla.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Una amistad a prueba de mundos: la nueva apuesta animada de DreamWorks que se mira con ojos de adolescente

Te confieso algo antes de meternos en la película: a la salida de la sala, todavía acomodándome el saco en esta redacción de la avenida de los Inmortales, no podía sacarme de la cabeza la cara de una chica de unos trece años que estaba dos filas más adelante. Ella, no la animadora, fue mi primera pista de que La isla olvidada iba en serio. Aplaudía en las partes que claramente no eran chistes pensados para adultos, se agarraba del brazo de su amiga en los momentos de tensión y, cuando la villana hacía de las suyas, miraba de reojo a la pantalla como pidiéndole permiso para asustarse. Esa chica, y no los directores, me terminó de explicar el tono de la película.

Dos amigas, una separación y un viaje que se vuelve recuerdo

La historia que DreamWorks Animation pone en cartel sigue a Raissa y Jo, dos adolescentes filipinas unidas por una amistad de toda la vida que se ve obligada a interrumpirse. A partir de ese punto sensible, el guion construye un recorrido que combina la fantasía, la aventura y la comedia con el peso de lo que se deja atrás. Lo que vivieron juntas, sus chistes internos y sus pequeñas marcas afectivas se convierten en el material con el que se edifica la trama. Por eso el motor no es tanto la misión que las lleva de aquí para allá, sino la pregunta de qué queda de un vínculo cuando la distancia se mete en el medio.

Ese punto de partida emocional fue lo que me atrapó de entrada, porque La isla olvidada no se conforma con mostrarnos heroínas perfectas: las protagonistas tienen sus contradicciones, sus momentos de torpeza y esa manera tan adolescente de quererse y pelearse al mismo tiempo. La película, dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado, deja espacio para que sus imperfecciones sean parte del relato y no un adorno. La relación entre Raissa y Jo carga con buena parte del desarrollo sentimental, sobre todo cuando la historia avanza y el conflicto deja de ser solo externo.

Una road movie animada por mundos, guiños ochentosos y una villana con peso propio

El recorrido va mucho más allá del pueblo de las protagonistas. De a poco, las amigas van saltando de un mundo a otro, cada uno con su propia estética, su ritmo y sus reglas. En el camino se cruzan con personajes secundarios que se van sumando a la troupe y que, lejos de quedar como comparsa, construyen sus propios lazos y sus pequeñas cuotas de drama. La combinación de estilos de animación, los movimientos de cámara marcados y un humor físico muy presente le dan a la película una velocidad que no da respiro: los cambios de escenario y las situaciones disparatadas se encadenan sin pausa, sostenidos por gags que se apoyan en la imagen más que en el diálogo.

En esa recorrida hay además referencias deliberadas a series y productos culturales de los años ochenta, que funcionan como guiños para el público adulto sin impedir que el corazón del relato siga siendo adolescente. Del lado de los conflictos, la villana que persigue a las protagonistas suma tensión y permite que la película dialogue con temas más densos, como el trauma y la separación, sin dejar de moverse dentro del género. La acción se entrelaza con los momentos de calma, y la comedia convive con escenas que apelan directamente a la emoción.

Filipinas como escenario y como identidad

Uno de los aciertos que más me interesa destacar, y que se nota desde los primeros minutos, es que Filipinas no está puesta como un decorado exótico. Las costumbres, los paisajes y la identidad del lugar se cuelan en los detalles visuales, en los objetos, en la manera en que hablan y se mueven los personajes. Crawford y Mercado, con Januel Mercado además de codirector ligado directamente a la cultura filipina, hacen que el contexto atraviese a Raissa y Jo, que no podrían ser las mismas protagonistas en otro país. Es una decisión que le da espesor a la película y que conecta con la idea central del relato: los recuerdos compartidos también llevan la marca del lugar donde se construyeron.

Esa decisión también le habla a un público que no siempre se ve representado con esta precisión en el cine animado mainstream. Que la historia ponga el foco en la experiencia adolescente desde un punto de vista tan específico no le quita universalidad, al contrario: la vuelve más honesta. Lo que cambia entre culturas es el paisaje y los códigos, lo que se repite es la intensidad con la que se vive una amistad a esa edad y lo difícil que resulta sostenerla cuando todo se mueve.

  • Toy Story (1995), de John Lasseter, la piedra angular: un grupo de juguetes enfrenta celos, separaciones y cambios de dueño sin dejar de cuidarse entre ellos.
  • Buscando a Nemo (2003), de Andrew Stanton, donde el viaje de un padre es también una historia de amistades nuevas que salvan a los dos.
  • Mi villano favorito (2010), de Pierre Coffin y Chris Renaud, con Gru descubriendo que la paternidad y la lealtad se construyen con personajes improbables.
  • Intensa-mente (2015), de Pete Docter, una mirada animada a las emociones que sostiene que la amistad es una de las que más nos define.
  • Coco (2017), de Lee Unkrich y Adrian Molina, donde los lazos familiares y los amigos de toda una vida se cruzan del otro lado de la muerte.
  • Spider-Man: Un nuevo universo (2018), de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, sobre aprender a confiar en otros que viven mundos distintos.
“A la salida, mientras se apagaban las luces del cine, escuché a una madre decirle a su hija adolescente, ya en la vereda: 'Quedate tranquila, que las amigas de verdad aparecen en cada mundo nuevo'. La frase me sonó a mejor epílogo del que yo hubiera podido escribir.”Escuchado en la puerta del cine, minutos después del estreno
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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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