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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una canción, una sala de espera y una señal: lo que Rocío Igarzábal se llevó del adiós a Ernestina Pais

A dos meses de la muerte de Ernestina Pais, atropellada por un tren en San Isidro, su amiga y compañera de elenco Rocío Igarzábal contó un episodio que la dejó sin palabras: una desconocida cantó en voz alta en una sala de espera la misma canción de Julieta Venegas que las dos habían compartido en el auto.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Una canción, una sala de espera y una señal: lo que Rocío Igarzábal se llevó del adiós a Ernestina Pais

Yo todavía guardo en la memoria aquella vez que una señora, parada en la esquina de la avenida, empezó a tararear una melodía que mi vieja escuchaba todo el tiempo y se me cerró la garganta sin aviso. Por eso, cuando leí lo que le pasó a Rocío Igarzábal, no pude más que entenderla de una manera que no necesita demasiadas explicaciones. Lo que ella atravesó tiene esa textura de las cosas que aparecen justo cuando uno menos se lo espera y que, después, se quedan instaladas para siempre en algún lugar del pecho.

Ernestina Pais murió el 26 de junio en San Isidro, atropellada por un tren, cuando se dirigía al teatro para hacer la función de la obra que protagonizaba junto a Igarzábal. Las dos actrices habían construido una amistad cercana durante ese trabajo en escena, de esas que se forjan a fuerza de compartir camerino, giras y viajes de vuelta entre funciones. En uno de esos regresos, casi como un ritual sin nombre, las dos terminaron cantando a los gritos, con los ojos húmedos y las ventanillas bajas, una canción que las dos amaban: Todo está aquí, de Julieta Venegas, de aquel MTV Unplugged que para nuestra generación fue casi una banda sonora de vida.

La confesión en el auto y la canción que se volvió otra cosa

Igarzábal le había confesado a Pais que Todo está aquí era una de sus canciones favoritas. Tanto que la inspiró a componer un tema para su hija, que va a formar parte de un disco que la actriz tiene previsto para el año próximo. Esa es de esas canciones que a uno le ordenan la cabeza, que aparecen en los momentos justos, y por eso mismo a las dos las movilizaba de una manera que no requiere demasiada teoría para explicarla: alcanza con escucharla una vez para entender por qué alguien se emociona al cantarla a todo volumen en un auto, de noche, volviendo del teatro.

Tres días después, en la sala de espera

El lunes 29 de junio, a tres días del fallecimiento, Igarzábal fue a hacerse un espinograma. En la sala de espera había pocas personas. Una mujer mayor se acercó, la reconoció y le contó que su hijo había sido una de las últimas personas en estar junto a Pais en los momentos finales del accidente, y que estaba muy afectado por lo que había vivido. Cuando la llamaron para entrar al estudio, otra mujer que estaba sentada a varios asientos de distancia, con su hijo pequeño al lado, empezó a cantar en voz alta, delante de todos, la misma canción: Todo está aquí.

“Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien.”Rocío Igarzábal

Una voz que se instala para siempre

El relato lo hizo Igarzábal el 4 de septiembre en un programa de radio, con la voz entrecortada y anticipando de antemano que el corazón ya le latía fuerte antes de empezar a hablar. Desde ese momento, contó, la música de Julieta Venegas tomó un lugar nuevo en su vida. No es una especulación mía: es lo que ella misma dijo, y lo dijo con el tono de alguien que no está exagerando, sino simplemente intentando ordenar en palabras algo que se mueve en otro registro.

  • Ernestina Pais murió el 26 de junio en San Isidro, atropellada por un tren, cuando iba al teatro a hacer la función de la obra que protagonizaba con Rocío Igarzábal.
  • La canción que las unió fue Todo está aquí, de Julieta Venegas, del álbum MTV Unplugged, que Igarzábal considera una de sus favoritas y que le inspiró un tema para su hija.
  • El episodio de la sala de espera ocurrió el 29 de junio, tres días después del fallecimiento, durante un estudio médico.
  • Igarzábal contó la historia públicamente el 4 de septiembre en un programa de radio, con la voz entrecortada.

Me quedo dando vueltas con una idea que me parece que resume todo lo que Igarzábal puso en palabras, y que le escuché decir a alguien que salía de la radio después de la entrevista, casi como si lo hubiera pensado durante toda la nota: a veces la vida nos manda señales chiquitas, tan chiquitas que casi no se ven, pero que alguien que está atento las termina reconociendo. Y eso, más allá de cualquier explicación que uno le quiera buscar, termina valiendo.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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