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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Quebracho Noticias

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Una década de mensajes, una noche en la comisaría y un botón antipánico que todavía no llegó

La influencer La Reini formalizó la denuncia que venía postergando; un mismo acusado quedó imputado por amenazas tras el episodio que denunció Pettinato.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Una década de mensajes, una noche en la comisaría y un botón antipánico que todavía no llegó

Lo conocí a Homero Pettinato hace muchos años, cuando todavía trabajaba en radio y uno se cruzaba con él en los pasillos del canal con la misma sonrisa cómoda de ahora. Por eso, cuando empecé a leer el medio pelo de la noticia de estas últimas horas —una denuncia, una comisaría, un botón antipánico que al cierre de esta nota todavía nadie había podido entregar—, volví a pensar en eso que uno suele repetirse cada vez que alguien conocido queda en el centro de un episodio feo: cómo puede ser que esta persona haya estado lidiando con esto durante tanto tiempo y nadie supiera dimensionarlo.

La protagonista del caso es Sofía Gonet, a quien en redes todos llaman La Reini. La presentación quedó radicada en la comisaría 14B, según confirmó la Policía, y desde ahí se ordenó una consigna de seguridad para cuidarla y se solicitó un botón antipánico. Sin embargo, al momento de dar a conocer esas medidas, los efectivos todavía no habían podido comunicarse con ella: un detalle pequeño en el papel, enorme en la práctica, porque habla de lo difícil que es contactar a alguien que vive perseguido por su propio teléfono.

Diez años en silencio

En un video que la propia Gonet difundió, contó que el acoso se extiende durante una década entera. Lo que me llamó la atención —y permítanme que se los subraye, porque es la piedra angular de toda esta historia— es el motivo por el cual nunca había hecho la denuncia: las conductas que describió ocurrían a través de las redes sociales. No era un vecino que la esperaba en el umbral de la casa; era alguien que la encontraba en el living digital donde ella trabaja, se divertía y construye su vida. Por eso, confío en que a partir de ahora la investigative la Justicia con la seriedad que el caso amerita, no se trata de un simple acoso.

Lo que terminó de empujarla a formalizar la acusación fue la aparición de ese mismo hombre frente a su expareja, el conductor Homero Pettinato. A partir de ahí, los caminos de los dos relatos se unieron en uno solo y la causa empezó a moverse.

El gesto en el cuello y el expediente que se abrió

El episodio que motivó la denuncia de Pettinato ocurrió en la puerta del lugar donde él trabaja. Según el relato que trascendió, el hombre permaneció observándolo durante varios minutos y, en un momento que al conductor se le grabó a fuego, hizo un gesto sobre el cuello. Pettinato lo interpretó como una amenaza y decidió ir a la Justicia.

El acusado fue identificado como Claudio Hernán Di Carlo, aunque en redes sociales utiliza el nombre Hernán Bloquero. Tras la presentación del conductor, la Justicia porteña lo imputó por amenazas simples y lo citó a declaración indagatoria. La causa quedó en manos del fiscal Federico Taramelli, de la Fiscalía N.º 6.

El conductor también había solicitado un botón antipánico para él y todavía no lo había retirado. Cuando habló del tema, dejó en claro que su mayor preocupación no era su propia rutina sino la seguridad de Gonet, y describió cambios en cómo vive la jornada laboral desde el episodio.

  • Influencer conocida como La Reini formalizó una denuncia en la comisaría 14B.
  • La Policía dispuso una consigna y pidió un botón antipánico, que al cierre de la nota no había sido entregado.
  • El acoso, según su propio relato, lleva una década y se canalizaba por redes.
  • La aparición del acusado frente a Homero Pettinato motivó la presentación formal.
  • Claudio Hernán Di Carlo, alias Hernán Bloquero, quedó imputado por amenazas simples y citado a indagatoria.
  • La causa es instruida por el fiscal Federico Taramelli, de la Fiscalía N.º 6.

En algún momento, uno se topa con la Estatua de la Libertad que está ahí en la avenida, medio escondida entre los edificios, y se acuerda de que estas historias también hablan del país que queremos habitar. Un país donde alguien pueda laburar arriba de un escenario —o detrás de una pantalla— sin tener que mirar todo el tiempo por encima del hombro. Mientras la Justicia avanza, queda flotando una pregunta incómoda: cuántas personas más, en silencio, llevan su propio contador de diez años sin animarse a pisar una comisaría.

“Mirá, yo lo que más quiero es que ella esté bien; después, el botón, las cámaras y todo lo demás, va a ir llegando.”Homero Pettinato, según el relato que trascendió de su declaración
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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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