Una noche turca en busca de un cuerpo que nadie recuerda dónde quedó
El filme de Nuri Bilge Ceylan se aleja del suspenso clásico y apuesta a una tensión que se construye con silencios, polvo y cansancio. Está disponible en Filmin y exige otra paciencia.

Lo primero que escuché al entrar a la sala fue la voz de una señora de unos cincuenta y tantos que le decía a su marido, mientras buscaba la butaca con la entrada en la mano: 'Ay, esto debe durar cuatro horas, ¿no?'. Le aclaré que eran dos horas y media y me miró como si la estuviera engañando. Esa misma cara de sospecha se la vi después al fiscal del filme cuando le preguntaban por el sospechoso. La película arranca con una situación que en cualquier policial clásico serían veinte minutos trepidantes y la estira durante ciento cincuenta y siete minutos por las estepas turcas, de noche, con un cadáver enterrado en algún lugar que dos tipos no recuerdan.
El punto de partida es casi minimalista y por eso mismo llama la atención: un fiscal, un médico forense y varios policías salen al campo con el asesino confeso y su cómplice para encontrar el cuerpo de la víctima. Los sospechosos estaban borrachos cuando cavaron el pozo y no pueden dar con el lugar exacto. Lo que sigue es una búsqueda larga, polvorienta y frustrada por paisajes casi desérticos, iluminados por los faros de los autos y por alguna linterna aislada.
Un director que filma como si tuviera todo el tiempo del mundo
Nuri Bilge Ceylan es un director turco conocido por un cine de ritmo pausado y observación rigurosa de lo cotidiano. En 'Érase una vez en Anatolia' lleva esa marca al extremo. La duración no se justifica por una trama compleja sino por una mirada que prefiere detenerse en los detalles que otros filmes cortan: una pausa antes de hablar, una luz que aparece a lo lejos, el cansancio acumulado en una cara, la taza de té que alguien sirve a las tres de la mañana en medio de la nada.
Las conversaciones que llenan el trayecto parecen triviales en la superficie, pero acumulan peso a medida que avanza la noche. Los personajes cuentan historias, se distraen, discuten sobre fútbol, sobre política, sobre la vida que llevan en esa ciudad chica de la meseta anatolia. La oscuridad del campo funciona menos como decorado de suspenso y más como un estado de ánimo que se va instalando: la sensación de que esa búsqueda no va a terminar bien para nadie.
- Elenco chico pero muy bien armado: el fiscal, el médico forense, el jefe policial, el asesino y su cómplice cargan el peso del filme.
- La acción se concentra en una sola noche y un solo periplo, sin saltos de tiempo ni flashbacks explicativos.
- La cámara se queda donde tiene que quedarse: planos largos que privilegian la espera por encima del corte.
- La fotografía nocturna de las estepas se vuelve un personaje más, con sus luces lejanas y sus poblados miserables.
- La película obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes.
Ceylan no usa la situación para construir suspenso convencional. La tensión aparece de otro modo: por acumulación de humanidad rota. El espectador va viendo cómo se va gastando la cortesía profesional entre los miembros de la comitiva, cómo el médico forense empieza a filosofar sobre la muerte con una mezcla de cinismo y tristeza, cómo el sospechoso menor se vuelve cada vez más chico frente a su cómplice. La angustia que construye no es la del thriller clásico sino algo más cercano al agotamiento existencial: personas que conviven a diario con el crimen y la muerte, y que van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí.
El resultado es una película que incomoda a quien espera aceleración y recompensa a quien acepta sus condiciones. Hay una escena cerca del final, cuando por fin encuentran lo que buscan a la madrugada y empieza a clarear, que funciona como un pequeño respiro dentro del agotamiento general. Ahí aparece, casi de paso, una de esas esculturas enormes que hay en la avenida costanera de Mar del Plata: no, mentira, esa es de mi ciudad. En la película aparece un monolito de piedra al costado del camino, y por unos segundos parece el único monumento que importa en toda la estepa.
Está disponible para ver en la plataforma Filmin. Si te gusta el cine que se permite respirar lento y te copa la idea de mirar dos horas y media de campo turco bajo la luna, es para vos. Si lo que buscás es un plot con giros y revelaciones, mejor probá con otra cosa.
“Salí de la sala y un señor grande, con cara de no haber dormido, le dijo a su mujer: 'Esto no termina, esto te queda dando vueltas'.”Escuchado a la salida
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