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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una capilla con alma alpina en el corazón de los bosques de Meliquina

A 40 kilómetros de San Martín de los Andes, sobre la Ruta Provincial 63, un pequeño templo de madera construido por un príncipe alemán se integra al paisaje patagónico y se convierte en punto de partida para recorrer el lago, los miradores y los ríos de la zona.

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Teresa LeivaSociedad y salud · · 3 min de lectura
Una capilla con alma alpina en el corazón de los bosques de Meliquina

En medio de los bosques de Villa Lago Meliquina, a unos 40 kilómetros de San Martín de los Andes por la Ruta Provincial 63, aparece una silueta que parece llegada desde otro continente: la Capilla San Jorge, un pequeño templo de madera con techos inclinados y líneas sencillas que se integra al paisaje patagónico sin imponerse sobre él. La rodean lengas, coihues y pinos, y por unos segundos el visitante tiene la sensación de haberse cruzado, sin moverse de la provincia del Neuquén, con un pueblo de los Alpes bávaros.

Detrás de esa construcción hay una historia que cruza el Atlántico. El templo fue impulsado por Georg von Waldburg-Zeil, príncipe alemán y propietario de la histórica Estancia San Jorge. El noble solía trasladarse hasta San Martín de los Andes para participar de las celebraciones religiosas y, cansado de ese trayecto, resolvió levantar un espacio de culto dentro de sus propias tierras. La capilla lleva el nombre del santo patrono de la familia y, según los registros locales, fue costeada en su origen desde Alemania, al igual que el sistema de campanas electrónicas de la Parroquia San José de esa ciudad. Aquella decisión quedó como el legado más visible del príncipe en Meliquina.

Un templo en tierra privada, con misas esporádicas

La capilla se encuentra dentro de una propiedad privada, por lo que el acceso al interior no es permanente: las misas y celebraciones abiertas se realizan en forma esporádica y dependen de la Parroquia Nuestra Señora de la Vega, de San Martín de los Andes. Aun así, recorrer el exterior, tomarse un tiempo para observar la madera, el techo inclinado y la cruz, y detenerse junto al pequeño cementerio rural que la acompaña, es una parada que vale el desvío. Quienes lleguen en temporada estival o durante los fines de semana largos suelen encontrarse con alguna celebración abierta al público, aunque sin un cronograma fijo publicado.

Una posta del Camino de la Fe neuquino

San Jorge integra el Camino de la Fe neuquino, un recorrido de más de 800 kilómetros que va desde Ailinco, en el norte de la provincia, hasta Villa La Angostura, al sur. La propuesta enlaza capillas, iglesias y sitios vinculados con distintas expresiones religiosas a lo largo de todo el territorio neuquino. El tramo de Meliquina es uno de los menos conocidos del itinerario, precisamente por su escala pequeña y por su ubicación entre árboles, escondido del ruido de las rutas más transitadas.

Qué hacer en los alrededores

  • Recorrer el lago Meliquina, con playas de arena y piedra, aguas cristalinas y actividades como kayak, stand up paddle, kitesurf y windsurf.
  • Subir al Mirador Cuatro Encantos y a La Puntilla, que brindan vistas abiertas sobre el lago, la villa y las montañas.
  • Acercar la caminata hasta los pozones y rápidos del río Caleufú, un clásico para quienes buscan contacto directo con el agua.
  • Visitar el lago Filo Hua Hum, hacia el norte, rodeado de bosques y formaciones rocosas.
  • Continuar por la ruta hacia Paso Córdoba, donde aparecen nuevos miradores y puntos panorámicos a lo largo del camino.
  • Practicar senderismo, mountain bike y pesca deportiva durante la temporada habilitada por las autoridades provinciales.

Cómo llegar y dónde consultar

Para visitar la Capilla San Jorge y la zona de Meliquina, la vía de acceso es la Ruta Provincial 63 desde San Martín de los Andes: el recorrido es de unos 40 kilómetros y combina tramos pavimentados con ripio. Se recomienda consultar antes en la oficina de informes turísticos local o en la parroquia sobre eventuales misas abiertas y ceremonias, ya que al ser un templo dentro de una estancia privada los horarios pueden modificarse sin aviso. Lo mejor: la memoria organizada. Con un mapa, algo de comida y la voluntad de caminar despacio, la jornada completa —capilla, lago y miradores— se disfruta sin prisa.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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